INFANTA CAFEÍNA
Vamos a añadir posteos a la serie Enemigos de Morfeo, que la tenemos un poquito abandonada. Hoy le toca el turno, cómo no, a la pérfida cafeína, una droga más puñetera de lo que parece, aunque goza de muy buena prensa, siendo aún más aceptada por la Sociedad esa que el mismísimo alcoholazo. No voy a hablar ahora de lo bien o mal que sienta un cafetito después de comer o una Coca Cola Zero después de copular, por nombrar las dos bebidas cafeínicas más populares. Menos cuatro pajerotes mal contados, casi todo el mundo sabe lo que es eso.
A mí, por regla general, la cafeína me sienta como un tiro a bocajarro: me jode el estómago, me pone nervioso, me suelta el vientre y, sobre todo, me quita el sueño durante horas. Intento dormir, pero no lo consigo. Me desvela incluso más que la cocaína (aunque dicen los expertos que la perica de hoy en día se adultera con grandes cantidades de cafeína y otros polvos mágicos). Yo noto la diferencia. Con la coca, me hago un par de pajones castellanos y me quedo frito. Con el café se me forma una bola de nervios en el estómago que no me la quito ni a tiro limpio.
Además, he leído por ahí que si consumes habitualmente cafés te expones a padecer hipotensión, gastritis o cáncer, entre otras cosas. Esto no me preocupa: de algo hay que morir y no estoy seguro si estas enfermedades existen o son invenciones de la mafia médico-farmacológica para vender sus drogas legales. Lo que me aburre un poco es que la OMS se limite a asustar a las viejas con el tabaco y no diga nada de lo demás. ¿Es que humo que sale de los coches no provoca ninguna enfermedad mortal?
(Cafeína. Modelo molecular estereoscópico).
Según cuenta el neoliberal pseudojüngeriano Antonio Escohotado, "la cafeína produce un síndrome de abstinencia en mucho menos tiempo que opio, heroína y barbitúricos. Desde 1943 se sabe que un gramo diario de cafeína (equivalente a cinco tazas de exprés, o diez de café aguado), absorbido durante una semana, basta para inducir un cuadro carencial. (…) Poco después de recibir el placebo, el 55 por 100 de los sujetos padeció el dolor de cabeza más grande de su vida, acompañado por náuseas y vómitos, tensión muscular, ansiedad, incapacidad laboral, desasosiego y letargia".
Como siempre, el abuelo cebolleta de la droga exagera. Pero algo de eso hay: yo cuando me he metido grandes dosis de café por motivos bastante prosaicos (mayormente, currar y leer) no he pegado ojo en siglos, y eso que dicen que el efecto se diluye en unas horas. Y es que corre el bulo que el café estimula la atención intelectual, cuando más bien, como dice el viejo de la montaña de farla, "estimula el simple estado de vigilia, la resistencia al cansancio". ¿Posología y efectos secundarios? "Por vía oral, medio gramo equivale a unos 5 miligramos de dexanfetamina, con una acción de dos o tres horas que se caracterizan por sequedad de boca, disposición muy activa y cierta rigidez muscular, quizá acompañada por leves trastornos en la visión, como borrosidad pasajera o pequeñas partículas que cruzan el campo visual". Uuufff, esto parece el prospecto de unas pirulas de mala muerte. En cuanto a las indicaciones, dice el tito Escohotado que "lo que en algunos se manifiesta como locuacidad y extroversión procuce en otros el deseo de aislarse, vida interior, de acuerdo con el típico efecto polar de los estimulantes". No sé, pero el caso es que mezclado con trócolos de costo, la cafeína te puede sumir en un trance creativo impagable. Tal vez, la mejor combinación para escribir disparates (que deben ser revisados al día siguiente, a ver si entre ellos hay algo digno de ser conservado). Lo malo es eso: que te cansas pronto y te irritas con más facilidad que si no hubieras tomado nada de nada. Por eso es mejor estar solo o bien acompañado de gente afín que no se sorprenda de tus repentinos ataques de mala hostia.
(Too much cofeee man! Ilustración de Shannon Wheeler).
Si estás ciego de cafeína y consigues conciliar el sueño, lo más probable es que tengas trips oníricos fugaces y acelerados. El genial rapper GZA, de los Wu-Tang Clan lo explicaba muy bien en "Coffee and Cigarrettes" (Jim Jarmusch, 2003): "Antes de dejar el café lo bebía sin parar todas las noches, hasta que me acostaba. Era para soñar más rápido. Como cuando ponen una cámara en un coche de carreras. Y sólo ves… fiu-fiu-fiu. Así eran mis sueños: flashes". Efectiviwonder…

(GZA, RZA y Bill Murray en "Coffee and Cigarrettes").
Escarbando en mis archivos oníricos, he encontrado este curioso sueño, que tuve cierta noche cafeínica: había tomado unos cinco cafés con leche a lo largo de la tarde y varios cubatas con mucha Coca Cola y poco güisqui de madrugá, mientras leía "Reflexiones sobre el Padrenuestro" de Huxley. Esto es lo que salió de la explosiva mezcolanza:
Me despierto en una casa alargada, luminosa y fresca como un invernadero acristalado y arcaico. Miro un reloj de arena y me doy cuenta de que llego tarde a pescar. Así que me pongo a desayunar y a preparar cosas con gran rapidez. Cambio objetos de sitio para dejar la casa en paz, preparo el carterín y corro de un lugar a otro buscando un objeto que me hace falta para el trabajo pero no recuerdo qué es. De pronto, a mi izquierda, algo se mueve. Miro hacia uno de los enormes ventanales que dan a otra casa y veo a una de mis vecinitas trasteando en la cocina y moviéndose con rapidez: parece que ella también tiene prisa. No saludo por timidez matutina, pero tampoco me molesta su presencia, aunque la asocio a juergas noctámbulas. Voy corriendo hacia el baño y encuentro lo que busco: la bañera: había olvidado darme una ducha para despejarme bien. Enciendo la minitele que hay frente al baño para escuchar música negra de la MTV mientras me ducho. Me detengo un rato viendo un video de R&B en el que salen muchas negras en biquini, mientras abro la bañera. Pero apago el receptor porque tanto la música como la imagen están aceleradas. Me quito el pijama y, cuando voy a meterme en la ducha veo que dentro hay un enorme bicho, una especie de cucaracha prehistórica del tamaño de un niño de 8 años. El infraser no me asusta ni me da asco, pero intento barrerlo con el chorro de la ducha y colarlo por el agujero del desagüe. Pero no se cuela: es demasiado grande y yo sigo dándole con el chorro y se le caen las alas y las escamas y la carne con la presión del agua. Mueve sus patitas pero no consigue salir. Meto una pierna en la bañera y le doy más potencia al agua ardiente. Fffffffffffffffssssssssssssssshhhhhh. Saltan chispas y todo se llena de vapor. Le doy y le doy al bicho pero no muere, aunque sólo le quedan ya los huesos y se parece más al esqueleto de un alien que a una cucaracha prehistórica; ahora patea y lucha por salir de la ducha y casi lo consigue, pero yo consigo hacer que retroceda con un nuevo chorrazo de agua hirviendo. Y, mientras me pregunto cómo es posible que ese enorme bicho pueda sobrevivir y moverse siendo sólo un montón de huesos macilentos, me despierto.
Y ahora escribo esto, maravillándome de los efectos oníricos de la cafeína y de la lectura del Huxley más religioso. Y me pregunto: ¿era ese insecto un pecado que no soy capaz de colar por el desagüe de mi paraíso terrenal? I dunno…
