BELLA MORTE

July 27, 2006
"Para que nunca despiertes y así ser tu sueño eterno".
Luis Eduardo Aute.
A instancias del Zurdo, he elaborado este necrofílico top 10 de entidades que admiro y que han muerto como Dios manda:

  1. BUDA: “murió anciano, pasados los 80 años, después de haber comido carne de jabalí. Murió tranquilo, sin angustia. Cuando hay que morir, se muere, se vuelve al cosmos. La actividad de nuestro cuerpo se acaba.  (…) Hay que comprender: Aquí y ahora debo morir”. (Taisen Deshimaru).
  2. OTTO WEININGER: a los 23 años se suicidó de un disparo, en la casa donde había vivido Beethoven, a quien él consideraba uno de los mayores genios de todos los tiempos.
  3. EDUARDO BENAVENTE / CECILIA / JAMES DEAN: jóvenes, (más o menos) bellos y aplastados en diferentes accidentes de tráfico, fundiendo carne y metal como tres personajes del “Crash” ballardiano/cronenbergiano.
  4. YUKIO MISHIMA: a los 45 años se hizo el hara-kiri. Coherente, heróico, perfecto.
  5. ERNST JÜNGER: murió de viejo, a los 103 años: “se sentó en su escritorio, se recostó plácidamente sobre sus brazos y expiró sonriendo” (Rafa C.).
  6. NICK DRAKE: murió ¿accidentalmente? de una sobredosis de antidepresivos, en una casa flotante sobre el Sena, soñando para siempre con la luna rosa y el reconocimiento póstumo.
  7. HASSAN-I SABBAH: el llamado "Viejo de la Montaña", inspirador y jefe de la Secta de los Asesinos y genial reformador religioso, dejó su Reino atado y bien atado (nombrando sucesor a Buzurg’umid) y murió tranquilamente a los 90 años de edad, no sin antes pronunciar unas inmortales Últimas Palabras: "Nada es verdad. Todo está permitido". Burroughs tomó buena nota. Bin Laden también.  
  8. EDWARD GOREY: murió a los 75 años, tres días después de haber sufrido un ataque al corazón, justo en el momento en el que un vecino que acababa de hacerle una reparación eléctrica le exigía su tarifa: 20 dólares. Al ver su reacción, pensó que estaba bromeando, allí en el umbral de una puerta, rodeado de gatos, con las manos en el pecho. Sin lugar a dudas, un final digno de uno de sus cuentos.
  9. IAN CURTIS: se ahorcó a los 23 años en la cocina de su casa, tras ver “Stroszek”, deprimentemente genial filme de Werner Herzog (el suicidio final en el teleférico es uno de los más brillantes –y tristes- broches jamás concebidos). Curtis tuvo buen gusto hasta el final. “Stroszek” también es la película favorita de David Lynch, pero él no se ha suicidado después de verla.
  10. BHAI SAHIB: anciano maestro sufí que murió en la cama de su casa, rodeado de hijos y discípulos: “Su cadáver tenía una extraña y misteriosa sonrisa con los labios cerrados. El misterio de la pax aeternum… Era tan maravilloso, tan inesperado, que no pude apartar los ojos de su rostro”. (Irina Tweedie).
caballero y muerte
El caballero, la muerte y el Diablo (1513), grabado de Alberto Durero (Nüremberg, 1471-1528). 
La imagen se inspira en un texto de Erasmo de Rotterdam: "Para que no te dejes apartar del camino de la virtud porque te parezca abrupto y temible, porque tal vez hayas de renunciar a las comodidades del mundo, y porque constantemente has de combatir contra tres enemigos en lucha desigual, que son la carne, el demonio y el mundo, te será propuesta esta tercera norma: todos esos espectros y fantasmas que se abaten sobre ti (…) has de tenerlos en nada".

MORRISSEY ONÍRICO

July 26, 2006
En franco tributo a la excelente actuación que Morrissey ofreció en el Festival de Benicassim (y que yo disfruté -plácidamente y en cómodos plazos entrelazados por delirantes cortes publicitarios- desde el  acondicionado palacete de mi querida Nono, en lugar de mezclarme con las sudorosas masas fibers), dedico este scriptum a la nunca suficientemente bien ponderada figura de Moz (que ya glosé hace poco en la web zurdesca Línea de Sombra), que hace triplete (en tres categorías: Big Name Dreamers, Cancionero Onírico y Los sueños de Dildo) con este cuádruple post.
Empecemos por una canción de uno de los mejores discos de los Smiths, “Strangeways, here we come”. Se trata de “Last night I dreamt that somebody loved me”, que expresa con melancolía de crooner posmoderno (o, si prefieren, premondrigón) y dramatismo extremo (y exclusivo de la etapa célibe de Moz) la incomparable tortura que siente el solitario, un manojo de carencias emocionales, que sueña con un amor inexistente:
 
"Last night I dreamt
that somebody loved me
no hope -but no harm
just another false alarm.
Last night I felt
real arms around me
no hope -no harm
just another false alarm
so, tell me how long
before the last one?
and tell me how long
before the last one?
the story is old -I KNOW
but it goes on…"
 
