EL PRIMER SUEÑO
Queda inaugurada una nueva categoría, llamada Historia del Sueño, con este, el sueño más antiguo del que se conserva un registro escrito.
Me lo envía amablemente el sr. Abel Tiffauges, ilustre miembro del Café Expansionista y creador del imprescindible blog De monstruos y prodigios (Bestiario y tratado de perfección); a ambos espacios (virtuales, sí, pero de hondo calado metafísico) pueden acceder, ya lo saben, pinchando sus nombres aquí o en la barra de Enlaces. Donde más rabia les de.
Y vamos ya con este arcaico sueño, extraído por monsieur Tiffauges del libro "La literatura y los dioses" (Anagrama, 2002) del escritor y editor milanés Roberto Calasso:
Existe un sentimiento muy fuerte, y muy antiguo, que raramente es nombrado ni reconocido: el de la angustia ante la ausencia de ídolos. Si la mirada carece de una imagen en la que posarse, si le falta una mediación entre la imagen mental y lo que simplemente es, un sutil desaliento la invade. Ésta es la tonalidad que domina el primer sueño del que tengamos noticia, contado por una mujer, Addudûri, superintendente del palacio de Mari en Mesopotamia, en una carta grabada en tablillas de arcilla que data de hace más de tres mil años: “En mi sueño había entrado al templo de la diosa Bêlit-ekallim; ¡pero la estatua de Bêlit-ekallim no estaba! Tampoco las estatuas de las otras divinidades, que normalmente están cerca de ella. Frente a tal espectáculo lloré largamente”.

Diosa del vaso manante. Caliza (1′49 m). Mari, siglo XVIII a.C. Alepo, Museo Arqueológico.
(El raro y simbólico encanto de los pies de piedra de esta estatua ejerce una extraña atracción sobre mi; pienso en aquella escena de "L’Âge d’or" (Luis Buñuel, 1930) en la que una dama chupa el dedo del pie de una estatua. En este caso, al tratarse de una diosa, el juego de dominación podría adquirir una intensidad celestial).





