Mayo 29, 2006

CIRLOT COMO ALQUIMISTA ONÍRICO

"Herido en lo absoluto / a mi reino de luto caí".
 
Aunque en esta web hemos tenido diferentes figuras (vivas, muertas o resucitadas) que nos han contado sus sueños, sólo unos pocos merecen ingresar en la categoría de Big Name Dreamers. Se trata de espíritus singulares que, como Ernst Jünger, María Zambrano o Juan Eduardo Cirlot (el que hoy nos ocupa) han sabido ir más allá del sueño, llegando a profundidades sobrehumanas y entrando en lo que podríamos llamar el Reino de lo Metaonírico.
Supongo que Cirlot (Barcelona, 1916-1973) no necesita presentación en un blog como este, que es un spin off de la web Línea de Sombra (no hay que olvidar que empecé a vomitar mis sueños en la página zurdesca; además, Fernando Márquez fue quien me descubrió a Cirlot, a través de aquella inquietante portada de "El corazón del bosque" en la que aparecía un Juan Eduardo invertido (con perdón), de alucinante rostro encarnado). No obstante, el que no sepa quién es puede usar su entrada en la Wikipedia (ver columna de Enlaces) como primer acercamiento a este "poeta, crítico de arte, hermeneuta, mitólogo y músico español".
Cirlot soñaba despierto y dormido. Su brillante poesía nos transporta a esa zona crepuscular que late entre el sueño y la vigilia; sus visiones e intuiciones exploraron las secretas conexiones entre el mundo de los sueños y el de los mitos; y su "88 sueños" inspiró directamente Dildodrome: se trata de un librito de tirada limitadísima (el propio Cirlot confesó en más de una ocasión que su obra estaba dirigida a una élite: "Si publico pocos ejemplares es porque creo que en la actualidad, es muy difícil o casi imposible interesar con una poética nueva, sobre todo si ésta versa sobre experiencias espirituales y no sobre problemas de la masa") que es, también, el único intento de poesía apotegmática verificado en la literatura española.
 
cirlot invertido 
 
Entre los 88 sueños cirlotianos, estos son dos de mis favoritos:
 
"Tenía el pecho abierto por una enorme herida y en la carne desgarrada crecían las piedras preciosas. Yo estaba extendido en una mesa de despacho, cubierta por un mantel blanco. En la habitación no había ningún otro mueble y las paredes desconchadas y sucias me producían más tristeza que mi propia herida".
 
"El condenado es conducido al lugar del suplicio con los pies encadenados y arrastrado por un caballo; aunque el animal no avanza muy deprisa, esto le obliga a hacer muchos y rápidos movimientos al andar para no caer al suelo. El aparato que ha de darle muerte es una grúa que se alimenta de carne viva. Su metal tiene una especie de vibración rojiza". 
 

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Mayo 26, 2006

SEA HOSTEL

"El capitán fantasma soy
y en el galeón fantasma voy
incautos pescadores creen que no es verdad
una leyenda nada más"".
Terry IV.
 