Pero no tiene sentido mirar tanto atrás: el actual Morrissey, aunque más alegre (en todos los sentidos: no en vano ahora folla -o le follan- y antes no -o eso decía-) sigue siendo un fenómeno a la hora de componer canciones inmortales. Ese Morrissey fondón -esos gin tonics…-, pseudoeurovisivo, más irónico que nunca (incluso se da constantes palos a sí mismo, en discos y conciertos) y un poquito acartonado, es el que puebla mis sueños. En los dos últimos meses, he soñado tres veces tres con él. Ahí van, los tres pajotes oníricos encadenados:
 
Morrissey en el Burger King.
Morrissey concede entrevistas para la prensa en un Burger King. Cuando llega la hora de disparar mis preguntas, pasa de mí y parece no tener ni pizca de ganas de hablar: se porta mal conmigo, no me mira y se muestra esquivo y cabreado, tal vez por la irritación que le debe producir a su vegetariano espíritu permanecer en una institución del fast food carnívoro como el Burger. Yo me cabreo por su actiltud y empiezo a tirar hamburguesas y patatas fritas y coca-colas por todas partes. Algunas le manchan el traje a Moz. 
Morrissey Pincha.
Me voy de viaje de prensa y me viene a recoger a casa una superlimusina chapada en oro. Dentro, mientras me sirven champagne, un Morrissey crepuscular (que tiene algún rasgo del Charlie Mysterio DJ del Cock, como el pelo rizado o una sonrisilla malévola más propia de el Maledetto que de Moz) pincha estándars y bandas sonoras italianas (Nino Rota, Morricone y compañía). Hace mucho calor y nunca llegamos a destino. En una esquina de Gran Vía, veo al director de mi revista, que nos hace señas para que paremos. Mas nosotros seguimos hacia delante.
Morrissey "live" en Sol. 
Otra noche, poco antes del concierto, soñé que Morrissey actuaba en una esquina de la puerta del Sol por la que paso a menudo, cerca de mi casa, donde habitualmente suele haber una ciega vendiendo cupones ("¡paraaa hoooooooooooy!"). Actuaba con un micrófono de cable largo, pero todos, menos yo (que entro en éxtasis), pasaban de largo como si no supieran que, en lugar de la ciega de la ONCE, ahí estaba Morrissey.
mozdog 

PESADILLA SIFILÍTICA HUYSMANIANA

July 24, 2006
Mi amigo Rafa C., el monje zen, me ha regalado "A contrapelo" (Á rebours, 1884) de Joris-Karl Huysmans (París, 1848-1907). Este autor nos interesa por dos motivos fundamentales: 1) Jünger lo menciona repetidas veces, en tono cordial, en sus diarios. 2) Tras una vida de excesos, se convirtió al catolicismo y vivió la recta final de su vida obsesionado por la religión.
"A contrapelo" es de lo poquito que se puede encontrar de Huysmans traducido al castellano. Por supuesto, los que no dominamos la lengua gabacha, nos quedaremos de momento sin leer obras (espiritualmente) superiores como "La Cathédrale", que el crítico y traductor Juan Herrero define como "un análisis maraviloso y fascinante del simbolismo del arte medieval aplicado a la catedral de Chartres y sobre el sentido de la vida social, artística y religiosa en la Edad Media". Pues a traducirlo, so melón
Pero vayamos al grano: entre las decadentistas páginas de "A contrapelo" me he topado con un sueño pesadillesco digno de ser reproducido en este dildódromo. (Al parecer, no fue el único sueño de la bibliografía de Huysmans: en su siguiente novela, titulada En Rade (1886) el protagonista se ve sumido en una serie de fantásticos y angustiosos sueños de alto poder imaginativo, que llamaron la atención del mismísimo André Breton, padre del Surrealismo). La brillante y angustiosa pesadilla es soñada por el protagonista, el duque Des Esseintes, un personaje que al propio Huysman post-catolicismo se le debió antojar de rango inferior, en su vana búsqueda de la salvación a través de experiencias puramente artísticas; en este sentido, Des Esseintes, por muy aristócrata que sea, se podría considerar como uno de los grandes pajeros de la Historia de la Literatura (perdón por las mayúsculas).
Pero vayamos ya, sin más preámbulos, con el sueño. Bon appétit (¿se escribe así?):  
 
    "Salió del vestíbulo y fue a echarse en la cama; enseguida se quedó dormido, pero como se encontraba absorvido por un tema único, su espíritu, como impulsado por un resorte oculto, continuó devanando su cadena, y pronto se vio sumido en las locuras fantasmagóricas y sombrías de una horrible pesadilla.
 
