SUEÑO HASÍDICO

September 29, 2006
"Mitos, sueños y misterios" es una fascinante recopilación de artículos de Mircea Eliade (1907-1986) publicada en 1957 por la editorial francesa Gallimard y traducida al castellano en 2001 por Kairós. En ella, el eminente historiador de las religiones explora los laberintos de la mística, la mitología y la psicología, llegando a conclusiones tan interesantes como la siguiente: "en los universos oníricos es posible volver a encontrar los símbolos, las imágenes, las figuras y los sucesos que constituyen las mitologías".
 
Uno de los momentos más interesantes y dildodrómicos del libro es el sueño de Eisik, incluido en el capítulo "Simbolismo religioso y valoración de la angustia". Se trata de una historia hasídica que ilustra a las mil maravillas el misterio del reencuentro:
 
"Es la historia del rabino Eisik, de Cracovia, que el orientalista Heinrich Zimmer desenterró de los Khassidischen Bücher, de Martin Buber. Este piadoso rabino, Eisik de Cracovia, tuvo un sueño que le impelía ir a Praga. Allí, bajo el gran puente que llevaba al castillo real, descubriría un tesoro escondido. El sueño se reprodujo en tres ocasiones, y el rabino se decidió a partir. Una vez en Praga, halló el puente, pero se hallaba vigilado día y noche por centinelas. Eisik no osó buscar el tesoro. Al merodear por los alrededores acabó atrayendo la atención de capitán de la guardia, que le preguntó amablemente si había perdido algo. Con toda sinceridad, el rabino le contó el sueño. El oficial se echó a reír: "¡Pobre hombre!", le dijo. "¿De veras has gastado las suelas de los zapatos sólo por un sueño? ¿Qué persona razonable creería en un sueño?". El oficial también había escuchado una voz en sueños: "Me hablaba de Cracovia, me ordenaba ir allí y hallar un gran tesoro en la casa de un rabino llamado Eisik, hijo de Jekel. El tesoro estaba en un rincón polvoriento, enterrado tras el horno". Pero el oficial no concedía credibilidad alguna a las voces de los sueños, era una persona razonable. El rabino se inclinó profundamente, le dio las gracias y se apresuró a regresar a Cracovia. Buscó en el rincón abandonado de su casa y descubrió el tesoro que puso fin a su miseria.
    "Así pues", comenta Heinrich Zimmer, "el verdadero tesoro, el que pone fin a nuestra miseria y nuestros sufrimientos, nunca está lejos, y por ello no hace falta buscarlo en un país lejano, pues se halla enterrado en las partes más íntimas de nuestra propia casa, es decir, de nuestro propio ser. Está detrás del horno, el centro de vida y calor que rige nuestra existencia, en el hondón del corazón, y si supiésemos buscar lo hallaríamos. Pero se da el hecho extraño y constante de que solamente tras un piadoso viaje a una región lejana de un país extranjero, en una tierra nueva, se nos podrá revelar el significado de esta voz interior que guía nuestra búsqueda. Y a este hecho extraño y constante se añade otro, a saber, que quien nos revele el sentido de nuestro misterioso viaje interior debe ser, él mismo, un extraño, de otro credo y de otra raza."
dos sabios...
(Carl Gustav Jung y Mircea Eliade barruntando
los símbolos del Cuento de la Buena Pipa). 

RETORNO A HAMELIN

September 26, 2006
"La forma de los excrementos de las ratas es alargada, siendo ligeramente más gruesos por el centro y la punta redondeada de 9-10 milímetros de longitud y 2-3 milimetros de diámetro en el centro".  
Sierra de Baza.
 
Sueño que estoy en mi casa viendo una extraña película porno, en la que sólo salen brasileñas hablando, fumando y echando zurullos en una cocina abandonada y vacía de azulejos viejos. De repente, empieza a fallar la imagen y se apaga la tele. Contrariado porque el vídeo acababa de empezar, voy a comprobar las conexiones y veo que hay una rata que está royendo el cable de la tele. Siento una gran repulsión mezclada con miedo hacia la rata y no sé muy bien qué hacer con ella: hasta ahora sólo había tenido cucarachas. Pienso en pisarla, pero es demasiado gorda y me llenaría el pie de sangre y tripas. Ella se siente observada y sale corriendo hacia la cocina. Yo la persigo, pero ella salta y sale por la  ventana hacia el patio. Me asomo y veo horrorizado que todo el suelo del patio está lleno de ratas negruzcas como los zurullos que salían de los culos de las brasileñas del vídeo. Me aterroriza, sí, pero ahora entiendo que cuando alguien se está cagando diga: "me está asomando la rata".
 
Sueño raro. Mezcla de asco, tristeza y miedo. No exento de cierto humor escatoscuro. Scat-rats. "Diccionario de los símbolos" cirlotiano: "Las ratas se hallan en relación con la enfermedad y la muerte. La rata fue una deidad maléfica de la peste en Egipto y China. El ratón, en simbolismo medieval, es asimilado al demonio. Se le superpone significado fálico, pero en su aspecto peligroso y repugnante". 
la noche de los zurullos vivientes 

