MORRISSEY ONÍRICO

July 26, 2006
En franco tributo a la excelente actuación que Morrissey ofreció en el Festival de Benicassim (y que yo disfruté -plácidamente y en cómodos plazos entrelazados por delirantes cortes publicitarios- desde el  acondicionado palacete de mi querida Nono, en lugar de mezclarme con las sudorosas masas fibers), dedico este scriptum a la nunca suficientemente bien ponderada figura de Moz (que ya glosé hace poco en la web zurdesca Línea de Sombra), que hace triplete (en tres categorías: Big Name Dreamers, Cancionero Onírico y Los sueños de Dildo) con este cuádruple post.
Empecemos por una canción de uno de los mejores discos de los Smiths, “Strangeways, here we come”. Se trata de “Last night I dreamt that somebody loved me”, que expresa con melancolía de crooner posmoderno (o, si prefieren, premondrigón) y dramatismo extremo (y exclusivo de la etapa célibe de Moz) la incomparable tortura que siente el solitario, un manojo de carencias emocionales, que sueña con un amor inexistente:
 
"Last night I dreamt
that somebody loved me
no hope -but no harm
just another false alarm.
Last night I felt
real arms around me
no hope -no harm
just another false alarm
so, tell me how long
before the last one?
and tell me how long
before the last one?
the story is old -I KNOW
but it goes on…"
 
Pero no tiene sentido mirar tanto atrás: el actual Morrissey, aunque más alegre (en todos los sentidos: no en vano ahora folla -o le follan- y antes no -o eso decía-) sigue siendo un fenómeno a la hora de componer canciones inmortales. Ese Morrissey fondón -esos gin tonics…-, pseudoeurovisivo, más irónico que nunca (incluso se da constantes palos a sí mismo, en discos y conciertos) y un poquito acartonado, es el que puebla mis sueños. En los dos últimos meses, he soñado tres veces tres con él. Ahí van, los tres pajotes oníricos encadenados:
 
Morrissey en el Burger King.
Morrissey concede entrevistas para la prensa en un Burger King. Cuando llega la hora de disparar mis preguntas, pasa de mí y parece no tener ni pizca de ganas de hablar: se porta mal conmigo, no me mira y se muestra esquivo y cabreado, tal vez por la irritación que le debe producir a su vegetariano espíritu permanecer en una institución del fast food carnívoro como el Burger. Yo me cabreo por su actiltud y empiezo a tirar hamburguesas y patatas fritas y coca-colas por todas partes. Algunas le manchan el traje a Moz. 
Morrissey Pincha.
Me voy de viaje de prensa y me viene a recoger a casa una superlimusina chapada en oro. Dentro, mientras me sirven champagne, un Morrissey crepuscular (que tiene algún rasgo del Charlie Mysterio DJ del Cock, como el pelo rizado o una sonrisilla malévola más propia de el Maledetto que de Moz) pincha estándars y bandas sonoras italianas (Nino Rota, Morricone y compañía). Hace mucho calor y nunca llegamos a destino. En una esquina de Gran Vía, veo al director de mi revista, que nos hace señas para que paremos. Mas nosotros seguimos hacia delante.
Morrissey "live" en Sol. 
Otra noche, poco antes del concierto, soñé que Morrissey actuaba en una esquina de la puerta del Sol por la que paso a menudo, cerca de mi casa, donde habitualmente suele haber una ciega vendiendo cupones ("¡paraaa hoooooooooooy!"). Actuaba con un micrófono de cable largo, pero todos, menos yo (que entro en éxtasis), pasaban de largo como si no supieran que, en lugar de la ciega de la ONCE, ahí estaba Morrissey.
mozdog