HUEVOS CATÓDICOS

July 21, 2006
"Ayer te quedaste dormido
en un sueño perdido
del que no, no volverás"
Alberto Bourbon.
 
Estoy en mi casa a la hora de la cena. El ambiente es seco, polvoriento, sofocante y caótico: todo está revuelto y tengo una angustiosa sensación de aislamiento involuntario, como si alguien me hubiera encerrado en el piso tirando las llaves a un pozo sin fondo. El sueño es largo, pero pasa poca cosa: las sensaciones y las situaciones se expanden: no existe el tiempo en este rincón dejado de la mano de Morfeo. Me entra el hambre y cojo una sartén para hacerme la cena: me frío huevos en un brasero que hay en una mesa rectangular de mi salón, llameando en el centro de la misma, entre libros, tebeos y DVD’s recién robados, nuevecitos, aún no degustados. De pronto, la sartén empieza a hervir y a chisporrotear; aceite hirviendo y trozos de huevos saltan como enormes esputos de lava volcánica sobre mis libros y tebeos. Se diría que están vivos, los huevos de los huevos. Intento levantar la sartén para evitar que la catástrofe se consume, pero, aunque no me quemo, me tiembla la mano y caigo al suelo, lanzando la sartén por los aires y haciendo saltar el aceite y los huevos (que parecen multiplicados) por toda la sala, manchando todo de clara lechosa, llema flemosa y viscoso aceite de colza. Una baba amarilla resbala por la pantalla del televisor.
¡olé mis huevos!