Nono y yo nos vamos a un trinque de prensa: un viaje a un hotel de lujo en medio del mar. Nos acompaña una pareja de amigos. Yo estoy contento, porque llegué hace poco de otro viaje y dejé mi maletón en consigna del aeropuerto, así que no tendré que pasar por el tedioso trance de hacer el equipaje. Mas el primer susto llega en el aeropuerto: en Información no saben nada de mi maleta, así que voy a consigna y, como tampoco la encuentran, me veo obligado a entrar. Está llena de gente enfadada que busca en vano sus maletas, hay un caos total de equipajes abiertos y nadie sabe cuál es el suyo. Me parece ver una parecida a la mía, pero no lo es: los bordes son distintos y en su interior (está abierta) sólo quedan unas bragas usadas. Sigo mirando hasta que me desespero y grito: "¡¿dónde está mi maleta?!" Veo de reojo que un periodistilla de mediana edad, de tez oscura y ligeramente parecido a un Conguito o a cierto profesor de matemáticas que tuve en tercero de EGB (en el colegio del Opus; recuerdo que se lavaba las manos con alcohol y pegaba fuertes coscorrones cuando nos equivocábamos en las divisiones: Don Angel Miranda, creo que se llamaba). Como sigue riéndose de mí, le doy un empujón y él me lo devuelve. Un amigo suyo me dice: "no os vais a pegar por una tontería, ¿no?". Yo contesto: "sí" y le propino un puñetazo al clon de Don Angel. Él cae al suelo con las gafas rotas y sangrando por los ojos. Salgo de consigna, un tanto angustiado porque al final me voy de viaje sin maleta, y me reúno con Nono y la otra pareja en el embarcadero  (porque al final es un puerto, sin aero: cosas de los sueños). Allí, un agente de prensa nos embarca en dos veleros que no se llaman "Libertad", sino más bien todo lo contrario: el viaje se va haciendo más tenso por momentos y me voy cagando de miedo según nos aproximamos a nuestro destino. Aún no sé decir porqué, pero esto no me gusta nada. Vamos muy mojados porque el agua se cuela por todas partes en el barco, que está construido especialmente para inundarse sin hundirse; el marinero que lo conduce también pedalea para que vayamos más rápido, porque hace poco viento. Cuando llegamos a destino, yo ya estoy muy "mosca": nos hacen ir nadando hasta la recepción del hotel, que no es más que una casita de plástico flotante dividida en dos partes: una con la recepción (que también es "todoacien" de helados y golosinas") y otra con la entrada a las habitaciones. Nos recibe nuestro anfitrión, que no es otro que Antonio Ozores, que nos da la bienvenida con una sonrisa siniestra: "bienvenidos, queridos tórtolos. Aquí van a disfrutar de unas románticas veladas, en este coqueeeeto hoteliiiito flotante, ya verán que cómodos y relajaaaados están, ya. Los habitáculos son pequeños, muuuy pequeños, cada uno de ustedes tendrá que dormir en una caaaama flotanteeee cubierta por una caaaaapsula de plástico transparente. La señorita los acompañará a visitar laaaaas instalaciones". Y, nadando, aparece la "señorita": una actriz típica del destape 70’s, que, flotando en top-less, nos enseña el claustrofóbico espacio que hay entre los dos módulos del hotel flotante: un siniestro hueco que apenas se alza un metro sobre el agua y está limitado por las dos paredes del hotel y, al fondo, por una reja blanca. Todo es azul y blanco, pero atisbo algún resto de sangre mal limpiado y, alarmado, ayudo a salir flotando a Nono y a mis amigos antes de que se cierre la puerta metálica, que nos dejaría atrapados dentro. Ahora lo entiendo todo, y la Verdad irrumpe como un "flash" a mi cabeza. Le digo a Nono: "estoy convencido que esto es como "Hostel", la película,  pero en el mar. Pero, bueno, ya que estamos aquí, ahora no podemos irnos…". Ella me dice: "No digas eso, no seas aguafiestas, yo creo que está bien…". Pero yo sé que estamos atrapados en una versión snuff, marítima y sexploitation de "Hostel" y nuestro destino es obvio: moriremos descuartizados de la manera más espantosa, luego se follarán nuestros restos y, finalmente, serviremos de pasto para los peces. Antonio Ozores confirma mis terrores cuando dice, clavándome sus ojos saltones: "bueeeeno bueeeeeeno, ¿ustedes vienen a mataaaaaar o a seeeeer asesinados? Jajajajaja, era broma, hombre, no ponga esa caraaaaa…" y suelta una escalofriante risa sardónica, que me retumba en los oídos como una versión castiza y terroríficamente real de la carcajada final de Vincent Price en "Thriller" de Michael Jackson. "Hahahahahahaha", la risa continúa y mi horror aumenta hasta tal extremo que me despierto violentamente sin ver (o, mejor dicho, sin sufrir) el final de la película.
 
 "Mi timón se averió
 navegando sin tripulación
 y voy donde me lleve Poseidón".
 Terry IV.
ozores sardónico  

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Mayo 24, 2006

LA HERRUMBRE NUNCA DUERME

"It’s better to burn out than it is to rust".
Neil Young.
 
