SADOMASOQUISMO AUDITIVO

October 10, 2006
"El hombre es y seguirá siendo un animal. Aquí una bestia de presa, allí una mascota casera, pero siempre un animal".
Joseph Goebbels. 
 
¡Alabado sea Dios! Por fin he visto en vivo a uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos: los brutales Whitehouse, reyes del hardcore electrónico, expertos en ultraviolencia sónica y griterío obsceno. Únicos, incluso dentro de la etiqueta industrial/experimental. Raros entre los raros que pululan por esa merienda de perros verdes llamada "música de culto". Extremos hasta en un mundo terminal en el que las violaciones y asesinatos de niñas, las autocastraciones o el canibalismo son el pan nuestro de cada día.
¿Que cómo le salió este tumor en el culo al amondrigonado mundo de la música electrónica? Es una larga historia… En 1980, William Bennett (Edinburgh, Reino Unido, 1960) crea Whitehouse con un viejo sintetizador, para dar salida a sus más bajos instintos, en forma de explosiones de ruido electrónico que él bautizaría como "sonido dominatrix", retroalimentándose con la escena noise japonesa. Dos años después, Philip Best (de 14 primaveras) se escapa de casa para ir a un concierto de Whitehouse en el Spanish Anarchist’s Centre… y se une al proyecto. Por último, entra en el grupo Peter Sotos, creador de "Pure" (primer fanzine de la Historia consagrado a glosar fazañas de asesinos) y primera persona de la Historia que pasó una temporada a la sombra por trastear con pornografía infantil. Por aquel entonces, aún se decía: "mira qué fachas, han metido en el trullo a un tío sólo por sacar a una niña en pelotas en la portada de su fanzine". Hoy, las Autoridades y sus medios de propaganda han conseguido cambiar las volubles opiniones de las masas, convirtiendo al pedófilo en nuevo "hombre del saco" (al no poder domesticarlo, como hicieron con el homosexual).
Peter Sotos aguantó en Whitehouse hasta 2002, año en el que dejó el grupo para centrarse en sus libros y alguna grabación loca. Desde entonces, Whitehouse es un dúo. Con o sin Sotos, con o sin la producción de Steve Albini, con o sin las portadas del gran Trevor Brown, Whitehouse es y seguirá siendo una banda terrorista, que sólo existe para transformar en ondas sónicas la violencia, la depravación, la locura, el caos. Así suena el infierno. Ahí late el misterio de la nueva carne: Whitehouse violan a los ordenadores, sodomizan a la técnica para arrancarle alaridos de agonía animal. Grita puta. Chilla, máquina asquerosa. Siente el dolor. Siente el placer. Y, mientras torturan a sus aparatos, William y Philip envuelven sus alaridos de predicador nazi con un doloroso celofán digital, para gritar cosas que nadie se atrevería a repetir. Pero no, aquí no hay nada gratuito, todo obecece a unas estructuras tan rígidas como bestiales: texto, ruido, ambiente y clímax unidos para joder el oído humano. Como botón de muestra, el clásico "Rigth to kill":
"That’s yours
That body’s yours
Beat it
Fuck it
Dominate, mutilate, strangulate
Rape and bugger it
Kill it
Eat it
It’s your right to kill
It’s your nature
The ultimate pleasure
Kill! kill! kill!
It’s your fucking right to kill
It’s your fucking nature
Kill! Kill! Kill!
It’s my right to kill!" 
mujer maltratada 
 (Blasphemy, ilustración de Trevor Brown).
 
Pero aún no he terminado contigo, puta Whitehouse. Queda el concierto. Ese recital de pesadilla que dieron en un lugar tan arty como La Casa Encendida, en un festival tan modelno como Experimenta Club, reventando los aparatos auditivos de los lacayos de las maquinillas. Por supuesto, no disfruté del concierto al 100%: me habría molado ver a este par de cabrones en el año 84, en su mejor momento, cuando usaban sólo dos sintes oxidados y tocaban para cuatro enajenados, enfermos y pervertidos. (Como también me habría gustado más ver a Suicide en un local de mala muerte del Nueva York de finales de los 70, que en el Sónar, ya avalados por la crítica guay). Pero esto es lo que hay y, además, yo no descubrí a Whitehouse hasta principios de los 90: eran la banda sonora de una exposición del dibujante extremo y portadista del grupo Miguelangel Martín. No voy a decir que ahora Whitehouse sea una propuesta digerible ni, mucho menos, comercial. Pero sí están algo amondrigonados. El soniquete era rompetímpanos, sí, pero tenía demasiados beats y no hacía sangrar los oídos: según me dijo Gerardo Cartón (del sello Pias) la culpa la  tuvieron los progres de la Casa Encendida, que bajaron el volumen. Por lo demás, todo correcto, aunque, en directo, prefiero a Esplendor Geométrico. Frente a la fría estampa de Esplendor, Whitehouse tienen cosas casi roqueras: sobreactúan: se quitan las camisas, sacan la lengua, se tocan el paquete a lo Michael Jackson, hacen todo tipo de gestos obscenos, se retuercen los pezones y ponen caras de malos, convirtiéndose en la encarnación musical de un par de pervertidos follaniños y asesinos al estilo de los que salían en "Hostel". (Pero, bueno, Iggy también daba miedo en la era "Fun house", cuando se cortaba con cristales dándole al público una ducha de sangre, y mírenlo ahora: haciendo anuncios de Varvatos). Esa sobreactuación es, por otro lado, esencial: demuestra que, mientras dura su performance, William Bennett (voces, instrumentos, Sony) y Philip Best (voces, instrumentos, Roland) son los amos y nosotros los esclavos. Ellos disfrutan violando nuestros tímpanos, y nosotros nos sometemos. Algunos, con más resignación que otros, que les tiran colillas, monedas, insultos, botes de cerveza y otros inventos a los regocijados sádicos sónicos. El paisanaje que fue a ver a Whitehouse estaba lleno de propios y extraños, todos ello shockeados por aquella horrísona tortura china: Alberto del oscuro fanzine "Maldoror", Eva de Solex, Andrés Noarbe de Rotor… Cada uno de su padre y de su madre, sí, pero todos vinculados al mundo de las músicas rarasrarasraras. Abundadaban, eso también, los enajenados, los pajeros extraviados, tipos que te imaginas perfectamente merodeando puertas de colegios con una gabardina rellena de caramelos o consultando las páginas de S/M en revistas de contactos. Y no sigo, porque es difícil transmitir el ambiente que reina en un concierto de Whitehouse: es una experiencia extrema que hay que experimentar con la parte más bestial de los cinco sentidos, con ese lado de la mente que aún nos queda por explorar: esa neurona mutante donde se unen la bestia y la máquina. Esta es, sin duda, la única forma de sufrir el sonido del siglo XXI, un cacofónico pelotazo auditivo ideal para acompañar estos tiempos desquiciados. Dentro de 100 años, todos sordos.    
amos del ruido 
 (William Bennett y Philip Best: en su sonora salsa).

Comments

The URI to TrackBack this entry is: http://dildodrome.blogsome.com/2006/10/10/sadomasoquismo-auditivo/trackback/

No comments yet.

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Sorry, the comment form is closed at this time.