LA EXTRAÑA NADA

September 22, 2006
Canciones para escuchar solo. Canciones cuesta arriba para preparar una inmersión en sábanas heladas. Antinanas para "madrugás" oscuras del alma. Canciones inciertas como la zona crepuscular en la que se hunde Occidente. Canciones "aguafiestas" (que diría el Elderly). Eso es lo que buscamos para nuestro Cancionero Onírico y lo que hacía Benito Moreno (Sevilla, 1940), pintor y cantautor de profundidad abisal cuya voz es mi banda sonora particular en este desgarrador cambio de estación. Cantautor heterodoxo, malditísimo y casi desconocido, Benito llegó a mis oídos a través de una cinta que me grabó el Zurdo cuando aún se grababan cintas y no CDs, en justo pago por descubrirle yo a Sr. Chinarro que, de alguna manera, podría considerarse el único heredero conceptual del increíble Sr. Benito, en su misión de descifrar la cara oculta de una Andalucía perdida. O, mejor, digamos que el Sr. Moreno fue una suerte de protochinarro adulto, con menos magia y (a veces) más crudeza. A Moreno le duele España, Sevilla y Andalucía. Y le pesa la vida como un saco de patatas podridas y llenas de gusarapos futboleros. A Chinarro también, pero lo lleva mejor (tal vez porque es del Betis, como mi abuelo). Ambos, miran el mundo desde vasos/parabrisas de distintos colores, pero el mismo material: cristal oscuro.
Me resulta difícil quedarme con una sola canción en una obra tan… completa como la de Moreno, pero si alguien me metiera una recortada en la boca para que me quedara con una de ellas, sería "Sueño de sombras", sin duda (qué casualidad) la que mejor encaja en la horma de la zapatilla dildodrómica. Estremecedora letra, una de las más logradas de Benito (junto a "Topacio", "Sevillano", "Mujer" o "Cuando todos se caen") aderezada por un austero acompañamiento: tambores de procesión (que también utilizaría Chinarro) y un racial y seco guitarreo. Pero, por encima de todo, sobresale la recia, cortante, rota, viril y hondísima voz del Sr. Benito cantando por pesadillas. Una canción magistral, sabiamente incrustada en la cara B del disco más tenebroso, sólido, conceptual y demoledor de Moreno (y, casi casi, de las Sevillas). Su título: "Mis sombras completas". Año de publicación: 1978. En portada: negra mosca inmóvil proyectando su larga sombra sobre una blanca pared, dibujada por el propio Moreno (que hoy se dedica sólo a pintar). En contraportada: la parte baja de un paso de la semana santa sevillana, fotografiado en riguroso blanco y negro, bajo el que vemos las maltrechas piernas de los sufridos (y pobres) penitentes, como metáfora visual de lo que hay dentro: las tripas de Sevilla. En fin, que si no fuera porque existe Chinarro y sus óperas, alguien podría decir aquello de "ya no se hacen discos como los de antes". Pero sí se encuentran: como no se vendió en su día (ni ha sido reeditada en CD), es muy fácil hacerse con toda la discografía (en vinilo negro) de Moreno, en tiendas de segunda mano como la madrileña Metralleta. Ahora nos toca pinchar uno de esos discos para reescuchar esta fascinante joya de azabache. Con ustedes, "Sueños de sombras". Amargos, amargos…
 
"Cuanto me cuesta acostarme
Ir hacia esa extraña nada
Que no llega a acostumbrarme
Ni a su noche ni a su almohada
Ni a la veleta que chilla
Ni al hierro frío de la verja
Que golpea mi pesadilla
Ni a la risa de la vieja
Que baja saltando el muro
Blando del blanco jardín
Seguida por el verdugo
Que huele a negro candil
Sus cuchicheos y el chasquido
De pies que pisan deprisa
Y ahí siguen si, no, se han ido
Tras el siseo de la brisa
Ni a la sombra del espejo
Del vaiven de aquel ropero
Ni al olor áspero y viejo
De la tinta del tintero
Y luego hay que acostumbrarse
Al tiro de la mañana
Y quitar y cepillarse
Los sueños de la mirada".
zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz 
(Le somme. Ilustración de Benito Moreno). 

PUCHEROS DE CASTRATI

September 20, 2006

Prefacio:

Debo confesar que esta extraña web se me está yendo de las manos. Yo sólo quería hacer un íntimo diario de sueños, un discreto spin off de mi sección de plasmaciones oníricas eyaculada sobre la Línea de Sombra… Mas las cosas no son siempre como planeamos: el Destino hace con ellas lo que le sale de los testículos. Por eso, ya no puedo parar de escribir, cortaypegar, postear… Estoy atrapado en este loop demencial. Pero ya lo dijo Goethe, el hombre más inteligente de la Historia: "¿Quién puede prohibir al gusano de seda que siga hilando?". Y, así, tacita a tacita, las células cancerosas de este tumor intangible llamado Dildodrome siguen multiplicándose, inasequibles a la quimioterapia. Han entrado ya en el sistema linfático, en el flujo sanguíneo de la Internet. Para bien y para mal.

Hoy, sin ir más lejos, estrenamos el Bestiario, una categoría consagrada a dar mazazos a personajes insufribles, a bestias negras de toda suerte, pelaje y procedencia. Recordemos que, en su acepción medieval, Bestiario es "una recopilación de animales y monstruos reales, quiméricos e irreales, creados por la insaciable curiosidad del hombre sintiendo fascinación, respeto o temor por todas las criaturas que, junto a él, poblaban la Tierra. Los científicos y naturalistas, los exploradores y aventureros de la época, tomaban nota de sus descubrimientos conformando una obra, mitad prohibida y mitad venerada, que sólo era consultada por los sabios que intentaban descubrir los nuevos monstruos que aún habitaban el mundo". Por desgracia, mi bestiario no tiene nada de mitológico, es real como la vida y negro como la muerte. Gajes del oficio y del Espíritu de estos Tiempos, que cada vez se parecen más a los de Kamandi, el último sobreviviente del rey Jack Kirby, el primer comic book que me quitó el sueño, cuando sólo tenía cuatro o cinco añitos. Casi tres décadas después, Planeta reedita a Kamandi en blanco y negro y cambiando "sobreviviente" por "superviviente". Sorpresa: me gusta igual ahora que cuando era pequeñito (lo cual dice poco de mi evolución espiritual) y de esas viñetas saco una cita que le viene al pelo a estos tiempos de bestias negras:

"¡LA TIERRA HA SUFRIDO UN GRAN DESASTRE! ¡CUANDO OCURRIÓ, NO SE SABE! ¡LOS ARCHIVOS QUEDARON DESTRUIDOS, O ENTERRADOS DONDE NO SE PUEDEN ENCONTRAR! ¡EN CUALQUIER CASO, PARECE QUE A NADIE LE IMPORTA, SALVO A KAMANDI, EL ÚLTIMO HUMANO RACIONAL QUE QUEDA EN LA TIERRA! ¡EL RESTO DE LA HUMANIDAD HA CAMBIADO O SE HA REBAJADO AL NIVEL DE LAS BESTIAS! ¡EN CUANTO A LAS BESTIAS… SE HAN ELEVADO AL NIVEL DEL HOMBRE!"

¡es la hora de los mazazos! 

Portada original del número 5 de Kamandi, the last boy on earth!

(dibujada por Jack Kirby y publicada en abril de 1973).

                                           ****************************************

Y para empezar esta galería de bestias negras, tenemos con nosotros a ANTONY, el mondrigas de los Johnsons, que todavía no me explico cómo nadie le ha dado aún un tirón de orejas. NADIE: este hombre, mujer o lo que Dios quiera que sea, NUNCA ha recibido una colleja, siempre palmadas en la espalda de otros artistas y críticas hiperbólicamente buenas. Mami, ¿qué será lo que tiene el mondri? Veamos…

De entrada, me resulta ya no sospechoso, sospechosísisisimo, el hecho de que sea un tipo sin pasado: nada se sabe de él excepto que quemó su juventud en cabarets de mala muerte neoyorquinos y tal y tal y tal. Además, para ser un "artista de culto" sale en todas las revistas de moda, empezando por Vogue. ¿Será, al final, un simple montaje discográfico cuyas peripecias no son más que embustes creados en una aséptica oficina de márketing para darle empaque "auténtico" al penúltimo lanzamiento "prestigioso" de una industria agonizante? No llego a tanto, pero sí sé que he exprimido el Google y la única referencia negativa sobre esta persona que ha caido, cual gota ácida en un mar de algodón, es esta razonable comparativa fotográfica, en la interesting web irlandesa Clamnuts:

como dos gotas de agua... 

Jajajajaja, la verdad es que tiene su gracia. A la comparación, los chicos de Clamnuts Comics le añaden un jocoso comentario: "Anthony Hegarty from Antony and the Johnsons doesnt look like a Gorg from fraggle rock. He/She IS a Gorg".

Desconcertado por no encontrar más opiniones negativas sobre Antony, decidí pedirlas… en vano. Todo el mundo me decía que Antony era bueno y el malo malísimo era yo. Sólo conseguí sacarle, con sacacorchos, un salomónico capón al comentarista musical Darío Vico, que afirmó con cierto desprecio: "de Antony puedo escuchar un temita o dos, pero una escucha prolongada me pone muy nervioso". El resto de la crítica, se ha desecho en desorbitadas y desproporcionadas alabanzas a sus górgoros y le ha propinado babosas felaciones a su varilla. Que si es un disco de culto, que si tiene una voz estremecedora, que si ha quedado número cuatro en la lista del NME, que si es íntimo, introspectivo y sincero… y blablabla. Entonces, si existe esa búlgara y vulgar unanimidad con respecto a est@ señor/a… ¿por qué a mi no me gusta un pelo Antony ni tampoco sus Johnsons? No, ni aunque haya conseguido engañar a artistas tan dispares como Lou Reed o Devendra Banhart y a la crítica musical universal en bloque.. ¡y hasta al mismísimo Dennis Hopper! (¿Tú también, Dennis?). Pero no me importa, porque llevo torta y ni aunque se abrieran las nubes y bajara una cabalgata de Walkirias proclamando entre cánticos celestiales las bondades de Antony cambiaría de opinión. Tras pasar la prueba del algodón de mis oídos, mi veredicto es inapelable: Antony no es más que un mondrigonazo del quince que canta como un castrati piscinero. Sus grititos provocan en mi  aparato auditivo un efecto similar al chirrido de una larga uña de travelo rascando una pizarra vieja. Debo confesar, eso sí, que no le he dado muchas oportunidades a este individuo: tras oir su insoportable voz, me parecía un ejercicio de masoquismo auditivo escuchar el disco entero, así que, allá por la tercera canción, casi al borde del coma sónico, pulsé el botón de "stop", saqué el CD de mi dolorida minicadena, lo metí en su vaina de plástico duro, me acerqué a los grandes almacenes de donde lo había "expropiado" y lo devolví a su triste estantería. A buen seguro, me dije, este engendro caerá en manos de algún chico mucho más sensible y "escuchado" que yo que sabrá apreciar sus górgoros. En lo que a mí respecta, me da vergüenza pertenecer a la misma especie que Antony.

san mondrigas gaseable 

(El santo patrón de Chueca en todo su fofo esplendor). 

Cuando un artista se te atraganta, todo en él te resulta odioso y gaseable. A continuación, y como broche a este postazo, un puñado de razones adicionales para aborrecer a este mamarracho "de culto":

-Mancilló con su voz de silbato roto una de las mejores canciones de mi adorada Nico: "Afraid".