Estreno casa en Madrid, pero está completamente oxidada: techos, paredes, patio, ventanas, puertas y todos los objetos en ella contenidos están deteriorados por el cáncer de la herrumbre, corroídos hasta su tuétano inerte… but I like it. A mi me parece muy acogedor y me siento realmente en casa en este lugar que, ante otros ojos, estaría más cerca de una infravivienda que de un hogar como Dios manda. Mi madre anda por la casa y la mira con rostro indiferente. De pronto, llega un inspector de obras, un tipo odioso y cuadriculado, gris hasta la médula siervo de su traje y su corbata. En su caso, el hábito sí hace al monje: es un ser que representa todo lo que odio. El burócrata no habla ni se ríe: se limita a sentarse y esperar. Espera sentado en el sillón de mi salón a que mi madre le diga que puede empezar las obras. Yo pongo en el equipo de música el "Rust never sleeps" de Neil Young a máximo volumen. Mientras suena, voy al baño a afeitarme con una cuchilla que está oxidada y me duele un poco, pero funciona bien y no me hace sangrar. Empieza la canción "Thrasher" y alcanzo un éxtasis auditivo (es curioso: en sueños nunca he conseguido correrme, pero sí alcanzar clímax musicales, cinematográficos, gastronómicos, literarios o tebeísticos). Pero, de pronto, noto que alguien baja el volumen de la música: ha sido el burócrata, tal vez ofendido por la esencia punk de Neil Young en este disco. Yo, indignado porque ese infraser encorbatado se tomara tamaña libertad en mi casa, voy al salón con la cara llena de espuma y vuelvo a subir el volumen. Antes de regresar al baño, le pregunto a mi madre cuándo hablará con el burócrata, para que se vaya de mi casa lo antes posible. Pero ella sonríe y me contesta que no piensa hacerle ni puñetero caso: si es por ella, se quedará en mi sillón para siempre. Así que monto en cólera y quemo con un mechero la punta del pantalón del burócrata; la llama se extiende y él arde como una figura de cera o como una falla valenciana, sin perder su compostura ni su sonrisa autosuficiente.
oxídame
 

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Mayo 23, 2006

IN DREAMS

Hoy tenemos con nosotros a un soñador de primera: el gran Roy Kelton Orbison (1936-1988). Y es que, ¿cómo no iba a soñar bien un señor que gastaba unas gafas de pasta negra del calibre de las suyas? Así como Buddy Holly nunca ha sido santo de mi devoción, el buen Roy se ganó un lugar en mi Hall of Fame particular gracias a su bonhomía, a su frikismo y a letras (y músicas) como la de "In dreams", que David Lynch utilizó en una escena cumbre de "Terciopelo azul" (si bien al buen Orbison no le gustó demasiado el uso que Lynch hizo de su bonita canción, que toma, por aquello de los contrastes, un cariz tan perverso como el del "Blue velvet" de Bobby Vinton en el filme de culto "Scorpio rising" de Kenneth Anger):
 
 A candy-colored clown they call the sandman
Tiptoes to my room every night
Just to sprinkle stardust and to whisper
Go to sleep. everything is all right.

I close my eyes, then I drift away
Into the magic night. I softly say
A silent prayerlike dreamers do.
Then I fall asleep to dream my dreams of you.

In dreams I walk with you. in dreams I talk to you.
In dreams youre mine. all of the time were together
In dreams, in dreams.

But just before the dawn, I awake and find you gone.
I cant help it, I cant help it, if I cry.
I remember that you said goodbye.

Its too bad that all these things, can only happen in my dreams
Only in dreams in beautiful dreams.

soñó con las gafas puestas 

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Mayo 22, 2006

LIENDRES HUMANAS

"Aquella noche olvidé santiguarme antes de apagar la luz".
San Dildo de Sodoma. 
 
