SUEÑO Y ENFERMEDAD (I)
Dentro de la categoría Historia del Sueño, se me ha ocurrido dedicarle algunos posteos a la relación entre sueño y enfermedad. Hablaremos de cómo influyen los estados febriles en la calidad de los sueños, de narcolepsia, sonambulismo, hipersomnia, bruxismo nocturno y otras desagradables dolencias, que siempre son fruto, como toda enfermedad, de un trastorno espiritual.
Pero empezaremos hoy por una cita, extraída con alicates de la masterpiece de la literatura rusa "Crimen y castigo", de Fiódor Dostoyevski. Esboza bastante bien, y en pocas palabras, la influencia de la enfermedad en la calidad de los sueños y nos puede valer como calzador onírico para entrar en materia:
"Cuando una persona se encuentra indispuesta, sus sueños se distinguen a menudo por una intensidad y un relieve inusitados y por un cuadro monstruoso; pero el ambiente y el proceso entero de toda su formación alcanzan tal verosimilitud y tienen detalles tan sutiles e imprevistos, aunque se hallan en consonancia artística con el cuadro en su totalidad, que, en vela, el propio soñador no podría inventarlos ni aún siendo un artista de la talla de Pushkin o de Turguéniev. Esos sueños, sueños morbosos, se recuerdan siempre durante mucho tiempo y producen una profunda impresión en el organismo alterado y ya agitado del hombre".

Constantine’s Dream (1466), fresco de Pierro della Francesca.
