EL DONANTE por David Farrán de Mora
El gran David Farrán de Mora (Madrid, 1973), popólogo, artista plástico, tertuliano catódico, periodista, escritor y DJ, entre otras cosas, me cita en una oscura caverna de Montera. Allí, en una sórdida y maloliente mazmorra llena de cadenas, fluidos infrahumanos, bañeras de pis y potros de tortura, me hace entrega, en sepulcral silencio, de un paquete de látex. De vuelta en casa, desenvuelvo el paquete y me encuentro con este excepcional sueño, increíble delirio homófilo-homófobo escrito con sangre y semen sobre la macilenta piel de un feto recién abortado. El sueño venía acompañado por un brillante collage. Ambos me hicieron pensar en cierta frase de Bosnak: "Cada sueño es un acto de genialidad, una creación del Espíritu". Para muestra, la siguiente joya del puño y letra de David Farrán de Mora:
EL DONANTE
En un futuro próximo hay un gobierno de supremacía homosexual que ha logrado que el hombre sea capaz de parir. La familia homosexual es el pilar de la sociedad y todos quieren hijos… Para ello hay una serie de hombres (los donantes) elegidos para donar su semen. Han de ser gays, con inteligencia por encima de la media, talento, éxito… que una vez seleccionados para donar semen, han de hacerlo bajo la amenaza tácita del lobby en el poder. Me han seleccionado y no me queda más remedio que ir a donar. Horrorizado, me encuentro en un hospital que parece muy moderno, pero me han metido en un cuartucho infecto donde esperan los posibles padres que han querido tener un hijo mío. En ese cuarto, hay una especie de cortinas negras que forman unos habitáculos parecidos a las cabinas electorales. Me indican que me meta ahí y deposite mi simiente en un frasco. La cortina esta llena de lamparones blanquecinos y han puesto unas revistas porno mugrientas que no me calientan para nada. Me dan diez minutos. Observo por un roto de la cortina a las parejas que me han solicitado como padre. Son todo gente anciana con aspecto insano, integristas gays de orden entrados en años, adinerados y ansiosos de procrear sin catar mujer, deseosos de reproducirse a partir de otro hombre: sus caras me dan pavor y reconozco algunas personas vagamente. Uno parece ser Nacho Canut, el compositor, acompañado de un oso muy gris, otro recuerda a Gurruchaga, otro es clavado al hijo de Andrés Pajares, también hay matrimonios de travestís, otra pareja que me recuerda a Nacho Duato y Miguel Bosé, otra que parecen Paco Clavel y Luis del Campo, varias ratas de after de la noche… Un grupo de infraseres que esperan para fecundarse conmigo. No entiendo nada y me pregunto por qué a mí…
La idea de tener un hijo con esos freaks me parece una atrocidad, pero no me queda más remedio que llenar el frasco. Si no lo hago me quitan mi casa, mi dinero, matan a mi perra… La gruesa voz de bollera de una enfermera me grita que me de prisa… De repente me veo eyaculando y suelto un gargajo de semen en forma de buda, que sale disparado hacia la cortina. Es un buda perfecto que cobra vida y empieza a hablarme: me dice que no tenga miedo, que soy estéril y esa gente no podrá tener a mi hijo. Me quedo muy tranquilo, recojo los restos del buda de la cortina, los meto en el frasco y con el resto del cortinaje me hago un burka y salgo. No quiero que me vea ninguno de los monstruosos padres. Gracias a Dios no puedo tener hijos.
En un futuro próximo hay un gobierno de supremacía homosexual que ha logrado que el hombre sea capaz de parir. La familia homosexual es el pilar de la sociedad y todos quieren hijos… Para ello hay una serie de hombres (los donantes) elegidos para donar su semen. Han de ser gays, con inteligencia por encima de la media, talento, éxito… que una vez seleccionados para donar semen, han de hacerlo bajo la amenaza tácita del lobby en el poder. Me han seleccionado y no me queda más remedio que ir a donar. Horrorizado, me encuentro en un hospital que parece muy moderno, pero me han metido en un cuartucho infecto donde esperan los posibles padres que han querido tener un hijo mío. En ese cuarto, hay una especie de cortinas negras que forman unos habitáculos parecidos a las cabinas electorales. Me indican que me meta ahí y deposite mi simiente en un frasco. La cortina esta llena de lamparones blanquecinos y han puesto unas revistas porno mugrientas que no me calientan para nada. Me dan diez minutos. Observo por un roto de la cortina a las parejas que me han solicitado como padre. Son todo gente anciana con aspecto insano, integristas gays de orden entrados en años, adinerados y ansiosos de procrear sin catar mujer, deseosos de reproducirse a partir de otro hombre: sus caras me dan pavor y reconozco algunas personas vagamente. Uno parece ser Nacho Canut, el compositor, acompañado de un oso muy gris, otro recuerda a Gurruchaga, otro es clavado al hijo de Andrés Pajares, también hay matrimonios de travestís, otra pareja que me recuerda a Nacho Duato y Miguel Bosé, otra que parecen Paco Clavel y Luis del Campo, varias ratas de after de la noche… Un grupo de infraseres que esperan para fecundarse conmigo. No entiendo nada y me pregunto por qué a mí…
La idea de tener un hijo con esos freaks me parece una atrocidad, pero no me queda más remedio que llenar el frasco. Si no lo hago me quitan mi casa, mi dinero, matan a mi perra… La gruesa voz de bollera de una enfermera me grita que me de prisa… De repente me veo eyaculando y suelto un gargajo de semen en forma de buda, que sale disparado hacia la cortina. Es un buda perfecto que cobra vida y empieza a hablarme: me dice que no tenga miedo, que soy estéril y esa gente no podrá tener a mi hijo. Me quedo muy tranquilo, recojo los restos del buda de la cortina, los meto en el frasco y con el resto del cortinaje me hago un burka y salgo. No quiero que me vea ninguno de los monstruosos padres. Gracias a Dios no puedo tener hijos.

Soy estéril (autoretrato onírico). Collage digital de David Farrán de Mora. Madrid, 2006.