-Antony ha dicho: "Boy George es como un padre para mi, un espejo en el que mirarme, una especie de Dios muy particular". ¿Qué podemos esperar de una mariquita que adora a un infradiós contra natura? Encima, acto seguido, el eunuco se contradice y añade: "Quiero abandonar esa imagen tan excéntrica que se tiene de mi, quiero parecer más normal". ¿Es que alguien, por fin, le prestó un espejito a Antony, como quien le devuelve la vista a un ciego?

-Ha dicho que le gustaría ser Isabella Rossellini en "Blue Velvet". Eso demuestra que este hombre está loco: ¿que persona en sus cabales -y que no sufra una profunda aberración sexuarl- desearía ser un personaje tan puteado (en todos los sentidos) como ese? Aunque, pensándolo bien, Antony se parece un poquito a la actual (e hinchada) Isabella. Pinchen y vean.

-Las letras de sus canciones resultan tan odiosas como su voz. Alguien que canta cosas como: "I am a bird girl now, I’ve got my heart in my hands now" o "as I search for a piece of kindness and I find Hitler in my heart" sólo merece que lo agarren, lo metan en una máquina del tiempo y lo reenvíen a Auschwitz para someterlo a un tratamiento intensivo de Zyklon B. ¿Se curaría así de la enfermedad de sus cuerdas vocales? ¿Cantaría Antony, bajo la ducha de gas, con tonos de Alberto Bourbon, Ray Charles o Max Cavalera?

 
-Se rumorea en los mentideros de la Internet que Antony se cortó a sí mismo el micropene de un mordisquito. Y yo añadiría que, a juzgar por su forma de cantar y las monsergas que suelta, tiene menos testículos que un baby mocosete. Estas carencias graves en el aparato genital, dan como resultado su característica y rallante vocecilla que el clarividente y maldito poeta Héctor Murena (1923-1975) ya supo describir cuando Antony aún no había nacido: "Un eunuco inicia el diálogo del ser modulando chillidos ante un enorme tímpano perforado".  La cabeza de Murena, que estudió el poder del arte como comunicación de lo sagrado y sintió la auténtica sensación de vivir (en el sentido más heideggeriano) habría reventado al ver la materialización de todos sus espantos en el personón de Antony.

antony mariquita 

-Su aspecto: es como un Gorg esculpido en grasa venérea. Como un Benny Hill invertido con peluca y plumón. Como un humanoide porcino e inflado como sus críticas cuando se quita la peluca y se viste de santo. Como un putón verbenero, cabaretero, greñudo y enfermo cuando recoge premios. En sus momentos más masculinos me recuerda a Tyla, el rockerazo borrachín de los Dogs D’Amour, pero en rosita. Y cuando se pone peluca negra se parece hasta a la copiota Lucía Etxevarría,(¿o es Echebarria? Porque el rh vasco no se sale por ninguna parte), a la Torrebruna (como ella, "parece un osito de peluche que sacó alguien de la basura", Zurdo dixit) o a cualquier otra de esas chupabotes famosas, obesas y decadentes, aunque… pensándolo bien, es más femenino y sexy Antony, claro, y con más talento que esas dos. En el fondo no es tan malo: al menos, me inspira algún sentimiento, aunque sea odio, aversión, aborrecimiento… que no es poco en los tiempos que corren. Pero, insisto, sobre todo, este manolo es una versión modelna y retorcida de Gorg y Benny Hill. ¿A que sí?

antony, ¿qué haces?el verdadero papi espiritual de antony 

(La involución de la especies: Gorg, Benny… y faltaría Antony, en medio, como eslabón perdido). 

INFANTA CAFEÍNA

September 15, 2006
Vamos a añadir posteos a la serie Enemigos de Morfeo, que la tenemos un poquito abandonada. Hoy le toca el turno, cómo no, a la pérfida cafeína, una droga más puñetera de lo que parece, aunque goza de muy buena prensa, siendo aún más aceptada por la Sociedad esa que el mismísimo alcoholazo. No voy a hablar ahora de lo bien o mal que sienta un cafetito después de comer o una Coca Cola Zero después de copular, por nombrar las dos bebidas cafeínicas más populares. Menos cuatro pajerotes mal contados, casi todo el mundo sabe lo que es eso. 
A mí, por regla general, la cafeína me sienta como un tiro a bocajarro: me jode el estómago, me pone nervioso, me suelta el vientre y, sobre todo, me quita el sueño durante horas. Intento dormir, pero no lo consigo. Me desvela incluso más que la cocaína (aunque dicen los expertos que la perica de hoy en día se adultera con grandes cantidades de cafeína y otros polvos mágicos). Yo noto la diferencia. Con la coca, me hago un par de pajones castellanos y me quedo frito. Con el café se me forma una bola de nervios en el estómago que no me la quito ni a tiro limpio.
Además, he leído por ahí que si consumes habitualmente cafés te expones a padecer hipotensión, gastritis o cáncer, entre otras cosas. Esto no me preocupa: de algo hay que morir y no estoy seguro si estas enfermedades existen o son invenciones de la mafia médico-farmacológica para vender sus drogas legales. Lo que me aburre un poco es que la OMS se limite a asustar a las viejas con el tabaco y no diga nada de lo demás. ¿Es que humo que sale de los coches no provoca ninguna enfermedad mortal?
cariño, son las cosas de las bolas 
(Cafeína. Modelo molecular estereoscópico).
 