    Caía la tarde, y él se hallaba en medio de un sendero, en pleno bosque; iba caminando junto a una mujer a quien nunca había visto ni conocido. Era una mujer seca y enjuta, de cabellos como de estopa, rostro de bulldog, mejillas pecosas, y unos dientes mal colocados que salían inclinados hacia adelante por debajo de su nariz achatada.
    Llevaba un delantal blanco de criada, un largo pañuelo cruzado a modo de correaje sobre el pecho, unas botas cortas de soldado prusiano y un gorro negro adornado con unas bandas de encaje y provisto de una borla.
     Tenía el aspecto de una bohemia de circo, de una saltimbanqui de feria. Se preguntaba quien podría ser esta mujer a la que consideraba ligada a la intimidad de su existencia desde hacía mucho tiempo, y trataba en vano de recordar su origen, su nombre, su oficio, su razón de ser; pero no lograba recordar nada que pudiera aclarar esta relación inexplicable pero segura.
    Todavía estaba expurgando sus recuerdos, cuando, de pronto, apareció ante ellos una extraña figura que, montada sobre un caballo, cabalgó durante unos instantes y luego volvió la vista hacia ellos girando sobre su montura.
    Entonces la sangre se le heló en las venas, y se quedó clavado en su sitio, preso de terror. Esta figura ambigua y sin sexo determinado, tenía un aspecto verdoso, y la mirada de sus ojos, de un azul claro y frío, era terrible bajo sus párpados amoratados; su boca estaba rodeada de granos; sus brazos secos y esqueléticos, desnudos hasta los codos, temblaban de fiebre, saliendo de una mangas andrajosas; y sus muslos descarnados tiritaban dentro de unas botas de montar demasiado amplias.
    Su horrible mirada se quedaba clavada sobre Des Eisseintes, penetrándole, helándole hasta la médula de los huesos, mientras que la mujer bulldog, aún más aterrorizada, se apretaba desesperadamente contra él aullando de pánico ante la muerte, con la cabeza inclinada hacia arriba sobre su cuello agarrotado.
    Inmediatamente comprendió el silgnificado de la espeluznante aparición. Tenía ante sus ojos la imagen de la Gran Sífilis.
    Aguijoneado por el miedo, fuera de sí, se lanzó por un sendero que cruzaba, y corriendo con todas sus fuerzas se refugió en una casita que apareció a la izquierda, situada entre los citisos; una vez allí, se desplomó sobre una silla, en el pasillo.
    Unos instantes después, cuando ya empezaba a respirar con más tranquilidad, empezó a oír unos sollozos que le hicieron levantar la cabeza; ante él se encontraba ahora la mujer bulldog, que lloraba a lágrima viva, de una forma lastilmera y grotesca, diciendo que había perdido sus dientes durante la huida; y, sacando al mismo tiempo de su delantal de criada unas pipas de barro cocido, se puso a romperlas y a clavarse trozos de tubitos blancos en los huecos de sus encías.
    –¡Pero qué hace! –se decía Des Esseintes–. Esta mujer es absurda. Esos trocitos de tubos nunca podrán quedarse fijos.
    Y, en efecto, unos tras otros, todos se iban cayendo de la mandíbula.
    En ese momento se empezó a oír el galope de un caballo que se acercaba. Un terror espantoso atenazó a Des Esseintes; sus piernas no le respondían; el galope resonaba cada vez más cerca; la desesperación le hizo saltar como si le hubieran sacudido un latigazo; se abalanzó sobre la mujer que estaba pisoteando ahora los trozos de las pipas, y le suplicó que se estuviera quieta, que no los denunciara hasta el fondo del pasillo, tapándole la boca para impedir que gritara. En ese momento descubrió de pronto la puerta de una tasca, con unas persianas pintadas de verde, y sin picaporte, le empujó, tomó impulso para salir corriendo y se quedó parado.
    Delante de él, en medio de un claro bastante extenso, unos enormes "pierrots" vestidos de blanco saltaban como conejos bajo la luz de la luna.
    Lágrimas de desaliento humedecieron sus ojos: nunca, nunca podría sobrepasar el umbral de la puerta.
    –Me aplastarán –pensaba.
    Y, como justificando sus temores, el grupo de enormes "pierrots" empezó a multiplicarse; sus volteretas llenaban ahora todo el horizonte, dando golpes contra el cielo, unas veces con sus cabezas, y otras, con sus pies.
    Entonces el ruido de los cascos del caballo dejó de resonar. Estaba ahí, en el pasillo, detrás de un tragaluz circular. Más muerto que vivo, Des Esseintes se dio media vuelta, se acercó al tragaluz, y vio unas orejas erguidas, unos dientes amarillentos, unos hocicos que exhalaban dos chorros de vapor que hedían a fenol.
    Se desplomó abatido, renunciando a luchar y a escapar. Cerró los ojos para no tener que soportar la horrorosa mirada de la Sífilis que, desde el otro lado de la pared, se clavaba sobre él, y que, a pesar de todo, él seguía percibiendo bajo sus párpados cerrados, sintiéndola deslizarse sobre su espina dorsal húmeda y sudorosa, sobre su cuerpo cuyos pelos se erizaban entre charcos de fríos sudores. Des Esseintes esperaba el golpe de gracia para acabar de una vez. Pasó un minuto que le pareció un siglo y, temblando de miedo, volvió a abrir sus ojos. Todo se había evaporado. Y, sin ninguna transición, como por una especie de cambio de decorado producido por un efecto teatral, apareció ante él un paisaje mineral espantoso que se perdía a lo lejos, un paisaje macilento y sin vida, desértico, lleno de barrancos; un paisaje asolado, bañado por una luz suave y blanquecina que se parecía al resplandor del fósforo disuelto en aceite.
    Algo empezó a moverse en el suelo y se transformó de pronto en la figura de una palidísima mujer desnuda y con las piernas enfundadas en unas medias de seda verdes.
    Des Esseintes se quedó mirándola con interés y curiosidad. Sus cabellos, ensortijados y quebradizos en las puntas, parecían crines rizadas con tenacillas demasiado calientes; de sus orejas pendían extrañas hojas de Nephenthes en forma de urna; en sus fosas nasales entreabiertas brillaban tonos de color de ternero cocido.
    Y ella le llamaba con voz muy baja, fijando sus ojos en él con una mirada embelesada y extasiada.
    El no tuvo tiempo para responder, pues la figura de la mujer se puso a cambiar de aspecto; sus pupilas resplandecían ahora con vivos y encendidos colores, sus labios se teñían del rojo violento de los "Anthuriums"; y los pezones de los pechos brillaban con fuerza como dos lustrosos pimientos rojos.
    Entonces Des Esseintes tuvo una súbita intuición:
    –Es la Flor –se dijo.
    En medio de la pesadilla persisitía en él esa manía de razonarlo todo, y, como ya le había ocurrido durante el día, sus pensamientos se orientaron hacia el poder dominador del Virus.
   Entonces observó la espantosa irritación de los senos y de la boca; descubrió por toda la piel del cuerpo máculas oscuras y cobrizas, y retrocedió, desorientado y confuso. Pero la mirada de la mujer le fascinaba y avanzaba lentamente hacia ella, pero intentando también quedarse fijo para no moverse, dejándose caer y levantándose a pesar de todo para acercarse a ella. Cuando ya casi estaba tocándola, surgieron de todas partes negros "Amorphophallus" que se lanzaron hacia el vientre que se agitaba subiendo y bajando como un mar.
   Los apartó y rechazó, sintiendo un asco inmenso al tocar esos tallos firmes y cálidos que se agitaban entre sus dedos; luego, de repente, las repugnantes plantas desaparecieron y los brazos intentaban estrecharle; una angustia espantosa el oprimió el corazón, pues los ojos, los horribles ojos de la mujer se habían vuelto de un azul claro y frío, y resultaban aterradores. Hizo un esfuerzo sobrehumano para librarse del abrazo, pero ella, con un gesto irresistible, le retuvo, le agarró, y entonces, despavorido, vio florecer entre los muslos de la mujer, el feroz "Nidularium" que permanecía entreabierto, sangrando, en sus hojas afiladas como un sable. Des Esseintes rozaba con su cuerpo la repulsiva herida de la planta; se sintió morir. Y se despertó sobresaltado, sofocado, helado, loco de espanto.
   –¡Ah! Todo no ha sido más que un sueño, gracias a Dios –suspiró.
pequeña gran sífilis
Imagen: Daikon (2002-2005), paint’n'draw de Satoh Kohji.
 
