TRIUNFAN BASTOS
"No sé qué ha sido de la critica constructiva. Ahora es un palo o una ovación, y a por la siguiente".
David Lynch.
1) LA GRAN COMILONA. La semana pasada me vi inmerso en un periplo gastronómico por Barcelona que, amén de recordarme una vez más a La grande bouffe, me llevó a degustar los oníricos manjares del gran Ferrán Adriá; un señor grande en todos los sentidos: como cocinero y como barriguitas, aunque in person tiene un punto catalufo que da cierto repelús, un aire de destripador que esconde cadáveres en el sótano: su mirada es tan inquietante, enloquecida y huidiza como la de un Jordi Costa, salvando las kilométricas distancias. A pesar de todo, no hay duda de que Adriá es un mostro del bocadito, de la exquisitez y de la ocurrencia culinaria. Mi paladar pudo comprobar que no es un montaje, como Almodóvar o Antonio López: todo lo que se dice de él es cierto. ¿Mis manjares favoritos? Las escopiñas con aire de limón, el cangrejo cantonés, el risotto de pistachos tiernos y las navajas al jengibre y coco. Mmmmm. Pero creo que comí demasiado: la gula me llevó a degustar todos los platos y bebidas y, al día siguiente, los dioses me pasaron la factura correspondiente. Tras la pleamar, la bajamar. Tras el placer gustativo, la tortura estomacal. Y, así, me levanté convertido en una hélice que giraba, expulsando vómito por la boca y chorros de caca por el culo. Son gajes del oficio…
(No, no es un globo blanco de El Prisionero, sino un helado de ceps a la parrilla.
No, no es de Adriá; es de Joan Roca).
2) KARPOV, ZURDOZ, MYSTERIOV Y VIKOV. En estos tiempos de consenso, la sangre nunca llega al río. Tras cuatro días lejos de la tiranía del Mac, regreso al gallinero virtual esperando degustar la poplémica (Sic) a tres bandas entre La Mueca, Karpov y Vico y… ¿qué me encuentro? Que todos (menos el tercero) han borrado las digitales huellas de sus mazazos y sólo puedo enterarme de la película por lo que me han contado terceras personas (o el tercer hombre, sí). ¿Y qué pienso yo? (Porque, aunque parezca lo contrario, poca vela he tenido en este entierro: estaba en Barna, moviendo el bigote… y luego obrando). Pues, por un lado, me entristece que El Zurdo use mis palabras -extraídas de e-mails PRIVADOS, battentes e intransferibles- como armamento de quita y pon para sus entuertos sin consultarme antes. ¿Qué te hubiera costado, Fernando, pedirme algo más elaborado, menos indiscreto e insultante, que no salpicara fuera del orinal? Por otro lado, el texto de Charlie (supongo que también publicado sin su permiso) era bastante desafortunado: vale que los palos de Karpov hacia mi persona fueran desencaminadísimos, ya que él no me conoce de nada; pero que alguien más cercano a mí, como Mr. Mysterio, me asocie al "high bussiness" (jajajaja) y afirme sin rubor que me he "reciclado inteligentemente al mundo de la moda" demuestra que sabe bien poco de mi día a día. Siento decepcionarle, monsignore, pero no soy más que un redactor a sueldo de una revista de tendencias. Es un negocio como otro cualquiera, el mío, tan válido como hacer churros, especular con casas, recoger basura, traficar con órganos, rodar cine porno, vender fanzines o fabricar ceniceros con latas de Fanta. Y si mientras tanto lo pasamos bien (como es mi caso) pues mejor que mejor. Pero es evidente que hay cosas, tanto en el plano físico como en el espiritual, que son mucho más importantes para mi que el trabajo. Como supongo que para Karpov, que tanto critica de oídas mis presuntos "negociados", serán más importantes sus disquitos, sus conciertitos o su bloguito indie que su curro como consultorito (o así) y su impecable y desconcertante centralita de datos (descubierta por Dashiell Vicov) usada para hacer meritajes a empleadito del mes. Y es que, con esas credenciales, ir de dilettante repartidor de bastos laborales queda, no sé… ¿rarito? "Y cada palo con su vela y con su hoguera", que diría Chinarrov.
(Como bien dice Adolfito Karpovín -AKA David Morán- en su otra bitácora, "y es que parece que, cada vez más, es necesario tener un blog si quieres demostrar tu valía como empleado").
3. UN ALA DE MEDIO K. Finalizo este tríptico dantesco con otra anécdota diurna, no algo sucedido en sueños o pesadillas (aunque, por tercera vez, lo parezca). Hace poco, coincidí en una fiesta con el periodista Josep Sandoval, que me contó una preciosa anécdota sobre mi admirado Pocholo Martínez-Bordiu, que demuestra que hay pijazos mucho más entrañables y maravillosamente locos que ciertos rebeldes de la opulencia que sólo atentan de boquilla, con una mano el la entrepierna y otra en la cartera. Palabrita de Sr. Sandoval:
"Cuando estaba en Tómbola, un día recibí una llamada de Pocholo, que me dice:
-Oye, que me han preguntado si quiero ir a Tómbola y te llamo a ver si les puedo pedir medio kilo, porque es lo que cuesta un ala delta que me quiero comprar.
Yo le dije que, sí, que era un buen precio por ir al programa y que me parecía bien. Y, al cabo de un rato, me vuelve a llamar Pocholo y dice:
-¡Hey, Josep! Nada, tío, qué putada: que he hablado con los de Tómbola y dicen que me dan un millón, no medio. ¿Y ahora qué coño hago yo con dos alas delta? ¡Yo quería una, no dos!"
(Risas enlatadas).

(Pocholazo ya tiene ala: así le luce el pelo).
