SEPTIEMBRE

April 20, 2006
“Son significativos los sueños de exámenes. La vida se transforma en un examen que jamás aprobaremos. Qué feliz se siente uno al despertar. Se trata sin duda de un resplandor anticipado de la luz eterna”.
Ernst Jünger.
Estoy en un gran aula, en un examen final que marca si podré o no pasar de curso, y escribo sin parar, pero nunca consigo acabar los folios: cada vez que le doy la vuelta, la mesa, fabricada con gomas Milán, borra todo lo que he escrito. La sirena que marca el fin del examen suena justo cuando acabo de darle la vuelta a la misma hoja por décima vez… y yo me veo obligado a firmar y entregar un folio en blanco.
montefaro 

EL CHIP DELATOR

“Shoplifters of the world, unite and take over”.
Morrissey.

Estoy en una suerte de complejo industrial de plástico; es como La Fnac, pero viejo, destartalado, decadente y en perpetuo estado de rebajas, saldos y oportunidades. Por sus pasillos, vagabundeo como un híbrido de cliente y trabajador de la empresa. Llegamos a una zona en la que sólo pueden entrar los empleados. Como un zombie, camino junto a otros como yo entre desordenadas estanterías medio llenas de productos Tupperware y otras inutilidades que, sí, parecen muy manipuladas pero no usadas.
 
Veo una cosa que no sé ni para lo que vale, pero que me atrae y me hace tener ganas de poseerla, así que la cojo y la hurto con toda la naturalidad del mundo, metiéndola en una vieja bolsa de supermercado. Al salir de la zona de oportunidades para empleados, paso entre las baldas y pita una alarma. El guardia de seguridad me para, mas no se atreve a registrarme: sólo me pide mi carnet de trabajador y, tras comprobar mi pertenencia al clan empresarial, me pide perdón y me deja ir en paz. Sigo vagando por el centro comercial de plástico y, ya a salvo, ascendiendo en unas escaleras mecánicas que me llevan a ninguna parte, miro el objeto robado y, señalando un cuadradito de papel que transparenta un alarmante laberinto microchípico, le hago el siguiente comentario a otro zombie que hay junto a mi: “mira, esto es lo que me ha delatado entre las baldas electromagnéticas de seguridad”.
 
 

PREFACIO

Cuenta la leyenda que Paul Schrader, guionista de “Taxi Driver” y director de “Hardcore”, sólo conseguía conciliar el sueño metiéndose una pistola cargada en la boca, a modo de chupete. Y yo hace años que no puedo pegar ojo sin tener papel y lápiz debajo de la almohada, para anotar mis momentos oníricos más interesantes. En este caso, el objetivo no es el autoanálisis, ni muchísimo menos entregárselos a un comecocos para que los devore y me los vomite encima en forma de psicoterapia. Mi intención es bastante menos ambiciosa: sencillamente, sacar brillo a los palacios de mi memoria (que diría San Agustín) pues, como cualquiera podrá comprobar, las huellas nemotécnicas de un sueño son mucho más leves que las de los llamados “sucesos reales”, resultando un ejercicio harto beneficioso para las neuronas vomitar en un papel dichas experiencias intangibles. Por ello, aquellos que esperen encontrar en este blog pistas del mapa de mi subconsciente, van de cráneo: más que sueños propiamente dichos, aquí podrán leer una selección de viajes hechos en brazos de Morfeo.

O, como diría William Burroughs, no-sueños: “El sueño convencional se refiere, claramente o por asociación obvia, a la vida de vigilia del durmiente, a la gente y a los sitios que él conoce, a sus deseos, ambiciones y obsesiones. Esos sueños irradian un desinterés especial. Son tan aburridos y vulgares como el soñante medio. Hay una clase especial de sueños que no son sueños en absoluto sino exactamente igual de reales que la vida despierta, si es que puede uno especificar grados de realidad, debido a la influencia de personas, lugares, escenas, y hasta olores, desconocidos”.
bill
O, como diría Carlos Berlanga: “Es místico, épico: todo permitido. Es mágico, tétrico: quiero dormir, quiero escapar. Sueño en mis sueños”.
carlos

O, como diría Jünger: “En los sueños todo persiste como siempre: incólume, casi invulnerable”.

ernst