 
 

HUEVOS CATÓDICOS

July 21, 2006
"Ayer te quedaste dormido
en un sueño perdido
del que no, no volverás"
Alberto Bourbon.
 
Estoy en mi casa a la hora de la cena. El ambiente es seco, polvoriento, sofocante y caótico: todo está revuelto y tengo una angustiosa sensación de aislamiento involuntario, como si alguien me hubiera encerrado en el piso tirando las llaves a un pozo sin fondo. El sueño es largo, pero pasa poca cosa: las sensaciones y las situaciones se expanden: no existe el tiempo en este rincón dejado de la mano de Morfeo. Me entra el hambre y cojo una sartén para hacerme la cena: me frío huevos en un brasero que hay en una mesa rectangular de mi salón, llameando en el centro de la misma, entre libros, tebeos y DVD’s recién robados, nuevecitos, aún no degustados. De pronto, la sartén empieza a hervir y a chisporrotear; aceite hirviendo y trozos de huevos saltan como enormes esputos de lava volcánica sobre mis libros y tebeos. Se diría que están vivos, los huevos de los huevos. Intento levantar la sartén para evitar que la catástrofe se consume, pero, aunque no me quemo, me tiembla la mano y caigo al suelo, lanzando la sartén por los aires y haciendo saltar el aceite y los huevos (que parecen multiplicados) por toda la sala, manchando todo de clara lechosa, llema flemosa y viscoso aceite de colza. Una baba amarilla resbala por la pantalla del televisor.
¡olé mis huevos! 

SEÑORITAS PUTAS / SEÑORITAS MODELOS

July 19, 2006
"La moda es trata de blancas".
Fernando Sánchez Dragó.
 
Es uno de esos sueños en los que se superponen dos escenarios de forma natural, alternándose y fundiéndose sin sorprenderme lo más mínimo. Tan pronto estoy en un desfile de la Pasarela Cibeles, donde señoritas modelos, medio desnudas o medio vestidas, recorren la interminable catwalk mostrando sus mondrigonescos trapos y sus huesudas anatomías, como estoy en una casa putas de Fuencarral. Ahí, en el lupanar, el escenario es distinto, ha cambiado, pero no me choca porque, de alguna manera, en esencia sigo estando en el desfile de moda. Las cerdas van entrando de una en una, desfilando para que yo y otros amigos las veamos y las seleccionemos entre sus compañeras. ¡Flash! Vuelvo a estar en el desfile y las modelos vienen y las modelos van, pronunciando sus propios nombres y dándome dos besos al llegar al final de la pasarela. Cuando termina el desfile, todo es borroso y confuso: ya no sé si estoy en Cibeles o en el putiferio o en los dos sitios a la vez o en mi casa. Pero, en cualquier caso, le digo a la madame/presentadora que no quiero fornicar con las señoritas putas/señoritas modelos, porque no me gusta ninguna, ni siquiera Kate Moss (que desfilaba). Por tres motivos:
 
1) Son todas saquitos de piel y huesos.
2) Tienen los pies llenos de callos y llagas provocadas por los inhumanos zapatos de tacón.
3) Llevan estilismos muy maricas, muy horteras… y eso también me baja el morbo.
 
