SEÑORITAS PUTAS / SEÑORITAS MODELOS
"La moda es trata de blancas".
Fernando Sánchez Dragó.
Es uno de esos sueños en los que se superponen dos escenarios de forma natural, alternándose y fundiéndose sin sorprenderme lo más mínimo. Tan pronto estoy en un desfile de la Pasarela Cibeles, donde señoritas modelos, medio desnudas o medio vestidas, recorren la interminable catwalk mostrando sus mondrigonescos trapos y sus huesudas anatomías, como estoy en una casa putas de Fuencarral. Ahí, en el lupanar, el escenario es distinto, ha cambiado, pero no me choca porque, de alguna manera, en esencia sigo estando en el desfile de moda. Las cerdas van entrando de una en una, desfilando para que yo y otros amigos las veamos y las seleccionemos entre sus compañeras. ¡Flash! Vuelvo a estar en el desfile y las modelos vienen y las modelos van, pronunciando sus propios nombres y dándome dos besos al llegar al final de la pasarela. Cuando termina el desfile, todo es borroso y confuso: ya no sé si estoy en Cibeles o en el putiferio o en los dos sitios a la vez o en mi casa. Pero, en cualquier caso, le digo a la madame/presentadora que no quiero fornicar con las señoritas putas/señoritas modelos, porque no me gusta ninguna, ni siquiera Kate Moss (que desfilaba). Por tres motivos:
1) Son todas saquitos de piel y huesos.
2) Tienen los pies llenos de callos y llagas provocadas por los inhumanos zapatos de tacón.
3) Llevan estilismos muy maricas, muy horteras… y eso también me baja el morbo.
Así que paso de pagar, porque sospecho que ninguna de esas señoritas modelos/putas conseguirá ponérmela dura. Por eso, mientras mis amigos entran a pasar un rato divertido, yo me bajo a la rúe para irme a casa pero, en lugar de la calle de Fuencarral, me encuentro en un descampao ubicado donde Cristo dio las tres voces. Está todo desierto, oscuro y no veo ningún coche para hacer dedo (con perdón). Por eso, siento una gran angustia: no sé cómo voy a salir de aquí, porque incluso el puticlub del que he salido ha desaparecido a mis espaldas.
