UNA SEMANA EN EL BOMBO DE UNA LAVADORA

June 22, 2006
"Mil estrellas en un calcetín
son los sueños que hay dentro de ti".
Don Francisco y José Luis.
 
Llaman al timbre y abro la puerta. Entran cinco operarios ataviados con monos blancos que traen a mi casa una gigantesca lavadora vieja. Una vez instalada, los hombres me agarran, me despelotan y me meten a la fuerza en el bombo de la lavadora, que está oxidada y llena de picos. La conectan y, cuando todo empieza a dar vueltas, veo a través del plástico transparente de la portezuela esférica cómo uno de los operarios me hace un sardónico saludo de despedida con su mano derecha. Dentro, empieza mi drama porque el rotor gira cada vez más rápido y gira y gira y gira y yo veo que todo da vueltas y me mareo y vomito. Mientras giro como el mecanismo de un reloj mecánico acelerado por una máquina del tiempo, pierdo la noción del espacio, pasando por todas las fases de prelavado, lavado y (lo peor de todo) centrifugado. Mi vida se transforma en una espiral dantesca y yo me quiero morir. De pronto, cuando ya me creo desahuciado, el motor se para, el bombo deja de girar… y se hace el silencio. Está oscuro y estoy muy mojado y magullado y con la carne desgarrada por los picos oxidados de la vieja lavadora. Empiezo a empujar la puerta (que no parece tener intención de abrirse) con fuertes puntapies. Pero no pasa nada. Hasta que ¡flash! se enciende la luz de un tubo fluorescente. Oigo unos pasos fuertes, que hacen temblar el suelo. Aparece una mujer enorme, gigante, hermosota y colorada como una campesina holandesa. Veo sus preciosos y enormes pies: uno está descalzo y en el otro lleva una bota de plataforma de cuero negro. La hembra abre la puerta de la lavadora y me agarra por la cabeza con una de sus bellas manazas y, acto seguido, empieza a chuparme el culo. A mí, que no soy de piedra, me produce cierto placer, que se mezcla con el dolor que me ha causado la lavadora. También me gusta cuando introduce la punta de su dedo meñique en mi ojete, pero ya me gusta menos cuando me mete el dedo gordo entero y… ¡creo reventar cuando la cerda me mete su hermoso pero cruel pie entero por el culo! No duele, pero tampoco es agradable. Después me pisotea por el suelo, caminando con su pie enorme encajado en mis entrañas y después… veo la bota vacía, que se acerca cada vez más y entonces… todo se vuelve negro. En ese instante, ahí a oscuras, con el olor a pies y la dulce tensión de sus dedos aplastando mi cerebro, comprendo la verdad y asumo mi destino: soy un calcetín.
gira il mondo gira