Así que paso de pagar, porque sospecho que ninguna de esas señoritas modelos/putas conseguirá ponérmela dura. Por eso, mientras mis amigos entran a pasar un rato divertido, yo me bajo a la rúe para irme a casa pero, en lugar de la calle de Fuencarral, me encuentro en un descampao ubicado donde Cristo dio las tres voces. Está todo desierto, oscuro y no veo ningún coche para hacer dedo (con perdón). Por eso, siento una gran angustia: no sé cómo voy a salir de aquí, porque incluso el puticlub del que he salido ha desaparecido a mis espaldas.
¡hola, señorita puta! 

COMOQUIERA QUE HE SOÑADO…

July 14, 2006

En el mundo moderno, saturado de hipérbole y sobreinformación, se tiende a abusar de las palabras, llegando a quemarlas por su uso caprichoso e indiscriminado. Es el caso de "genio" o "genial", un adjetivo que se ha degradado debido a la saturación de la que ha sido objeto por parte de críticos con ganas de dar gato por liebre. Por eso, a veces es bueno tirar de Diccionario de la Real Academia Española (por mucho que, en el fondo, nos la sude) para tratar en vano de poner las cosas en su sitio. Veamos:

genio. (Del lat. genius). m. (…) 4. Capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas o admirables.

Hay más acepciones, pero esta es la única que nos interesa. La cosa está clara, ¿no? Pues así, para que quede constancia de que no escribo sin ton ni son, de que la siguiente frase es fruto de una escucha pausada y una reflexión de años, afirmo tajantemente que Antonio Luque (Sr. Chinarro) es el mayor genio que ha parido el pop español (y parte del extranjero) en el último siglo, aproximadamente.

Dicho esto, poco queda por añadir: que es un grupo que me descubrió mi ex novia Beatriz Cicatriz (grabándome una inolvidable TDK con el disco "El porqué de mis peinados"), que toda su discografía es imprescindible y que tampoco está de más verlo en directo: Chinarro se tira un pedo y es una obra maestra. O sea (repito) es un genio.

(Una anécdota entre un millón: su último concierto fue en un sótano en el que las leyes del chou bisnis se invirtieron: el público estaba compuesto por ratas de after, electroflequillos y otras subespecies de modernillos pintones y extravagantes y Chinarro saltó a la palestra como si fuera al bar de la esquina: camisa negra, pantalón vaquero y zapatos. "¡Qué raros sois!", exclamó Chinarro entre canción y canción. Y, tras ver la indieferencia del respetable, añadió: "Aunque vosotros estaréis pensando lo mismo de mí". Acertó.)

Démosle, pues, una calurosa bienvenida a nuestra sección "Cancionero onírico" al Sr. Chinarro, con una maravillosa canción, la primera del disco "El ventrílocuo de sí mismo" (2003), que marcó el fin de su etapa más oscura, polvorienta y experimental y anunció jubilosamente el inicio de su época más feliz, más optimista, más cristalina, más comercial (si quieren) pero igualmente genial (por tercera vez) y rrraaaaraaa, rrraaaaarraaa, rrrraaaarrra… La voz de Luque, más alegre que nunca (ya tenía quien le planchara) cantaba con emoción y (como siempre) un inmenso sentido del humor, unas letras que todavía no eran tan transparentes como las del último CD ("El fuego amigo", 2005) pero que ya podían ser leídas sin miedo por los amantes de las cosas claras (y el chocolate espeso). Bueno, escuchemos ya, sin más, la canción, titulada "Goma 2" que, como toda la obra chinarra, encaja perfectamente con la estética onírica de este Dildódromo:

 
Comoquiera que he soñado que tuviste asimismo un hermano sublunar yo te he compuesto este final de una canción perdida. Yo me arreglo y  tú te arreglas, nos cruzamos en un mapa donde me pongo y tú te pones como perdida a-ha y tú te pones como perdida. No recogeré más vasos y en el baile de San Vito marcarás los pasos con un corazón de goma, de goma 2 para que no nos falten bailes a ninguno de los dos, a ninguno de los dos. Entre las casas sepultadas por las tapias diviso el mar desde el vespino averiado, diviso el mar desde el vespino averiado, no sé si en Roche o en Rochelambert. Comoquiera que he soñado que de tierra los ejércitos desfilan y te detienen por no llevar las pilas para bautismos automáticos… 

genio y figura 

¡MALDITOS ZUMBADORES!

July 13, 2006

Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz. ¿Les suena? No, con esta onomatopeya no pretendo reproducir el sonido del ronquido, como ya hicieron Escobar y otros maestros de la Escuela Bruguera (que también usaban un dibujito de una sierra castigando un tronco), sino el horrísono zumbido de uno de los insectos más odiosos del mundo. Sí, para inaugurar la nueva categoría "Enemigos de Morfeo", dedicada a todos aquellos que perturban o imposibilitan el/los sueño/s, voy a hablar de los mosquitos.

