SEA HOSTEL

May 26, 2006
"El capitán fantasma soy
y en el galeón fantasma voy
incautos pescadores creen que no es verdad
una leyenda nada más"".
Terry IV.
 
Nono y yo nos vamos a un trinque de prensa: un viaje a un hotel de lujo en medio del mar. Nos acompaña una pareja de amigos. Yo estoy contento, porque llegué hace poco de otro viaje y dejé mi maletón en consigna del aeropuerto, así que no tendré que pasar por el tedioso trance de hacer el equipaje. Mas el primer susto llega en el aeropuerto: en Información no saben nada de mi maleta, así que voy a consigna y, como tampoco la encuentran, me veo obligado a entrar. Está llena de gente enfadada que busca en vano sus maletas, hay un caos total de equipajes abiertos y nadie sabe cuál es el suyo. Me parece ver una parecida a la mía, pero no lo es: los bordes son distintos y en su interior (está abierta) sólo quedan unas bragas usadas. Sigo mirando hasta que me desespero y grito: "¡¿dónde está mi maleta?!" Veo de reojo que un periodistilla de mediana edad, de tez oscura y ligeramente parecido a un Conguito o a cierto profesor de matemáticas que tuve en tercero de EGB (en el colegio del Opus; recuerdo que se lavaba las manos con alcohol y pegaba fuertes coscorrones cuando nos equivocábamos en las divisiones: Don Angel Miranda, creo que se llamaba). Como sigue riéndose de mí, le doy un empujón y él me lo devuelve. Un amigo suyo me dice: "no os vais a pegar por una tontería, ¿no?". Yo contesto: "sí" y le propino un puñetazo al clon de Don Angel. Él cae al suelo con las gafas rotas y sangrando por los ojos. Salgo de consigna, un tanto angustiado porque al final me voy de viaje sin maleta, y me reúno con Nono y la otra pareja en el embarcadero  (porque al final es un puerto, sin aero: cosas de los sueños). Allí, un agente de prensa nos embarca en dos veleros que no se llaman "Libertad", sino más bien todo lo contrario: el viaje se va haciendo más tenso por momentos y me voy cagando de miedo según nos aproximamos a nuestro destino. Aún no sé decir porqué, pero esto no me gusta nada. Vamos muy mojados porque el agua se cuela por todas partes en el barco, que está construido especialmente para inundarse sin hundirse; el marinero que lo conduce también pedalea para que vayamos más rápido, porque hace poco viento. Cuando llegamos a destino, yo ya estoy muy "mosca": nos hacen ir nadando hasta la recepción del hotel, que no es más que una casita de plástico flotante dividida en dos partes: una con la recepción (que también es "todoacien" de helados y golosinas") y otra con la entrada a las habitaciones. Nos recibe nuestro anfitrión, que no es otro que Antonio Ozores, que nos da la bienvenida con una sonrisa siniestra: "bienvenidos, queridos tórtolos. Aquí van a disfrutar de unas románticas veladas, en este coqueeeeto hoteliiiito flotante, ya verán que cómodos y relajaaaados están, ya. Los habitáculos son pequeños, muuuy pequeños, cada uno de ustedes tendrá que dormir en una caaaama flotanteeee cubierta por una caaaaapsula de plástico transparente. La señorita los acompañará a visitar laaaaas instalaciones". Y, nadando, aparece la "señorita": una actriz típica del destape 70’s, que, flotando en top-less, nos enseña el claustrofóbico espacio que hay entre los dos módulos del hotel flotante: un siniestro hueco que apenas se alza un metro sobre el agua y está limitado por las dos paredes del hotel y, al fondo, por una reja blanca. Todo es azul y blanco, pero atisbo algún resto de sangre mal limpiado y, alarmado, ayudo a salir flotando a Nono y a mis amigos antes de que se cierre la puerta metálica, que nos dejaría atrapados dentro. Ahora lo entiendo todo, y la Verdad irrumpe como un "flash" a mi cabeza. Le digo a Nono: "estoy convencido que esto es como "Hostel", la película,  pero en el mar. Pero, bueno, ya que estamos aquí, ahora no podemos irnos…". Ella me dice: "No digas eso, no seas aguafiestas, yo creo que está bien…". Pero yo sé que estamos atrapados en una versión snuff, marítima y sexploitation de "Hostel" y nuestro destino es obvio: moriremos descuartizados de la manera más espantosa, luego se follarán nuestros restos y, finalmente, serviremos de pasto para los peces. Antonio Ozores confirma mis terrores cuando dice, clavándome sus ojos saltones: "bueeeeno bueeeeeeno, ¿ustedes vienen a mataaaaaar o a seeeeer asesinados? Jajajajaja, era broma, hombre, no ponga esa caraaaaa…" y suelta una escalofriante risa sardónica, que me retumba en los oídos como una versión castiza y terroríficamente real de la carcajada final de Vincent Price en "Thriller" de Michael Jackson. "Hahahahahahaha", la risa continúa y mi horror aumenta hasta tal extremo que me despierto violentamente sin ver (o, mejor dicho, sin sufrir) el final de la película.
 
 "Mi timón se averió
 navegando sin tripulación
 y voy donde me lleve Poseidón".
 Terry IV.
ozores sardónico  

Comments

The URI to TrackBack this entry is: http://dildodrome.blogsome.com/2006/05/26/sea-hostel/trackback/

No comments yet.

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Sorry, the comment form is closed at this time.