COMOQUIERA QUE HE SOÑADO…
En el mundo moderno, saturado de hipérbole y sobreinformación, se tiende a abusar de las palabras, llegando a quemarlas por su uso caprichoso e indiscriminado. Es el caso de "genio" o "genial", un adjetivo que se ha degradado debido a la saturación de la que ha sido objeto por parte de críticos con ganas de dar gato por liebre. Por eso, a veces es bueno tirar de Diccionario de la Real Academia Española (por mucho que, en el fondo, nos la sude) para tratar en vano de poner las cosas en su sitio. Veamos:
genio. (Del lat. genius). m. (…) 4. Capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas o admirables.
Hay más acepciones, pero esta es la única que nos interesa. La cosa está clara, ¿no? Pues así, para que quede constancia de que no escribo sin ton ni son, de que la siguiente frase es fruto de una escucha pausada y una reflexión de años, afirmo tajantemente que Antonio Luque (Sr. Chinarro) es el mayor genio que ha parido el pop español (y parte del extranjero) en el último siglo, aproximadamente.
Dicho esto, poco queda por añadir: que es un grupo que me descubrió mi ex novia Beatriz Cicatriz (grabándome una inolvidable TDK con el disco "El porqué de mis peinados"), que toda su discografía es imprescindible y que tampoco está de más verlo en directo: Chinarro se tira un pedo y es una obra maestra. O sea (repito) es un genio.
(Una anécdota entre un millón: su último concierto fue en un sótano en el que las leyes del chou bisnis se invirtieron: el público estaba compuesto por ratas de after, electroflequillos y otras subespecies de modernillos pintones y extravagantes y Chinarro saltó a la palestra como si fuera al bar de la esquina: camisa negra, pantalón vaquero y zapatos. "¡Qué raros sois!", exclamó Chinarro entre canción y canción. Y, tras ver la indieferencia del respetable, añadió: "Aunque vosotros estaréis pensando lo mismo de mí". Acertó.)
Démosle, pues, una calurosa bienvenida a nuestra sección "Cancionero onírico" al Sr. Chinarro, con una maravillosa canción, la primera del disco "El ventrílocuo de sí mismo" (2003), que marcó el fin de su etapa más oscura, polvorienta y experimental y anunció jubilosamente el inicio de su época más feliz, más optimista, más cristalina, más comercial (si quieren) pero igualmente genial (por tercera vez) y rrraaaaraaa, rrraaaaarraaa, rrrraaaarrra… La voz de Luque, más alegre que nunca (ya tenía quien le planchara) cantaba con emoción y (como siempre) un inmenso sentido del humor, unas letras que todavía no eran tan transparentes como las del último CD ("El fuego amigo", 2005) pero que ya podían ser leídas sin miedo por los amantes de las cosas claras (y el chocolate espeso). Bueno, escuchemos ya, sin más, la canción, titulada "Goma 2" que, como toda la obra chinarra, encaja perfectamente con la estética onírica de este Dildódromo:
Comoquiera que he soñado que tuviste asimismo un hermano sublunar yo te he compuesto este final de una canción perdida. Yo me arreglo y tú te arreglas, nos cruzamos en un mapa donde me pongo y tú te pones como perdida a-ha y tú te pones como perdida. No recogeré más vasos y en el baile de San Vito marcarás los pasos con un corazón de goma, de goma 2 para que no nos falten bailes a ninguno de los dos, a ninguno de los dos. Entre las casas sepultadas por las tapias diviso el mar desde el vespino averiado, diviso el mar desde el vespino averiado, no sé si en Roche o en Rochelambert. Comoquiera que he soñado que de tierra los ejércitos desfilan y te detienen por no llevar las pilas para bautismos automáticos…