Al parecer, este año hay una plaga de mosquitos en la Comunidad de Madrid y ello hace que, noche tras noche, anónimos pero esforzados guerreros como el que teclea estas líneas tengan que lanzarse, zapatilla en mano, a épicas y domésticas cazas sutiles. Las picaduras de los mosquitos, por lo general, aquí y ahora sólo te provocan un granito picante (si no tienes la mala pata de ser alérgico) pero en otros países contagian la malaria, entre otras enfermedades mortales. Durante un tiempo incluso corrió como la pólvora el rumor de que si un mosquito le picaba a un sidoso y, acto seguido, te picaba a ti, quedabas contagiado de SIDA. Pero, al final, resultó ser mentira: al parecer, si un mosquito pica a un yonqui, a una puta o a una rata de cuarto oscuro (por poner tres ejemplos al azar) que padezcan el letal virus, el VIH que entra en el torrente sanguíneo del mosquito no puede reproducirse y, por consiguiente, el mosquito no puede contagiarlo al vampirizar a otra persona. Pero lo que es cierto es que, sea más o menos perjudicial, tener un mosquito en la habitación es una pesadilla. Es enloquecedor estar a punto de dormirse y escuchar su insoportable zumbido y luego pasarse el resto de la noche rascándose las picaduras, que recuerdan a la varicela, esa enfermedad que todos los niños hemos tenido alguna vez.

No puedo hablar de mosquitos sin hablar del inconmensurable Windsor McCay, un verdadero genio que con su "Little Nemo" no sólo revolucionó la historia del cómic, sino que creó un artefacto onírico insuperable. Otro día nos detendremos más en la obra de este titán; hoy sólo recordaremos su alucinante corto de animación "How a mosquito operates" (1912) que nos muestra a un caricaturesco e hiperbólico mosquito que acecha a un incauto durmiente y luego se posa sobre su cara, le pica y le empieza a succionar sangre; el estómago del mosquito se hincha más y más hasta que, literalmente, explota.

el mosquito de mccay 

Algo parecido a lo que le ocurre al mosquito de McCay les pasa en la vida real a los que pululan por mi casa. Se pasan la noche vampirizándonos a mi señora y a mí, pero muchas veces, su propia gula acaba con ellos: abotargados por la sangre mamada, se posan jartos en la pared y yo los aplasto con mi zapatilla. Después, observo la suela y, extasiado, contemplo mi caza: el insecto aparece aplastado o chafado, moviendo a veces alguna patita nerviosamente, rodeado de un imperfecto y vicioso círculo de sangre. Sangre mía o de mi dulce Nono: a ella le pican más, sí, pero no porque tenga la sangre más dulce (como terciaría mi abuela) sino porque los compuestos químicos que desprenden algunos cuerpos resultan especialmente atractivos para los mosquitos. Es obvio que el calor y la humedad de Nonín son bastante más apetecibles que los míos: los mosquitos son, en este sentido, unos sibaritas. O unas sibaritas, debería decir, pues son las hembras las que atacan: necesitan proteínas para compensar la formación de huevos y por eso chupan sangre, a diferencia de los machos, que se alimentan de néctar y zumo de frutas. En esta especie (también) la hembra representa la fuerza de la especie, la naturaleza, la crueldad…

El movimiento de la persona, al parecer, también influye en el mosquito a la hora de elegir a su víctima. No lo digo yo, lo dice la entomóloga Renee Anderson, de la Universidad de Nueva York: "Los mosquitos detectan los movimientos de la persona a una distancia considerable. Recogen el dióxido de carbono y siguen su rastro volando en zigzag hasta que encuentran su fuente y atacan".  

Para eliminar a un mosquito y dormir y soñar en paz, el hombre es capaz de lo que sea. Yo he probado velas insecticidas, lámparas de luz violeta o esos enchufes de Fogo que ya mi madre ponía en las habitaciones de nuestra casa de campo galaica… Pero todas estas cosas sólo valen para atontar al mosquito (y un poco a los humanos), que pasa a zumbar más fuerte y ataca a saco a los humanos.

Por lo visto, el único remedio eficaz contra estos bicharracos es untarse un buen repelente. El mejor, según la American Mosquito Control Association, es el  DEET (N-dietil-3-metilbezamida), una sustancia que aterra a los mosquitos. Este tipo de remedios, en cualquier caso, eliminan el placer de la caza sutil, que algunos han elevado casi a la categoría de arte popular, como la sofisticada trampa para mosquitos fabricada con materiales caseros por niños taiwaneses. Pincha aquí para verla y, tal vez, copiarla. Yo, mientras tanto, vuelvo a mi tarea de cada noche: apagar las luces y poner la antena, en busca de zumbidos furtivos: las huellas sónicas que marcan el comienzo de una buena caza. Tal vez algún día, tras algún tipo de holocausto nuclear, consiga mutar y desarrollar una lengua de camaleón con la que atrapar y degustar a estos pequeños vampiros. Entonces, ya no necesitaré zapatillas…

hematófago en pleno atracón 

 

 

MICKY MISTERIO por Fernando Márquez

July 6, 2006

Fernando Márquez El Zurdo ataca de nuevo, con otro delirante trip onírico en el que dos de sus personajes favoritos de la Historia del pop-rock patrio (el enigmático aristócrata Charlie Mysterio y el efervescente Micky, hombre de poligoma) se funden como un par de quesos de tetilla pasados por la máquina de La Mosca. A destacar también el delicioso cameo de uno de los sex symbols que marcaron mi adolescencia: la Marisol pre-Pepa Flores, en plena mutación de niña a mujercita. Pasen y lean… 

si no fuera por su acento... 