Según cuenta el neoliberal pseudojüngeriano Antonio Escohotado, "la cafeína produce un síndrome de abstinencia en mucho menos tiempo que opio, heroína y barbitúricos. Desde 1943 se sabe que un gramo diario de cafeína (equivalente a cinco tazas de exprés, o diez de café aguado), absorbido durante una semana, basta para inducir un cuadro carencial. (…) Poco después de recibir el placebo, el 55 por 100 de los sujetos padeció el dolor de cabeza más grande de su vida, acompañado por náuseas y vómitos, tensión muscular, ansiedad, incapacidad laboral, desasosiego y letargia".   
Como siempre, el abuelo cebolleta de la droga exagera. Pero algo de eso hay: yo cuando me he metido grandes dosis de café por motivos bastante prosaicos (mayormente, currar y leer) no he pegado ojo en siglos, y eso que dicen que el efecto se diluye en unas horas. Y  es que corre el bulo que el café estimula la atención intelectual, cuando más bien, como dice el viejo de la montaña de farla, "estimula el simple estado de vigilia, la resistencia al cansancio". ¿Posología y efectos secundarios? "Por vía oral, medio gramo equivale a unos 5 miligramos de dexanfetamina, con una acción de dos o tres horas que se caracterizan por sequedad de boca, disposición muy activa y cierta rigidez muscular, quizá acompañada por leves trastornos en la visión, como borrosidad pasajera o pequeñas partículas que cruzan el campo visual". Uuufff, esto parece el prospecto de unas pirulas de mala muerte. En cuanto a las indicaciones, dice el tito Escohotado que "lo que en algunos se manifiesta como locuacidad y extroversión procuce en otros el deseo de aislarse, vida interior, de acuerdo con el típico efecto polar de los estimulantes". No sé, pero el caso es que mezclado con trócolos de costo, la cafeína te puede sumir en un trance creativo impagable. Tal vez, la mejor combinación para escribir disparates (que deben ser revisados al día siguiente, a ver si entre ellos hay algo digno de ser conservado). Lo malo es eso: que te cansas pronto y te irritas con más facilidad que si no hubieras tomado nada de nada. Por eso es mejor estar solo o bien acompañado de gente afín que no se sorprenda de tus repentinos ataques de mala hostia.
voy a mil 
(Too much cofeee man! Ilustración de Shannon Wheeler). 
 
Si estás ciego de cafeína y consigues conciliar el sueño, lo más probable es que tengas trips oníricos fugaces y acelerados. El genial rapper GZA, de los Wu-Tang Clan lo explicaba muy bien en "Coffee and Cigarrettes" (Jim Jarmusch, 2003): "Antes de dejar el café lo bebía sin parar todas las noches, hasta que me acostaba. Era para soñar más rápido. Como cuando ponen una cámara en un coche de carreras. Y sólo ves… fiu-fiu-fiu. Así eran mis sueños: flashes". Efectiviwonder… 
café con leche...
(GZA, RZA y Bill Murray en "Coffee and Cigarrettes").  
 
Escarbando en mis archivos oníricos, he encontrado este curioso sueño, que tuve cierta noche cafeínica: había tomado unos cinco cafés con leche a lo largo de la tarde y varios cubatas con mucha Coca Cola y poco güisqui de madrugá, mientras leía "Reflexiones sobre el Padrenuestro" de Huxley. Esto es lo que salió de la explosiva mezcolanza:
Me despierto en una casa alargada, luminosa y fresca como un invernadero acristalado y arcaico. Miro un reloj de arena y me doy cuenta de que llego tarde a pescar. Así que me pongo a desayunar y a preparar cosas con gran rapidez. Cambio objetos de sitio para dejar la casa en paz, preparo el carterín y corro de un lugar a otro buscando un objeto que me hace falta para el trabajo pero no recuerdo qué es. De  pronto, a mi izquierda, algo se mueve. Miro hacia uno de los enormes ventanales que dan a otra casa y veo a una de mis vecinitas trasteando en la cocina y moviéndose con rapidez: parece que ella también tiene prisa. No saludo por timidez matutina, pero tampoco me molesta su presencia, aunque la asocio a juergas noctámbulas. Voy corriendo hacia el baño y encuentro lo que busco: la bañera: había olvidado darme una ducha para despejarme bien. Enciendo la minitele que hay frente al baño para escuchar música negra de la MTV mientras me ducho. Me detengo un rato viendo un video de R&B en el que salen muchas negras en biquini, mientras abro la bañera. Pero apago el receptor porque tanto la música como la imagen están aceleradas. Me quito el pijama y, cuando voy a meterme en la ducha veo que dentro hay un enorme bicho, una especie de cucaracha prehistórica del tamaño de un niño de 8 años. El infraser no me asusta ni me da asco, pero intento barrerlo con el chorro de la ducha y colarlo por el agujero del desagüe. Pero no se cuela: es demasiado grande y yo sigo dándole con el chorro y se le caen las alas y las escamas y la carne con la presión del agua. Mueve sus patitas pero no consigue salir. Meto una pierna en la bañera y le doy más potencia al agua ardiente. Fffffffffffffffssssssssssssssshhhhhh. Saltan chispas y todo se llena de vapor. Le doy y le doy al bicho pero no muere, aunque sólo le quedan ya los huesos y se parece más al esqueleto de un alien que a una cucaracha prehistórica; ahora patea y lucha por salir de la ducha y casi lo consigue, pero yo consigo hacer que retroceda con un nuevo chorrazo de agua hirviendo. Y, mientras me pregunto cómo es posible que ese enorme bicho pueda sobrevivir y moverse siendo sólo un montón de huesos macilentos, me despierto.
Y ahora escribo esto, maravillándome de los efectos oníricos de la cafeína y de la lectura del Huxley más religioso. Y me pregunto: ¿era ese insecto un pecado que no soy capaz de colar por el desagüe de mi paraíso terrenal? I dunno…  

ROSTRO DE ZORRO, MANOS HUMANAS

September 13, 2006
Abel Tiffauges, miembro del Café Expansionista y sevillano de pro ("hazme sevillano bueno, hondo, sevillano hondo, no me hagas sevillanito señorito y sabihondo", cantó Benito Moreno), me envía otro impagable granito de arena onírica, extraído en esta ocasión de "Cuervo", probablemente la obra más interesante de Ted Hughes, marido de Sylvia Plath. ¿O era al revés?
 
