HOSTEL REVISITED

April 21, 2006

La pasada Semana Santa, en tierras galaicas, vi "Hostel", filme neogore de Eli Roth apadrinado por Tarantino. Tras el shock inicial y una semana de rumiar la sordidez extrema de sus mejores escenas (reflejo sardónico de la pesadilla de la realidad y de la ponzoñosa decadencia occidental), la pasada noche tuve mi primer sueño que reproducía el escalofriante ambiente del filme. Ahora lo vuelco aquí a ver si hay manera de exorcizarlo. Y como dice Takashi Miike (director nipón de cine extremo que hace un cameo en el filme de Roth): "Ten cuidado… Puedes gastar todo tu dinero ahí dentro".

Estoy en una terraza con dos amigos. Se acercan tres guiris y se ponen a hablar con nosotros. Ellos están encantados, porque las chicas son atractivas y parecen casquivanas, pero yo no las tengo todas conmigo: por un lado, tengo novia y las chicas no me interesan; por otro, intuyo algo oscuro, demoníaco en sus intenciones. Mis amigos insisten que vayamos con ellas a una fiesta que se hace en su albergue, muy cerca de donde estamos y yo no quiero ir. Pero todos insisten, "vamos, vamos, aunque sólo sea a tomar una copa". Finalmente me arrastran con ellos y, como si fuera un animal que es conducido al matadero, mi miedo crece según nos vamos acercando al albergue juvenil. Cuando veo la fachada, exactamente igual que la de la película, estoy convencino de que nuestro destino está escrito, pero una fuerza irreprimible, la atracción del abismo, me obliga a avanzar, a avanzar por pasillos mugrientos llenos de puertas grumosas hasta que las tres conejas, riendo como locas, abren la última puerta, que confirma mis sospechas: es una habitación exactamente igual que las de la película y, en ella , nos esperan tres sillas cubiertas de sangre de otras víctimas de sus propias lujurias.