Era, en cuanto a ambiente, una mezcla de películas juveniles españolas de los 60 (MARGARITA SE LLAMA MI AMOR, LOS CHICOS DEL PREU, MEGATON YEYE…). Estudiábamos en El Escorial (donde los cursillos de verano, aunque en el sueño había curas como cuando estuve en los Maristas) y allí, entre clase y clase, un servidor y Charlie Mysterio (con el físico de Micky: un Micky con pelo, de cuando MICKY Y LOS TONYS, pero con la manera de hablar -entre atropellada e introspectiva, muy pochola- y el lenguaje corporal de Charlie) preparábamos repertorio para la actuación de fin de curso. La hibridación entre Micky y Charlie era perfecta (supongo que influyó en ello el que en la vida real ambos reúnan varias condiciones comunes: madre alemana, hijos de buena familia bastante cosmopolitas, plurilingües, con una amplia cultura pop, tendentes al histrionismo en sus actuaciones en directo, con pasado mod, y que han tenido relación personal conmigo -Charlie, desde hace tres años es mi más dilecto colaborador en el plano musical, y con Micky coincidí varias veces en los 80, bien por ser su señora manager de LA MODE, bien años después por ser yo el letrista de su álbum OCTUBRE-). Estábamos preparando una canción dedicada a una aldeana de un pueblo cercano que vivía en un corralón (el corralón existe: se encuentra en Rascafría y lo visité con mi osita y su amigo Paco hará como año y medio -hay testimonio fotográfico por si alguien quiere pruebas fehacientes-). La aldeana era un personaje desgreñado, arisco y antisocial, clavadita de físico a Marisol (pero no a la niña de UN RAYO DE LUZ sino a la teenager que hizo SOLOS LOS DOS con Palomo Linares -vamos, unos 16 o 17 años-). El look de aldeana era exactamente el mismo que sacó Mary Francis en cierto photoshoot para la revista FOTOGRAMAS allá por el 76 (aunque lo del desgreñe lo asocio más a MARIANELA, la cinta que marcó la mayoría de edad de su rival Rocío Dúrcal). La aldeana, siempre armada con una guadaña para recibir a los extraños, al ver a Micky/Charlie y hacer éste determinados gestos con sus manos (fingertips, como una escena del rat pack de Sinatra en Las Vegas acompañando el swing de Dino o de Sammy Davis), quedaba domada y levantando la mirada al infinito, ronroneaba con expresión ensoñadora el "SUNDAY MORNING" de la Velvet.
Al volver a las clases, los alumnos me hacían una broma. Me sacaban del aula hasta unas escalinatas parecidas a las del Círculo de BBAA y se identificaban como policías. Yo no entendía por qué pero, por su aspecto, me parecía muy creíble (ha de recordarse que en esas pelis de universitarios sanos y felices que sólo piensan en ligar, correr en coche, vestirse de tunos y hacer la mili voluntarios, todos parecían, por su corte de pelo y por su atuendo, policías de paisano o miembros de Fuerza Joven). Me zarandeaban y me preguntaban algo que no he conseguido recordar ya despierto. Luego, al llegar Micky/Charlie a ver qué pasaba, cambiaban de actitud, se echaban a reír y decían que todo era una inocentada. Acabábamos todos en Casa Mingo tomando unas sidras y unas raciones de Cabrales. Me fijé entonces que la camarera que nos servía, vestida en plan rústico, no era otra que la marisolesca aldeana de marras. Eso me produjo una intensa sensación de desconcierto, aún más al oír a Micky/Charlie decirme al oído "ATENTOS, QUE ENTRA EL PROFESOR URIBARRI", y me despertó el despertador, dejándome con un agudo deseo de continuar el sueño y no adentrarme en una vigilia que se me antojaba inquietante (de hecho, en dos horas tenía que estar en Coslada para una reunión informativa de afectados de AFINSA -algo bastante anticlimático para una mañana de domingo-).  

preteen softcore 

BABOSAS

July 5, 2006
"…espantando con un siseo a las serpientes que se deslizaban entre los divanes húmedos y mohosos".
J.G. Ballard.
 
Estoy en la habitación de un hotel de lujo en Montpellier. Todo es nuevo, impecable y caro pero, de pronto, veo una babosa del tamaño de una rata adulta que sale de debajo de la cama. Con una mezcla de asco y miedo, la pisoteo hasta laminarla pero, aún aplastada, sigue reptando, dejando un rastro de saliva sanguinolenta. Enciendo todas las luces de la habitación a ver si hay más bichos y descubro que, ocultas entre las sombras, había babosas por todas partes: en el techo, en las esquinas, por las paredes… Voy al baño a vomitar y veo que salen a decenas de la taza del váter. Echo la pota y tiro con horror de la cadena, pero el inodoro se atasca y su agua sale a borbotones, convirtiendo la habitación en una pecera llena de babosas que se me pegan a la carne como sanguijuelas torpes. Voy hacia la puerta para escapar y, al abrirla, veo que está toda ocupada por el morro de un babosón negro y enorme. Me siento fascinado, casi hipnotizado, por el verdeazulado brillo de su piel.