"Al igual que Charles Tomlinson, otro ilustre contemporáneo de Cambridge, Ted Hughes deja de escribir durante su primera etapa universitaria, intimidado por un ambiente cultural rígido y estéril. Al principio decide matricularse en el departamento de literatura, pero al tercer curso se traslada a los de Arqueología y Antropología, obteniendo la licenciatura en junio de 1954. Ted Hughes, lector aventajado de Jung, justifica su cambio con una historia cuya dudosa veracidad exhibe, no obstante, una verdad profunda. A finales del segundo curso, después de trabajar sin resultado en un ensayo sobre la obra de Samuel Johnson, Hughes se fue a la cama. Soñó entonces que seguía sentado a la mesa y que una criatura con el rostro de un zorro pero erguida y provista de manos humanas se acercaba hasta él. Tenía el rostro quemado y ensangrentado. La criatura posó una mano en la página y la manchó de sangre. "¡Basta ya!", dijo, "nos estás destruyendo". Hughes interpretó el sueño como una confirmación de que el estudio de la crítica literaria contravenía sus verdaderas inclinaciones, y se pasó de inmediato a la especialidad de Antropología. Ciertamente sus estudios antropológicos le serían de gran ayuda a la hora de diseñar la escritura de libros como Wodwo, Crow o Cave Birds, donde mitos, símbolos y leyendas de diversa naturaleza concluyen en un texto de fuerte base narrativa".
 hecho unos zorros

UNA TEMPORADA A LA SOMBRA

September 11, 2006
"Mi celda -mi fortaleza".
Franz Kafka.
 
A mi sra. y a mí nos obligan a vivir en un extraño chalet-prisión de cemento y una sola planta con forma rectangular. La vivienda se compone de dos habitaciones vacías separadas por un grueso muro infranqueable. Su celda está pintada de salmón; la mía de cobalto. Cada una de ellas tiene un tosco agujero, en forma de ventana, sin marco ni cristal, como hecho con un pico. Cada X tiempo, nos permiten un "bis a bis" de siglos que parecen segundos, durante el cual nos limitamos a comentar con frialdad las ventajas y desventajas de cada celda: la suya es un poco más amplia, sí, pero su "ventana" va a dar a un patio plagado de retorcidos cactus… Le resulta imposible salir a pasear. Yo, sin embargo, me puedo dar algún que otro (incómodo) garbeo, pues mi boquete va a dar a un patio, acotado por gigantescos muros de matas, con un terreno lleno de esqueletos de rosales, sin flores, secos y alineados que, si bien forman un minibosquecillo de palitos crujientes, me permiten caminar sobre ellos, aunque con cierta dificiultad, castrando las ramitas muertas. Además, aunque no dispongo de equipo de sonido, puedo poner música: ahora suena una de Momus, pero, inexplicablemente, le faltan dos frases cruciales: "In the middle of the night / Electro pop radio station my only light".
piscina de púas   

MAELSTROM GALAICO

September 5, 2006

Me sucedió a mí. Estuve a punto de ahogarme en la playa de Doniños (Ferrol). No, no se trata de un sueño, ni siquiera de una  pesadilla. Fue algo real como la vida y estuvo a punto de costarme la muerte. Sólo las estrellas de mar lo saben. Y las cyanobacterias. Léanlo a continuación, en el segundo capítulo de la categoría "Tiempo de vigilia", una saga de metafísica pop que también funciona como adictiva dosis de pornografía emocional. ¡Pasen y lean, queridos trócolos!

1) Despídete del mar.

"La marea parecía decir: "¡hijo mío, ven!".
Kazuo Koike.

Ocurrió durante mi último viaje a Ferrol. Como siempre suelo hacer, antes de regresar al secarral madrileño, me fui a despedir del mar de mi inconsciente: quería darme un baño para poner la guinda a una vacaciones perfectas. ¿Quién me iba a decir que esa romántica despedida se convertiría en una batalla a muerte por mi existencia física? El caso es que hacía un día soleado y maravilloso y, como solía decir un amigo de mi abuelo sevillano "no ze movía una paja" (con perdón). Así que me acerqué a la playa más cercana a Ferrol, que se llama Doniños. Se trata de un arenal que suele estar lleno de surfers y niñas monas (que no solas, o también); yo prefiero playas más extremas, porque me gusta nadar por el lado salvaje, pero esta me valía para salir del paso: esa misma noche cogería el tren y saldría pitando… Pero, al llegar, mi gozo cayó en un pozo y sus tripas hicieron "¡guac!": había bandera roja y estaba prohibido bañarse en toda la playa. Por eso, tras degustar unas sardinas asadas y dar un paseo por los acantilados, busqué un recoveco en el que poder chapotear sin que los socorristas me vieran y me sacaran del agua con cajas destempladas. Así, bajé a una pequeña cala casi intransitable: en lugar de arena, cantos rodados y botellas de plástico descoloridas por el salitre y el sol; en lugar de mar, rocas a remojo. Por si fuera poco, el hedor del desagüe que procedía de un chiringuito cercano, hubiera avinagrado mi inmersión. Tras trastear un poco por ese pozo de pedruscos pestilentes, volví al arenal. Sobre la caseta de salvamento, todavía ondeaba una bandeja más roja que Sedna; por megafonía, siempre la misma canción: "Les recordamos que está terminantemente prohibido bañarse en todo el arenal". Los socorristas apatrullaban la orilla del mar, sacando del agua a todo aquel que se acercaba a las olas. Sólo unos seres humanos estaban autorizados a meter sus cuerpos en las aguas: los todopoderosos surfers (que, en Galicia, son conocidos despectivamente como surfeiros) que tienen siempre carta blanca, sea cual sea el estado del mar: al fin y al cabo ellos han salvado la vida de más de un socorrista y dominan las olas mejor que muchos delfines. Así que decidí ir a bañarme al medio de la playa: lo bastante lejos como para que los vigilantes del playufo no me otearan y los surfeiros no me golpearan el cogote con sus tablas. Al fin y al cabo, aunque en tiempos practiqué windsurf, a mí siempre me ha gustado tener un trato directo con el mar, de tú a tú, sin barquitos ni tabletas, sin trampas ni cartones, carne y agua, como un pez; los únicos surfeiros que me caen bien son Estela Plateada (el surfista marveliano que sólo navega por el cielo) y Brian Wilson (que, aunque compusiera tantas odas a la vida de tabla y playa, odiaba el mar y el surfismo: en realidad, siempre fue un navegante del espacio interior con una singular debilidad por las piscinas vacías y la arena sintética). A mí me gustan los Beach Boys y también la mar salada y salvaje, sumergirme en las olas y bregar con ellas, cuerpo a cuerpo, es para mí una forma más de alcanzar unos instantes de felicidad. Mucha gente me dice que es peligroso. Y yo siempre contesto que si un día Neptuno decide engullirme para siempre… que me quiten lo nadao.