Nono y yo vivimos entre los negros "dreadlocks" de un rastafari neogótico; nos alimentamos mordiendo su cuero cabelludo para chupar la sangre de las venas de su cabeza, cuya carencia nos provoca terribles síndromes de abstinencia.
mariliendres 
 

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Mayo 16, 2006

YO SUEÑO

"Faletti, un genio del thriller".
Lo dijo uno de los críticos literarios de "La Repubblica". Y yo, que cada día creo en menos, no me lo tragué. Tuvo que ser el infalible David Cronenberg quien, al expresar su intención de adaptar "Yo mato" a la gran pantalla, me obligó a hurtar (efectiviwonder, yo robo) y devorar el ya célebre best seller de Giorgio Faletti. "Yo mato" es un  psychothriller profundo, fascinante y magistral, protagonizado por el gran Ninguno, uno de los asesinos más inteligentes, poliédricos y atractivos de la historia de la literatura (perdón por la minúscula). Sí, está más cerca de Norman Bates que de Hannibal Lecter. Pero, en cualquier caso, se encuentra en las antípodas del patético Raskolnikov, es más melómano que Patrick Bateman y tiene sueños tan locos y dildodrómicos como el siguiente:
 
 "El hombre tendido en la cama duerme y sueña.
Imágenes indescifrables vienen a agitarlo, aunque las figuras que su mente procura desentrañar no llegan a turbar la perfecta inmovilidad del cuerpo.
Primero había oscuridad. Ahora hay una calle de tierra, al fondo de la cual se entrevé una construcción, bajo la luz suave de la luna llena. Es una cálida noche de verano. Él se acerca paso a paso a la silueta  de una gran casa que se confunde en la penumbra, de la que llega como una llamada el perfume militar de la lavanda. El hombre siente las pequeñas picaduras de la grava en los pies desnudos. Siente el deseo de avanzar pero al mismo tiempo tiene miedo.
El hombre advierte el sonido sofocado de un suspiro jadeante, el mordisco brusco de la angustia, que se calma y evapora apenas se da cuenta de que el aliento es suyo. Ahora está tranquilo, está en el patio de la casa, dividido en dos por el conducto de una chimenea de piedra que se eleva más allá del techo, como un dedo alzado para señalar la luna.
La casa está envuelta en un silencio que suena como una invitación.
De golpe la imagen de la casa se disuelve y él está dentro, subiendo una escalera. Alza la cab eza hacia una luminosidad débil que procede de arriba. Mientra sube –y no querría subir– se pregunta quién será esa persona a la que encontrará en lo alto, y en el mismo momento en que se lo pregunta siente que le causará terror saberlo.
Un escalón. Otro. El crujido de la madera bajo los pies desnudos, que se cuela en una pausa de su respiración, de nuevo jadeante. La mano apoyada en la baranda de madera se tiñe poco a poco de la luminosidad que se derrama desde arriba. 
Cuando está a punto de subir el último tramo, la figura se vuelve, cruza la puerta de la que proviene la luz y lo deja solo en la escalera. 
El hombre sube los últimos escalones. Frente a él, una puerta abierta de la que escapa una luz viva y trémula. Llega con lentitud al umbral, lo cruza, envuelto en ese fulgor que es también rumor, no sólo claridad.
De pie, en medio de la habitación, hay un hombre. El cuerpo, desnudo, es ágil y atlético, pero su rostro es deforme. Como si un pulpo le hubiera envuelto la cabeza y borrado sus facciones. Desde esa confusión monstruosa de excrecencias carnosas, dos ojos claros lo miran suplicantes, rogándole piedad. Esa figura desdichada llora.
"¿Quién eres?" 
Una voz ha hecho esta pregunta. No la reconoce como suya. Y no puede ser la del hombre deforme que se halla ante él, porque no tiene boca. 
"¿Quién eres?", repite la voz, y parece que proviene de todas partes, que sale directamente de la luz deslumbrante que le circunda. 
Ahora el  hombre sabe y no querría saber, ve y no querría ver. 
La figura extiende los brazos hacia él, y es auténtico terror lo que transmite, aunque sus ojos siguen pidiendo la piedad del que tilene enfrente, como quizá en balde han buscado la piedad del mundo. Y de pronto la luz es fuego, altas llamas que, rugiendo, devoran todo lo que encuentran a su paso, un fuego que parece llegar directamente del infierno para purificar la tierra.
Se despierta sin un sobresalto; abre los ojos y reemplaza con las sombras el resplandor de las llamas."         
 
Io uccido... 
 

