PAPEL MOJADO
Estoy en la cama tumbado, con la cabeza recostada en una extraña máquina: una especie de generador de corriente lleno de cables y circuitos cubierto por una tapa de plástico duro y transparente. De pronto, el raro ingenio eléctrico empieza a perder agua; el líquido se extiende por el parquet y yo lo siento porque el suelo de mi habitación está lleno de tebeos, fanzines, revistas y libros irreemplazables.
Aunque el agua, en general, es símbolo de vida, de energía, de ens-seminis, en este sueño posee unas caracterísiticas muy especiales, puesto que, por un lado, inunda el piso (y toda inundación representa un accidente, una catástrofe) y, por otro, es agua que brota de una máquina y destruye varias publicaciones valiosas. El agua, la energía (o, mejor dicho, la entropía) surgida de la máquina resulta, en este sueño, devastadora para la vida espiritual, representada por los libros y revistas.
Esto enlaza con las tesis de Friedrich-Georg Jünger, hermano de Ernst y mucho más crítico que éste con el mundo de la técnica. Si para el Ernst de "El Trabajador" la relación del hombre con la técnica era titánica (la dominas o te domina; luego, en "La paz", Ernst recalcaría que la técnica debe estar subordinada a las fuerzas divinas y humanas), para Friedrich-Georg el avance de la técnica tiene connotaciones radicalmente negativas y constituyen un círculo vicioso: "las máquinas, per se, imponen la creación de otras máquinas, hasta alcanzar el automatismo completo dominado por su propia lógica". Para Friedrich-Georg, la técnica erosiona la humanidad y empobrece el espíritu con su racionalización progresiva de la organización vital. O, como aclaraba Alain de Benoist en su ensayo sobre "El trabajador" y los hermanos Jünger: "El espíritu racional hacia la obra producida por la máquina e incluso por la máquina, en sí, suscita apetitos que nada puede satisfacer. En cualquie parte, el mundo de la técnica intensifica la angustia (Angst) y el sentimiento de desarraigo (Unheimlilchkeit). Al tiempo que el hombre es cada vez menos dueño de su universo". El, hoy clásico aunque de construcción un tanto caótica, ensayo "Die Perfektion der Technik" ("Perfección de la técnica") de Friedrich-Georg Jünger, le valió a su autor un chaparrón de palos en su día: fue acusado de "romántico", "pesimista", "reaccionario" y… "poeta". Años después, incluso su propio hermano le daría (en parte) la razón: así se deduce de su concepción pesimista del tiempo mecánico expresada en "El libro del reloj de arena" o de la negra tesis de "La emboscadura": el alejamiento de la técnica de su período titánico para amoldarse al ficticio y abotargado bienestar burgués.
*Otros puntos de vista interesantes sobre la técnica:
"La pregunta por la técnica" de Heidegger que, desde un prisma muy parecido al de Ernst dice que "la esencia de la técnica es en un sentido elevado equívoca, por una parte constituye lo peligroso y por otra lo salvador".
Spengler, por su parte, proclamó la decadencia de la relación humano-máquina en "Hombre y técnicas": "el hombre fáustico creador de la técnica comienza a hartarse de esta, se ha producido la traición de la técnica para con sus creadores".
Ortega, sin ir más lejos, en sus "Meditaciones sobre la técnica", afirma que "la técnica es la producción de lo superfluo: hoy y en la época paleolítica".
Y yo, que escribo estas líneas desde un Macintosh de última generación, me pregunto si algún día seré capaz de dominarlo, dejar de ser su esclavo y, finalmente, sobrehumanizarme a través de él. Y, como Friedrich-Georg, lo dudo…