brian non ten collóns pra facer isto...

(Surfeiro en la cresta de una ola de Doniños, Ferrol).

 

2) El golpe de la ola.

"Las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas, ni se convertirían en espíritu, si no chocaran con el destino, esa vieja roca muda". Friedrich Hölderlin.

Así que allí estaba yo, en un punto semidesierto de la  playa, sólo transitado por cuatro paseantes malcontados: era viernes y aún no había domingueros. Poco a poco, me fuí metiendo en el agua fría. Las olas congeladas mojaban mis pantorrillas y yo no sentía las piernas. Máis adentro (que diría Torbe parafraseando a Ramón Sampedro) las olas ya me lamían los testículos, que de su habitual forma redondeada y caliente empezaban a mutar en cubitos de hielo que flotaban bajo la increíble polla menguante. Días después, lo recuerdo como si fuera hoy: pincho una ola tirándome de cabeza sobre ella. Buceo. Vuelvo a salir del agua y me pongo de pie. Ahora el agua me cubre hasta un poco más arriba del ombligo. Las olas golpean mi pecho y noto las corrientes yendo y viniendo entre mis piernas. Soy feliz y susurro una canción de Chinarro ("…un envase de cartón, las almejas a mis pies y, en las redes, las hamacas, queda a cuadros un bañista…"). Viene otra ola y también la pincho. Y buceo. Y vuelvo a la superficie. Y nado. Y, cuando me quiero dar cuenta, ya estoy fuera de calo y la playa está terroríficamente lejos. Mi baño se acaba de convertir en la antítesis de "Entresemana": no soy una niña bien donostiarra chapoteando un viernes en La Concha, soy un pajero ferrolano que se va a ahogar en Doniños (playa que, dicho sea de paso, fue bautizada cuando "dos-niños" se ahogaron en ella; ahora esto me suena a ironía barata). Nado pero nada: la corriente no me deja avanzar y cada ola intenta engullirme, pasando sobre mi cabeza y tirando de mí hacia el fondo con corrientes espirales. Sigo nadando; sólo retrocedo. Con la siguiente ola trago el equivalente a un vaso de cubata lleno de agua del mar. Angustia. Nado a tope, ya con desesperación, negándome a terminar de creer que mi destino sea morir aquí y ahora. Con un pie, consigo rozar la arena, pero la siguiente ola me vuelve a llevar fuera de calo. Otra ola. Me voy al fondo. Trago más agua. Empiezo a pensar que, sí, es mi destino morir aquí y ahora. Toda mi vida NO pasa rápidamente ante mis ojos. Sólo recuerdo otro día, hace 15 años, que me ocurrió algo parecido en otra playa (El Vilar, también en Ferrol) y el verano pasado, que casi estiro la pata de una infección de garganta. Pero esta vez parece que va en serio. Y no tengo derecho a quejarme ni a angustiarme: son gajes del oficio, cosas que pasan cuando uno decide pasar de banderas y desafiar a un Neptuno que hoy se ha levantado con el pie izquierdo. Sí, el viejo Dios de los Mares quiere que mi cadáver hinchado sea comida para sus peces. Es ley de vida y pienso en "Open water" (ojo: un link en cada palabra) aquella pinícula sobre una pareja que se queda tirada en el mar y acaba ahogándose, devorada por todo tipo de monstruos marinos. Es ley de muerte y pienso en todos los peces que me he comido yo a lo largo de mi corta existencia. ¿Corta? Vas a morir a la edad de Cristo. Mi cerebro piensa todo esto a velocidades de vértigo, aceptando poco a poco el inevitable final, pero mis brazos no le acompañan y nadan con simpar violencia. Contracorriente. Gracias a Dios, en estos casos mi cuerpo desobedece a la mente, no escucha el canto de las sirenas y se limita a nadar. Sólo queda en él instinto de supervivencia, una fuerza implacable que me obliga a nadar porque me va la vida en ello. Trago más agua y a mi cerebro le falta oxígeno pero sigo nadando y soy como el perrito de plástico rojo que tenía de pequeño: giraba sus patitas hacia atrás y, gracias a la acción de una goma, éstas aleteaban de tal forma que, al meterlo en el agua, nadaba a toda velocidad (hoy hay gitanos que venden pecesplástico parecidos). Yo igual. Nado muy por encima de mis posibilidades… hasta que pongo un pie en la arena. ¡Hago pie! ¿Lo he logrado? No sé: ahora me da un calambre. ¡Argh! Pero… No hay dolor. No hay frío. La situación se me antoja irreal, mas esto no es sueño. Por eso mi cuerpo sigue nadando, nadando y nadando. En una pesadilla ya me habría despertado hace tiempo. Aquí podría dormir para siempre flotando. Al fin, en pleno día consigo ganar mi pulso con la muerte, hija de la noche y hermana del sueño. ¿Pero qué estoy diciendo? La falta de oxígeno en mis neuronas me hace pensar tonterías. Si estoy vivo, es porque los dioses, por H o por B, han decidido prorrogar mi estancia en este purgatorio, prolongar mi cautiverio en la cárcel del cuerpo. Y otra vez será…

