Septiembre 22, 2006

LA EXTRAÑA NADA

Canciones para escuchar solo. Canciones cuesta arriba para preparar una inmersión en sábanas heladas. Antinanas para "madrugás" oscuras del alma. Canciones inciertas como la zona crepuscular en la que se hunde Occidente. Canciones "aguafiestas" (que diría el Elderly). Eso es lo que buscamos para nuestro Cancionero Onírico y lo que hacía Benito Moreno (Sevilla, 1940), pintor y cantautor de profundidad abisal cuya voz es mi banda sonora particular en este desgarrador cambio de estación. Cantautor heterodoxo, malditísimo y casi desconocido, Benito llegó a mis oídos a través de una cinta que me grabó el Zurdo cuando aún se grababan cintas y no CDs, en justo pago por descubrirle yo a Sr. Chinarro que, de alguna manera, podría considerarse el único heredero conceptual del increíble Sr. Benito, en su misión de descifrar la cara oculta de una Andalucía perdida. O, mejor, digamos que el Sr. Moreno fue una suerte de protochinarro adulto, con menos magia y (a veces) más crudeza. A Moreno le duele España, Sevilla y Andalucía. Y le pesa la vida como un saco de patatas podridas y llenas de gusarapos futboleros. A Chinarro también, pero lo lleva mejor (tal vez porque es del Betis, como mi abuelo). Ambos, miran el mundo desde vasos/parabrisas de distintos colores, pero el mismo material: cristal oscuro.
Me resulta difícil quedarme con una sola canción en una obra tan… completa como la de Moreno, pero si alguien me metiera una recortada en la boca para que me quedara con una de ellas, sería "Sueño de sombras", sin duda (qué casualidad) la que mejor encaja en la horma de la zapatilla dildodrómica. Estremecedora letra, una de las más logradas de Benito (junto a "Topacio", "Sevillano", "Mujer" o "Cuando todos se caen") aderezada por un austero acompañamiento: tambores de procesión (que también utilizaría Chinarro) y un racial y seco guitarreo. Pero, por encima de todo, sobresale la recia, cortante, rota, viril y hondísima voz del Sr. Benito cantando por pesadillas. Una canción magistral, sabiamente incrustada en la cara B del disco más tenebroso, sólido, conceptual y demoledor de Moreno (y, casi casi, de las Sevillas). Su título: "Mis sombras completas". Año de publicación: 1978. En portada: negra mosca inmóvil proyectando su larga sombra sobre una blanca pared, dibujada por el propio Moreno (que hoy se dedica sólo a pintar). En contraportada: la parte baja de un paso de la semana santa sevillana, fotografiado en riguroso blanco y negro, bajo el que vemos las maltrechas piernas de los sufridos (y pobres) penitentes, como metáfora visual de lo que hay dentro: las tripas de Sevilla. En fin, que si no fuera porque existe Chinarro y sus óperas, alguien podría decir aquello de "ya no se hacen discos como los de antes". Pero sí se encuentran: como no se vendió en su día (ni ha sido reeditada en CD), es muy fácil hacerse con toda la discografía (en vinilo negro) de Moreno, en tiendas de segunda mano como la madrileña Metralleta. Ahora nos toca pinchar uno de esos discos para reescuchar esta fascinante joya de azabache. Con ustedes, "Sueños de sombras". Amargos, amargos…
 
"Cuanto me cuesta acostarme
Ir hacia esa extraña nada
Que no llega a acostumbrarme
Ni a su noche ni a su almohada
Ni a la veleta que chilla
Ni al hierro frío de la verja
Que golpea mi pesadilla
Ni a la risa de la vieja
Que baja saltando el muro
Blando del blanco jardín
Seguida por el verdugo
Que huele a negro candil
Sus cuchicheos y el chasquido
De pies que pisan deprisa
Y ahí siguen si, no, se han ido
Tras el siseo de la brisa
Ni a la sombra del espejo
Del vaiven de aquel ropero
Ni al olor áspero y viejo
De la tinta del tintero
Y luego hay que acostumbrarse
Al tiro de la mañana
Y quitar y cepillarse
Los sueños de la mirada".
zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz 
(Le somme. Ilustración de Benito Moreno). 

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