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Mayo 9, 2006

VIAJE DE PRENSA A LAS MONTAÑAS DE LA LOCURA

"Un onnagata es el hijo nacido de la unión ilegítima entre el sueño y la realidad".
Yukio Mishima. 
 
Me invitan a un viaje de prensa en el que una nave espacial nos adentrará en el cosmos para después descender sobre recónditas e indómitas regiones polares. Primero, subiremos hasta el espacio exterior y, si sobrevivimos al durísimo viaje en el transbordador espacial, nos bajaremos en la cima del mundo.
 
Como en cualquier otro viaje de prensa, distintos periodistas de diferentes medios embarcamos en la nave. La diferencia es que vamos vestidos de astronautas y nos vamos al espacio. El despegue es muy duro, como cabía esperar, y una vez arriba, las miserias de cada tripulante afloran como setas podridas y venenosas.
 
La nave no está fabricada en hi-tech, ni siquiera es un poco retro a lo "2001", sino en plástico hinchable y blanco como la leche; y sus pasillos, por los que me deslizo ahora, son como los de un invernadero gigantesco, sórdido y laberíntico. Avanzo por uno de ellos y veo que hay comida espacial y canapés a disposición de los viajeros. Una vieja pelleja coge canapés a puñados y los mete en su boca purulenta y desdentada y la vieja siniestra y mala y decadente me sigue con la boca llena, sin dejar de meter canapés en su arrugado buche. Yo escapo de ella, volviendo a mi punto de partida por el pasillo y cerrando la puerta tras de mi, y así la encierro en el ala alimenticia de la nave. Miro hacia atrás y veo su cara pegada al plástico de invernadero de la puerta; babas y trozos de canapés caen por las comisuras de sus labios resbalando por el plástico: quiere salir y venir hacia mí y por eso me mira rabiosa y suplicante como un zombie hambriento. Pienso en abrirle para que no me coja manía, pero antes le echo encima un plástico preservativo, que forma parte del tejido orgánico, inflable y transparente de la propia nave.
 
Me desvío por otro pasillo para salir al exterior, enfundado en mi traje espacial. Fuera, juego con otra periodista a un temerario juego: protegidos por los colchones de nuestros trajes, nos dejamos mecer por el viento espacial, que nos estampa una y otra vez contra las compuertas de goma de la nave, como si fueramos olas humanas. "Es casi tan divertido como follar, pero tremendamente peligroso", pienso.
 
Parece que hemos aterrizado en algún sitio, pero sólo han bajado algunos de nuestros representantes políticos: periodistas y saloneros se amontonan alrededor de una pequeña pantalla de televisión, chocando entre sí, rozándose profilácticamente con sus trajes hinchables. Floto hasta ellos y alcanzo a ver en la pantalla lo que están mirando: un desfile circense por las calles de una ciudad europea irreconocible: nuestros representantes van vestidos de soldaditos de plomo.
 
Me vuelvo a ir flotando, intentando volver a mi punto de partida, junto a familiares y compañeros que embarcaron conmigo, pero me doy cuenta de que la nave es inmensa, que no encuentro el camino de vuelta y que estamos aterrizando otra vez. Tocamos tierra y de pronto veo que todo es mentira y que nos habían estado engañando. ¡Dios mío, qué horror, esta nave es lo único que existe, porque se ha comido el universo y lo ha deglutido y vomitado en su interior, y sólo nos queda este universo atroz de plástico hinchable e infinito que se multiplica dentro de sí mismo! Y locos flotamos en él. Esta Verdad se propaga por la nave en forma de revelación telepática y, claro, cunde el pánico. Todo el mundo sale corriendo y, de pronto, entro en un pasillo y el escenario cambia por completo:
 
Ahora estoy en un ala de la nave repleta de vegetación sintética, una representación tosca y sardónica de lo que era el mundo real regurgitada por la propia nave. Veo falsos campos de hierba y espigas con un sol poniente y enfermizo al fondo. Y, atravesándolos, un camino rural, seco y polvoriento, donde un niño y una niña que juegan reciben la terrible Revelación telepática. Por eso cambian, enloquecen y corretean en espiral por el camino. La niña le quita al niño su pistola de juguete y le pega un tiro a bocajarro en la cabeza. La cabeza del niño explota. La niña viene corriendo hacia mi y me apunta con cara de loca. Me pega un tiro en el vientre y despierto sobresaltado al sentir claramenta la náusea y el impacto de la bala limpia, que entra en mi cuerpo follando mi ombligo y reventando mis tripas.   
por favor, mátame 