 
Cuando me desperté de esta viscosa pesadilla creí que se trataba de un simple reflejo onírico de mi actividad profesional: yo me encontraba en la suite de un hotel de lujo de Montpellier en el que pernocté en cierto viaje de prensa y las babosas representaban a los rastreros seres que me rodeaban (la babosa humana vestida con trapos de marca es una especie muy común en mi trabajo). Pensé entonces que las babosas tenían un significado negativo en mi sueño y recordé la pinícula "Slugs, muerte viscosa", una serie B rodada a caballo entre España y Estados Unidos y escupida por el director valenciano Juan Piquer Simón que hizo que se me atragantara el pan con chocolate allá por 1987. "¡Penetran… Se deslizan… Matan!" decía el sensacionalista trailer del filme. Y lo cierto es que, pese a su tosca factura y sus artesanales FX, su sinopsis argumental ya quitaba las ganas de merendar: "Una babosa hembra puede poner un millón y medio de huevos al año; el problema vendría cuando esta nueva especie tenga el apetito de carne humana y siempre el pánico en una pequeña población norteamericana".

babosas valencianas 

Sin embargo, analizando mis reacciones ante los símbolos oníricos, me dí cuenta de que, fuera o no peligrosa, la babosa del final, la gigante, era brillante y poderosa y no me daba asco ni miedo, como las demás, sino que, de alguna manera, me maravillaba. Así que eché un vistazo al "Diccionaro de Símbolos" de Juan Eduardo Cirlot y allí me fue revelada la verdadera esencia de mi sueño: "El signo de la babosa, que también se ha interpretado a veces como pequeña serpiente, simboliza el germen masculino, el origen de la vida, el movimiento silencioso de la oscuridad hacia la luz; este concepto se halla bien expresado en el capítulo XVII del Libro de los Muertos".
babosas follando 
En esta hermosa imagen, dos Babosas-Leopardo (Limax maximux) intercambian fluidos en la ardiente oscuridad de unos jardines.
Para ver el coito completo clicka aquí sin miedo: su forma de aparearse es bastante más estética que la humana. 

EL DONANTE por David Farrán de Mora

July 4, 2006
El gran David Farrán de Mora (Madrid, 1973), popólogo, artista plástico, tertuliano catódico, periodista, escritor y DJ, entre otras cosas, me cita en una oscura caverna de Montera. Allí, en una sórdida y maloliente mazmorra llena de cadenas, fluidos infrahumanos, bañeras de pis y potros de tortura, me hace entrega, en sepulcral silencio, de un paquete de látex. De vuelta en casa, desenvuelvo el paquete y me encuentro con este excepcional sueño, increíble delirio homófilo-homófobo escrito con sangre y semen sobre la macilenta piel de un feto recién abortado. El sueño venía acompañado por un brillante collage. Ambos me hicieron pensar en cierta frase de Bosnak: "Cada sueño es un acto de genialidad, una creación del Espíritu". Para  muestra, la siguiente joya del puño y letra de David Farrán de Mora:
 
EL DONANTE
En un futuro próximo hay un gobierno de supremacía homosexual que ha logrado que el hombre sea capaz de parir. La familia homosexual es el pilar de la sociedad y todos quieren hijos… Para ello hay una serie de hombres (los donantes) elegidos para donar su semen. Han de ser gays, con inteligencia por encima de la media, talento, éxito… que una vez seleccionados para donar semen, han de hacerlo bajo la amenaza tácita del lobby en el poder. Me han seleccionado y no me queda más remedio que ir a donar. Horrorizado, me encuentro en un hospital que parece muy moderno, pero me han metido en un cuartucho infecto donde esperan los posibles padres que han querido tener un hijo mío. En ese cuarto, hay una especie de cortinas negras que forman unos habitáculos parecidos a las cabinas electorales. Me indican que me meta ahí y deposite mi simiente en un frasco. La cortina esta llena de lamparones blanquecinos y han puesto unas revistas porno mugrientas que no me calientan para nada. Me dan diez minutos. Observo por un roto de la cortina a las parejas que me han solicitado como padre. Son todo gente anciana con aspecto insano, integristas gays de orden entrados en años, adinerados y ansiosos de procrear sin catar mujer, deseosos de reproducirse a partir de otro hombre: sus caras me dan pavor y reconozco algunas personas vagamente. Uno parece ser Nacho Canut, el compositor, acompañado de un oso muy gris, otro recuerda a Gurruchaga, otro es clavado al hijo de Andrés Pajares, también hay matrimonios de travestís, otra pareja que me recuerda a Nacho Duato y Miguel Bosé, otra que parecen Paco Clavel y Luis del Campo, varias ratas de after de la noche… Un grupo de infraseres que esperan para fecundarse conmigo. No entiendo nada y me pregunto por qué a mí…
La idea de tener un hijo con esos freaks me parece una atrocidad, pero no me queda más remedio que llenar el frasco. Si no lo hago me quitan mi casa, mi dinero, matan a mi perra… La gruesa voz de bollera de una enfermera me grita que me de prisa… De repente me veo eyaculando y suelto un gargajo de semen en forma de buda, que sale disparado hacia la cortina. Es un buda perfecto que cobra vida y empieza a hablarme: me dice que no tenga miedo, que soy estéril y esa gente no podrá tener a mi hijo. Me quedo muy tranquilo, recojo los restos del buda de la cortina, los meto en el frasco y con el resto del cortinaje me hago un burka y salgo. No quiero que me vea ninguno de los monstruosos padres. Gracias a Dios no puedo tener hijos.
popólogo estéril
Soy estéril (autoretrato onírico). Collage digital de David Farrán de Mora. Madrid, 2006.