Cuando, tambaleante, voy saliendo del agua, un socorrista me pregunta si quiero ayuda. Le digo que a buenas horas, mangasverdes (o chaleco naranja). No tengo muchos, pero me he salvado por los pelos. "Claro, es que te has ido lejos y creí que estabas a tu bola. No te metas más de la rodilla". ¿Lo decía en serio o el tipo sabía que me estaba ahogando y sólo esperaba a ver qué pasaba? ¿Era un castigo por irme de su zona de vigilancia? Son cosas que no sabré nunca. Ni falta que me hace…

Vagabundeo por la playa, tosiendo por el agua tragada y cojeando por los gemelos tironeados: "Cof, cof, hijalagranputa, has estado a punto", mascullo golpeando la orilla del mar. Casi diría que "he vuelto a nacer", si no fuera porque el mar, como una madre cruel y posesiva, no empujaba para que saliera al mundo, sino que me chupaba hacia su inmenso útero. Y, sin embargo, muy a su pesar, mi renacimiento contra natura se produjo. Como un zombi tuberculoso, sigo arrastrándome por la playa, buscando mi toalla mientras rumio pensamientos negros como el chapapote. A lo lejos, la bandera roja-sangre se ríe de mí, ondeando sobre un cielo sin nubes. Yo renqueo y escupo algas saladas, fingiendo que no la veo… Pero el rumor del oleaje le da la razón.

oliñas veñen... 

("Mientras tanto…". Polaroid de Iván Zulueta).

 

3) En las barbas de Poseidón.

"Todo resulta ridículo cuando se piensa en la muerte".
Thomas Bernhard. 

¿Por qué Poseidón habrá querido llevarme con él al fondo de los mares? Es la pregunta que me hago ahora una y otra y otra vez, cuando ya me encuentro lejos de los océanos galaicos, sentado en mi cómodo butacón de reflexiones con vistas a la Dimensión Desconocida. No sé… Tal vez ese viejo barbas se quedó prendado de mí (como dicen en los cuentos), porque no hay que olvidar que el tipo era medio mondrigas… Y todo un pichabrava, sí señor. A ver, repasemos su trayectoria: primero, nace de Rea y su padre (mi admirado y odiado Cronos) se lo come. Zeus obligó a su papá a vomitarlo. Cuando estaba allí, recién potado… ¿quién le iba a decir al pobre Poseidón que llegaría a convertirse en dios de los siete mares?  Lo malo es que, al reinar en los océanos, a Poseidón se le subió el poder a la cabeza ("dale un carguito y verás quién es fulanito", decía Galactus). Y empezó a follar como un jabato. La ninfa Anfítrite, que fue su esposa, le sabía a poco, así que se pasó por la piedra todo lo que se le puso a tiro: desde alevines de su mismo sexo (como el hermoso Pélope) hasta familiares (su nieta Alope), o la mortal Tiro o Medusa (la infeliz que dió con sus huesos en Los Cuatro Fantásticos)… ah, también violó a Cenis, que luego le pidió el deseo de convertirse en hombre, transformándose así en el primer transexual del Olimpo. Entonces, si le va todo, si le da igual 8 que 80… ¿por qué no iba Poseidón a encapricharse conmigo? Por suerte, yo fui más constante que Deméter al rechazar sus avances y, al final, pude quitármelo de encima. Si no, hoy aún descansaría bajo las aguas, sodomizado por Poseidón y felado por Janas. Qué papeleta…

Como muerte, preferiría morir ahogado que languidecer en una aséptica habitación de hospital, si bien tengo claro que, salvo que decida suicidarme, mi opinión cuenta poco en este aspecto. Sólo puedo decir que, de momento, se me ha concedido una prórroga: he vivido para contarlo (nunca mejor dicho). Ya en Madrid, lejos del tridente de Neptuno, hurgo en mi zulo-biblioteca y releo en el diccionario de símbolos de Cirlot el (inmutable, ambiguo) sentido del Mar:

"Agente transitivo y mediador entre lo no formal (aire, gases) y lo formal (tierra, sólido) y, análogamente, entre la vida y la muerte. El mar, los océanos, se consideran así como la fuente de la vida y el final de la misma. "Volver al mar" es como "retornar a la madre", morir."

Hablando un poco de todo: ¿habría sido, esta, una muerte perfecta, digna de aparecer en un top 10 necrófilo? No, padre. Para nada. Tal vez el año pasado. Esta temporada, amo la vida y amo el amor. Como Julio. Además, aún no he terminado de leer "El lobo solitario y su cachorro". Voy por el tomo 14…

¡raaaaaca!

(Poseidón. Estatua de bronce. Museo Arqueológico Nacional, Atenas).