"Para que nunca despiertes y así ser tu sueño eterno".
Luis Eduardo Aute.
A instancias del Zurdo, he elaborado este necrofílico top 10 de entidades que admiro y que han muerto como Dios manda:
- BUDA: “murió anciano, pasados los 80 años, después de haber comido carne de jabalí. Murió tranquilo, sin angustia. Cuando hay que morir, se muere, se vuelve al cosmos. La actividad de nuestro cuerpo se acaba. (…) Hay que comprender: Aquí y ahora debo morir”. (Taisen Deshimaru).
- OTTO WEININGER: a los 23 años se suicidó de un disparo, en la casa donde había vivido Beethoven, a quien él consideraba uno de los mayores genios de todos los tiempos.
- EDUARDO BENAVENTE / CECILIA / JAMES DEAN: jóvenes, (más o menos) bellos y aplastados en diferentes accidentes de tráfico, fundiendo carne y metal como tres personajes del “Crash” ballardiano/cronenbergiano.
- YUKIO MISHIMA: a los 45 años se hizo el hara-kiri. Coherente, heróico, perfecto.
- ERNST JÜNGER: murió de viejo, a los 103 años: “se sentó en su escritorio, se recostó plácidamente sobre sus brazos y expiró sonriendo” (Rafa C.).
- NICK DRAKE: murió ¿accidentalmente? de una sobredosis de antidepresivos, en una casa flotante sobre el Sena, soñando para siempre con la luna rosa y el reconocimiento póstumo.
- HASSAN-I SABBAH: el llamado "Viejo de la Montaña", inspirador y jefe de la Secta de los Asesinos y genial reformador religioso, dejó su Reino atado y bien atado (nombrando sucesor a Buzurg’umid) y murió tranquilamente a los 90 años de edad, no sin antes pronunciar unas inmortales Últimas Palabras: "Nada es verdad. Todo está permitido". Burroughs tomó buena nota. Bin Laden también.
- EDWARD GOREY: murió a los 75 años, tres días después de haber sufrido un ataque al corazón, justo en el momento en el que un vecino que acababa de hacerle una reparación eléctrica le exigía su tarifa: 20 dólares. Al ver su reacción, pensó que estaba bromeando, allí en el umbral de una puerta, rodeado de gatos, con las manos en el pecho. Sin lugar a dudas, un final digno de uno de sus cuentos.
- IAN CURTIS: se ahorcó a los 23 años en la cocina de su casa, tras ver “Stroszek”, deprimentemente genial filme de Werner Herzog (el suicidio final en el teleférico es uno de los más brillantes –y tristes- broches jamás concebidos). Curtis tuvo buen gusto hasta el final. “Stroszek” también es la película favorita de David Lynch, pero él no se ha suicidado después de verla.
- BHAI SAHIB: anciano maestro sufí que murió en la cama de su casa, rodeado de hijos y discípulos: “Su cadáver tenía una extraña y misteriosa sonrisa con los labios cerrados. El misterio de la pax aeternum… Era tan maravilloso, tan inesperado, que no pude apartar los ojos de su rostro”. (Irina Tweedie).

El caballero, la muerte y el Diablo (1513), grabado de Alberto Durero (Nüremberg, 1471-1528).
La imagen se inspira en un texto de Erasmo de Rotterdam: "Para que no te dejes apartar del camino de la virtud porque te parezca abrupto y temible, porque tal vez hayas de renunciar a las comodidades del mundo, y porque constantemente has de combatir contra tres enemigos en lucha desigual, que son la carne, el demonio y el mundo, te será propuesta esta tercera norma: todos esos espectros y fantasmas que se abaten sobre ti (…) has de tenerlos en nada".