VISIONES DE UN FUTURO PASADO DE ROSCA
"Dios se retira".
Léon Bloy.
Nono y yo nos paseamos con absoluta tranquilidad por un mundo en ruinas. Hace tiempo ya, se desencadenó una gran catástrofe que destruyó gran parte de los edificios y mató a la mitad de la población mundial. El sueño se desarrolla en tres escenarios. Aunque aquí los he separado cada uno bajo un título, para diferenciar fases, en el sueño pasábamos de un lugar a otro con absoluta naturalidad.
1) La No-Fiesta de Blas. Junto a otros amigos, nos colamos en una fiesta ofrecida por el dibujante underground Olaf Ladousse y su señora. Nos recibe esta última que, a regañadientes, nos sirve copas. En mi tiempo de vigilia, nunca he estado en el domicilio de Olaf, pero en este sueño es una casa grande, llena de objetos de arte pop y muy desordenada, polvorienta y ruinosa tras el último temblor de tierra. Cuando ya llevamos alguna copa de más, Nono dice: "me da algo de corte estar aquí: no hemos traído ni una mísera botella y estamos bebiendo como cosacos". Yo respondo: "pues vámonos". Al salir, pasamos junto a una puerta entreabierta y no podemos evitar mirar: vemos a Olaf pintando una versión cubista de una electroflequillo que posa a cuatro patas, vestida con medias de puta, conjunto de raída lencería íntima y bozal de perra. El artista se da cuenta de que lo espiamos y se vuelve hacia nosotros, mostrándonos su rostro enfebrecido y macilento y clavándonos una mirada enloquecida, drogada, alucinada… Llega su novia y justifica la escena a gritos: "¡no lo hace por placer! ¡Necesitamos dinero! ¡Fuera, fuera de aquí!". Salimos de la casa con cajas destempladas y, bajando las escaleras, comentamos el incidente. Yo digo: "pues me gustan más esas deconstrucciones cubistas de pilinguis electroflequillos que lo que hacía antes". Nono contesta parafraseando a Hölderlin: "está claro: ¿para qué poetas en tiempos de indigencia?".
2) El Paso del Mar Rojo fosforescente. Paseamos por una Roma devastada por latigazos apocalípticos y medio inundada de sangre. Pasamos por la Ciudad del Vaticano y sólo quedan en pie un par de cúpulas. Nono quiere entrar a ver lo que queda de la Capilla Sixtina. Entramos y un guía viejo, seco y jorobado vestido con uniforme gris nos guía por un laberinto de escombros. Subimos por una escalera de caracol y recorremos un tambaleante andamio colgante. Miramos abajo y las paredes están repletas de biblias viejas. Siento vértigo porque estamos muy altos y el andamio se mueve mucho. Contemplamos los hermosos frescos que aún adornan la cúpula: se suceden Ghirlandaio, Botticelli, Perugnio… El guía nos recita de carrerilla la historia oculta de las pinturas. Pronto, el recorrido se acaba y bajamos por otra escalera de caracol para salir a la calle. Nono me pregunta si me ha gustado y contesto con sinceridad: "no sé si me ha vuelto la fiebre, porque los colores me han parecido extraños, demasiado fuertes, casi fosforesentes". Ella replica: "sí, a mí también me pareció que tenían luz propia: tal vez sea cosa de la radiación".
3) Fruta podrida. Ahora vagabundeamos por un lugar que parece Túnez. También está todo destruido, pero se nota menos porque en el Tercer Mundo las ruinas ya eran muy comunes antes del Gran Terremoto. Improvisamos un velo para que Nono no llame la atención: desde que no existe el turismo, en estos países todas las mujeres van tapadas. Llegamos a un mercado callejero, donde miserables comerciantes vestidos con harapos venden frutas prohibidas medio podridas. Nono va a comprar una y, mientras espero, veo a un mendigo sanguinolento, greñudo, crístico, de piel mugrienta, que se arrastra por el suelo y se pone en pie al verme, me señala y me mira fijamente. Su visión me produce escalofríos y escapo, escondiéndome entre las ruinas de un mercado de piedra. Asomo la cabeza tras un trozo de viga rota y veo con horror que el mendigo me sigue. Corro sobre los escombros, pero él se mueve más rápido y me acorrala en una esquina. Yo grito: "¿Qué quieres de mí? ¡No tengo nada! ¡Déjame en paz, vagabundo!" Y él contesta, riendo: "Vagabundo, vagabundo… ¿Y dónde está tu casa? ¿Quién no es vagabundo en estos tiempos de locura y terremotos?".

(Ruin. Fotografía de Ken Rockwell).