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Mayo 8, 2006

EL SUEÑO DE LOS PASOS

Hoy, en la sección de durmientes invitados tenemos a Los Pasos, conjunto pop nacido en 1966 que cosechó un puñado de éxitos (sobre todo la inmortal y mil veces versionada "La moto" de Manolo Díaz) y que descubrí gracias a varios singles y un L.P. que me regaló El Zurdo. El grupo era carne de Rastro y de tienda de vinilos de segunda mano, hasta que el sello Rama Lama (www.ramalamamusic.com) reeditó en CD todas sus grabaciones. Aunque, posiblemente, sus dos piezas más logradas sean las bizarras "Nací de pie" y "Voces de otros mundos" (utilizada por Oscar Aibar como guinda musical de su "cult movie" Platillos volantes), reproduzco aquí, por motivos oníricos, el texto íntegro de "El sueño aquel", canción brillante y muy yeyé, cuya letra parece escrita por el Tony Leblanc de "Una vez al año ser hippie no hace daño", pero que, por encima de todo, posee una alta calidad onírica y una pizca de psicodelia. Sólo me pregunto si estará, realmente, basada en un sueño de sus compositores, los propios Pasos. En fin, guan, chu, zri, for…

Fue un sueño aquel de mil colores ahá / Y todo lo vi lleno de flores ahá / Qué bello fue vivirlo, pues descubrí un dulce amor encantador, maravilloso ahá / Nunca más logré poder soñarlo ahá / Siempre sueño gris sin esperanza ahá /Por qué soñé aquel día tan bello sueño de color, quisiera verlo yo de nuevoooo / Me enloqueció me enamoré (Me enloqueció menamoréeee) / Y no logré saber de quién (Y no logré saber de quién) / Si puedo repetirlo intentaré vivirlo y nunca despertar / Lo quiero asíiiiiii / Cuánto ha de pasar para encontrarlo (pronto ya pronto será) / Pues soñar en gris no da esperanza (pronto ya cuándo será) / Será una alegría vivir de nuevo esa ilusión / deseo yo el sueño aquel / El sueño aquel / El sueño aquel / El sueño aquel / El sueño aquel.

sueño aquel de mil colores ahá 

 

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Mayo 5, 2006

INVASIÓN RETRO

"¿Cómo reaccionaria usted ante un ejército de ocupación extraterrestre?"
Kennet Johnson.
 
