ESCOMBROS DE UNA PESADILLA

June 23, 2006

La decima vittima (Elio Petri, 1965) es una película floja (muy a pesar de Marcello Mastroniani y Ursula Andress) basada en Seventh victim, un genial relato de Robert Sheckley, maestro de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción que en su día me descubrió Galactus (el de Mondo Brutto, no el de los Cuatro Fantásticos). Sheckley escribió relatos tan inolvidables como "Problemas con los nativos", "Ciudadano de la galaxia", "Los monstruos", "Haz una pregunta estúpida" o "Un pasaje para Tranai". Criticado por los paladines de la SF más ortodoxa debido a su sencillez y su (aparente) ligereza, Sheckley estaba en las antípodas de Asimov y otros plastas más ocupados con puntillistas descripciones de maquinitas imposibles que con la profundidad y la legibilidad de sus obras. En un puñado de páginas, Sheckley construía descacharrantes fábulas humorísticas sobre la violencia, el consumismo o el orden social. Lamentablemente, su fama empezó a decaer cuando se vio obligado a escribir novelas: no eran lo suyo y estaban llenas de paja.

Pero estoy divagando, porque no estamos en la categoría Cancionero onírico para hablar de fantasías literarias, sino de una canción de Décima Víctima, un grupo hispano-sueco de los 80 que, tomando su nombre de la película de Petri, facturó algunas de las canciones más oscuras, inspiradas y eternas del efímero pop-after-punk español. Los textos de Carlos Entrena gozaban de una profundidad y un lirismo rarísimo en nuestras tierras, y tuvieron una influencia notable en la obra de El Zurdo, Antonio Luque o Family. Fue precisamente Javier Aramburu, 50% de Family y uno de los mayores fans de Entrena, el que me habló por primera vez de Décima Víctima: corría 1994 y él había hecho el diseño gráfico de un CD recopilatorio titulado "Resumen", que condensaba en 17 canciones (de mayo 1982 a marzo 1984) la brillante trayectoria del cuarteto formado por Carlos Entrena, Lars Mertanen, Per Mertanen y José Brena. Las notas interiores del CD corrieron a cargo de Ibon Errazkin (por aquel entonces, alma de Le Mans y Daily Planet y otra de las cabezas pensantes de la aristocracia pop donostiarra, heredera espiritual de Carmen Santonja). En ese texto, Errazkin acertaba al decir que las canciones de Décima Víctima "trataban temas como la soledad y la separación con una melancolía y una serenidad poco frecuentes". Insólitas, diría yo.

En 1994, decía, Aramburu me invitó a hacerme con el disco de Décima Víctima y a explorar la pista 18, no acreditada en la contraportada del CD: "escúchala, hay una sorpresa muy agradable". Efectivamente: tras el 18 digital se escondía una canción inédita sin título que contenía una pesadilla obsesiva de tono gótico y expresionista; la voz desesperada y a la vez elegantísima estaba austeramente acompañada por un bajo, unos rasgueos de guitarra y una percusión minimal. Esta es la fascinante y onírica letra:

"Eeeen las tinieblas y con lentitud

huyoooooo, pero corro y no consigo avanzar.

Voy esquivando los árboles, quien me persigue es más rápido

dudo

que su cuerpo sea humanooooooo.

Hay… un vacío de sonido total:

gritooooo

y no puedo oir mi propia voz.

Cruzo los bosques más lúgubres, entre cipreses e imágenes,

brillan con la luna sobre el marmoool.

Mis pulsaciones son rápidas, 

sé que no estoy en la realidad: 

debo escaparme de este sueñoooo.

En las tinieblas y con lentitud…

gritoooo y no puedo oir mi propia voz.

Voy esquivando los árboles, cruzo los bosques más lúgubres

debo escaparme de este sueñooooo".

escaparme de este sueñoooo