SUEÑO HASÍDICO
"Mitos, sueños y misterios" es una fascinante recopilación de artículos de Mircea Eliade (1907-1986) publicada en 1957 por la editorial francesa Gallimard y traducida al castellano en 2001 por Kairós. En ella, el eminente historiador de las religiones explora los laberintos de la mística, la mitología y la psicología, llegando a conclusiones tan interesantes como la siguiente: "en los universos oníricos es posible volver a encontrar los símbolos, las imágenes, las figuras y los sucesos que constituyen las mitologías".
Uno de los momentos más interesantes y dildodrómicos del libro es el sueño de Eisik, incluido en el capítulo "Simbolismo religioso y valoración de la angustia". Se trata de una historia hasídica que ilustra a las mil maravillas el misterio del reencuentro:
"Es la historia del rabino Eisik, de Cracovia, que el orientalista Heinrich Zimmer desenterró de los Khassidischen Bücher, de Martin Buber. Este piadoso rabino, Eisik de Cracovia, tuvo un sueño que le impelía ir a Praga. Allí, bajo el gran puente que llevaba al castillo real, descubriría un tesoro escondido. El sueño se reprodujo en tres ocasiones, y el rabino se decidió a partir. Una vez en Praga, halló el puente, pero se hallaba vigilado día y noche por centinelas. Eisik no osó buscar el tesoro. Al merodear por los alrededores acabó atrayendo la atención de capitán de la guardia, que le preguntó amablemente si había perdido algo. Con toda sinceridad, el rabino le contó el sueño. El oficial se echó a reír: "¡Pobre hombre!", le dijo. "¿De veras has gastado las suelas de los zapatos sólo por un sueño? ¿Qué persona razonable creería en un sueño?". El oficial también había escuchado una voz en sueños: "Me hablaba de Cracovia, me ordenaba ir allí y hallar un gran tesoro en la casa de un rabino llamado Eisik, hijo de Jekel. El tesoro estaba en un rincón polvoriento, enterrado tras el horno". Pero el oficial no concedía credibilidad alguna a las voces de los sueños, era una persona razonable. El rabino se inclinó profundamente, le dio las gracias y se apresuró a regresar a Cracovia. Buscó en el rincón abandonado de su casa y descubrió el tesoro que puso fin a su miseria.
"Así pues", comenta Heinrich Zimmer, "el verdadero tesoro, el que pone fin a nuestra miseria y nuestros sufrimientos, nunca está lejos, y por ello no hace falta buscarlo en un país lejano, pues se halla enterrado en las partes más íntimas de nuestra propia casa, es decir, de nuestro propio ser. Está detrás del horno, el centro de vida y calor que rige nuestra existencia, en el hondón del corazón, y si supiésemos buscar lo hallaríamos. Pero se da el hecho extraño y constante de que solamente tras un piadoso viaje a una región lejana de un país extranjero, en una tierra nueva, se nos podrá revelar el significado de esta voz interior que guía nuestra búsqueda. Y a este hecho extraño y constante se añade otro, a saber, que quien nos revele el sentido de nuestro misterioso viaje interior debe ser, él mismo, un extraño, de otro credo y de otra raza."

(Carl Gustav Jung y Mircea Eliade barruntando
los símbolos del Cuento de la Buena Pipa).