Tras varios años de exilio, regreso a mi casa familiar, que se encuentra en un Ferrol extraño, de ambiente holandés y avenidas que acaban en el mar. Al llegar a la casa flotante donde vive lo que queda de mi familia, veo que en el piso bajo se ha instalado un vecino algo excéntrico que vive con un bebé durmiente. Esa misma noche, es Fin de Año, pero no me apetece salir de marcha, prefiero bajar a la calle con unos libros y ponerme a leer en un banco; pero mi paz dura poco y pronto me veo rodeado de crápulas que celebran la muerte del año embalsamándose en alcohol. Veo pasar a algunos de mis antiguos compañeros de clase, pero no me apetece saludarlos y contarles mi vida en la gran ciudad. Pero uno de ellos, con el que he conservado cierta amistad noctámbula, me ve y se acerca, apenado porque he venido a Ferrol y no lo he llamado. Así que insiste en que nos vayamos de fiesta y, aunque no me apetece y estoy en pijama, el caos callejero hace que me acerque a mi casa a dejar los libros, acompañado por mi ebrio y trajeado amigo. Al entrar, vuelvo a ver al vecino, que acaba de llegar de cenar con su bebé durmiente a cuestas. Hablamos y me dice que también trabaja en la gran ciudad, como yo, pero duerme siempre aquí. Me asomo a su piso revuelto, diminuto, alargado y viril. Y me pregunto cuál será su historia y por qué vive solo con el bebé… quizá lo ha abandonado su novia. Me acuerdo de la mía (dulce Nono) y siento una profunda melancolía, aunque creo que pronto volveré a verla. Mi hermana, oscura y marginal, vive en el piso de arriba y nunca baja, pero aquí está su gato, que me araña las piernas a través de los vaqueros; lo aparto de un fuerte puntapié. Baja mi hermana por las escaleras y, pese a que lleva mucho tiempo sin verme, me ignora: está como ida, loca o narcotizada. Intuyo que tiene algo con el vecino y me pregunto si el hijo será de ella. Mi amigo ebrio ha desaparecido y el gato vuelve a arañarme las piernas y, de pronto, se intensifica la sensación de que hay algo terrible en esta casa flotante, en mi hermana y en el vecino: poseen un código secreto y unas máquinas infernales que los comunican con seres innombrables. Ambos suben y bajan las escaleras con el gato y el bebé siguiéndolos, susurrando en la penumbra. Asustado por la conspiranoia e indignado por no poder estar tranquilo en mi propio hogar familiar, salgo a la calle: busco a mi madre para pedirle explicaciones. Voy por la carretera de Cobas, ultracomarcal y rodeada de serpenteantes y oscuros caminos llenos de vívoras y silveiras. No encuentro a mi madre por ninguna parte, pero me asalta un terrible presentimiento, casi una certeza: de pronto, sé que mi hermana y su vecino preparan una invasión inminente. Voy corriendo a la casa flotante y ya veo las primeras naves espaciales, gigantescas y espectaculares, pero con un punto retro, casi ochentero, si se me permite la expresión. De las naves, salen flotando decenas de extraterrestres de rostro añil y pixelado, a lo “Tron”, pero con cierto aire hortera, de cartón piedra, que no los hace menos temibles. Deslizándose por los canales ferrolanos, las naves empiezan a disparar unos rayos láser de singular belleza, que se pierden entre los juerguistas sin que éstos se den demasiada cuenta. Ahora sé que matarán a todos, a mi hermana y al vecino incluidos, y yo busco refugio sumergiéndome en el agua. Las naves siguen disparando y los rayos se meten en el agua en la que buceo, convirtiéndose en un festival multicolor de luces que me rozan pero no me hieren. Uno de ello me da de lleno y, de pronto, me veo transportado a una fiesta de lujo. Me meto entre la gente con la intención de disfrutar, aún a sabiendas de que el mundo tiene los días ¿qué digo los días? ¡Las horas contadas! Pero, en fin, ¿no llevo tiempo esperando el fin del mundo? ¿No he pensado hace mucho tiempo ya que esto no tiene más solución que un “borrón y cuenta nueva”? Pues celebrémoslo picando canapés y degustando deliciosos cocktails. Pero, a pesar de la elegancia del evento, de que es una gran party extranjera en lo alto de un edificio, empiezan a cobrar las copas y algunos de los invitados nos indignamos por ello. Yo me niego a pagar las consumiciones, aunque las cobren al 50% y pienso: “bah,no hay mal que por bien no venga: así beberé menos y mañana no tendré resaca. Aunque, bien mirado, no va a haber mañana. Así que, voy a beber. Un siglo es un siglo: tiremos la casa por la ventana”. Me acerco a la barra y me doy cuenta de que sigo en pijama y no llevo ni un céntimo.
marciano malo 
 

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VELVET UNDERMARILYN

Hay cierto tipo de sueños que nunca tengo (o nunca recuerdo), ni siquiera ayudado por ciertas drogas. Son sueños abstractos en los que no hay acontecimientos, ni ambientes, ni situaciones, sólo colores, sensaciones o texturas. Siempre he admirado y envidiado en silencio a aquellos seres que alcanzan este tipo de estados oníricos. Por ejemplo, Marilyn Monroe, que  en cierta ocasión afirmó que “cuando era pequeña solía soñar con terciopelo rojo”. En 1954, el sueño de Marilyn se haría realidad: Tom Kelly la retrató desnuda y estirada sobre una tela de terciopelo rojo. Tal vez por eso, la actriz platino, que todavía no era platino ni actriz, aceptó cobrar sólo 50 dólares.
she wore red velvet 

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