EL TOP DE LOS POETAS SUICIDAS

October 31, 2006
"Suicidarse es subirse en marcha a un coche fúnebre".
Jardiel Poncela. 
 
Gracias a una reedición tardía pescada al vuelo, he podido degustar la "Antología de poetas suicidas" de José Luis Gallero, publicada por la editorial Ardora. Su lectura me ha fascinado incluso más que otros cult books de este autor ("Sólo se vive una vez", sin duda el mejor volumen jamás impreso sobre la dichosa Movida madrileña, o el interesante poemario "88 fragmentos"). Al llegar a la última página, saqué una pequeña conclusión: (casi) todo aquel poeta que no acabe suicidándose es un mondrigas y un impostor. Además, elaboré un top 13 (13 entre 63) con los rimadores que, por H o por B, mejor me habían caído a lo largo de la lectura del libro. Una opinión subjetivísima, dado que a mí, personalmente, la poesía psé: conozco 4 cosas y me gustan 2 (en su inmensa mayoría místicas). Pero, eso sí, suicidios me gustan todos, aunque algunos más que otros. He aquí un puñado de ellos que no están nada mal.
"Cada muerte renueva el misterio de estar vivo", dice Gallero en sus "Prédicas". Sí, señor. Y cada suicidio le quita al mundo un gran peso de encima. Feliz día de Todos los Santos, queridos espantos.
 
1) JON MIRANDE (París, 1925 - 1972). El primer (y sospecho que último) poeta pedoabertnazi. Definido por Xabier Lete como "una de las personalidades más singulares de la literatura euskérica", Mirande escribió versos simbolistas de una incorrección política extrema y, a veces, hasta impublicable, siendo marginal incluso en los círculos abertzales: despreciaba el pacifismo, el cristianismo y la democracia y simpatizaba con algunas ideas nazis, aunque siempre manteniéndose fiel a la causa de liberación de Euskal Herria. Maldito entre malditos, no sólo escribió en bretón y en vasco, sino que jamás se cortó ni medio pelo a la hora de elegir la temática de sus obras: prostitución, onanismo, muerte heróica… Su ideal era el paganismo precristiano de los celtas, la "raza superior". Su nabokoviana novela "La ahijada" describe el romance entre una niña de 11 años y un hombre de 30 que, al final, se suicidan. Como también se suicidó Mirande, claro, en la nochebuena de 1965, con una SOBREDOSIS DE BARBITÚRICOS.  
"Si hoy de nuevo volvieras a nosotros,
vástago de judíos, te aseguro
¡que con mis propias manos te crucificaría!" 
¿nabokov euskaldún o baudelaire abertnazi?  
2) CESARE PAVESE (Santo Stefano, 1908-Turín, 1950). Un auténtico don pésimo, que se autodefinió "maestro en el arte de no gozar". El éxito material no consiguió sacarlo de su eterno estado de melancolía y las mujeres no hacían más que agravar sus angustias. En 1935 dio con sus huesos en la cárcel por pasar correspondencia a su gran amor, la militante comunista Tina. Al salir de la cárcel, descubre que ella se ha casado y cae en una depresión. En 1946, su triunfo profesional coincide con otro descalabro sentimental. Y luego otros dos. En 1950, a los 42 años, escribe en su diario: "Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más". Reserva una habitación en un hotel junto a la estación de Turín y SE TOMA 16 ENVASES DE SOMNÍFEROS que le paran en seco el corazón. 
"Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada".
¿don pésimo o don peor?
3) JOSÉ ASUNCIÓN SILVA (Bogotá, 1865-1896). Poeta sin pretensiones, precursor del modernismo, amigo de Wilde y Mallarmé, Silva fue un gentleman obsesionado por el lujo: amaba las joyas, los buenos trajes, el arte, el té chino, los libros caros y los cigarrillos turcos. Para él, esas cosas importaban más que cualquier ser vivo y, por ello, no se le conocen romances. Su suicidio es sencillamente impecable: a los 30 años, tras escribir la novela "La sobremesa" (desaparecida en un naufragio), va al médico y le obliga a dibujar sobre su pecho el lugar exacto del corazón. Entonces celebra una party por todo lo alto y, como fin de fiesta, se coloca una esponja junto al costado de su frac, para evitar que la sangre manche la pechera, y SE PEGA UN TIRO en el pecho que acaba con su vida.
"Entre las tumbas
del antiguo cementerio
Lázaro estaba, sollozando a solas
y envidiando a los muertos".
dandismo autodestructivo
4) THOMAS LOVELL BEDDOES (Clifton, 1803-Basilea, 1849). Lo tenía todo. Era rico y elegante y triunfó como matasanos, fisiólogo y catedrático de anatomía. Pero le perdió la obsesión. Obsesión por su "Libro de chanzas de la muerte", al que dedicó 20 años pero nunca dio por concluido. Obsesión por la bebida y por los hombres (sí, era mondrigas) que le obligó a llevar una vida de nómada por toda Europa. Y obsesión por la política, que provocó que fuera vetado en todas partes. A los 46 años se tira por la ventana, con tan mala  pata que sólo se rompe una pierna. Seis meses después, lo vuelve a intentar con el VENENO y le va mejor: se muere escupiendo sangre entre retortijones de barriga. Así muere un poeta que rendía desde sus versos un gótico culto a la muerte:
"Mas si curar quieres tu corazón
del amor y sus resentimientos,
entonces muere, querida, muere".
choteándose de la muerte
5) COSTAS CARIOTAKIS (Trípoli, 1896-Prévesa, 1928). Elogiado por Palamás y venerado (post mortem) por la bohemia ateniense, Cariotakis publicó varios libros en los que, según dicen los expertos, "rompió con el esteticismo de su época". A los 31 años, se arroja al Mediterráneo, pero las corrientes lo devuelven a la orilla y el mar lo vomita a la tierra. Él se va a casa, descansa, desayuna como un señor, se pone su mejor traje y compra una pistola. Tras un paseito por la playa, SE DISPARA UN BALAZO bajo un eucalipto. El proyectil remató lo que la náusea y el mar empezaron.
"Si por lo menos alguno de estos
reventara de asco…
tristes, taciturnos, circunspectos,
podríamos todos reírnos en el entierro".
6) HEINRICH VON KLEIST (Francfort, 1777-Postdam, 1811). Aunque su vocación era la música, Kleist ingresa en el ejército a los 14 años por tradición familiar, pues descendía de mariscales y generales. Pero, tras perder a sus padres, deja el ejército y se matricula en la universidad, donde pierde su fe en la ciencia tras leer a Kant. Así que lo deja todo y se retira a los Alpes suizos, para dedicarse a cultivar la tierra y escribir poesía. Poco después, le entra el gusanillo bélico y vuelve a la civilización: su vida se convierte en un ir y venir entre ejércitos y ciudades, entre brotes de locura y fracasos teatrales. Malgasta una herencia en un periódico que dura dos días. Poco después, intenta convencer a su prima María que se suicide con él, pero ella se niega. Conoce a Henriette Vogel, señora del tesorero del Rey, y se hacen íntimos. Ella sí acepta la propuesta suicida. Tras un feliz paseo por el lago Wannsee, Kleist dispara a su amiga en el corazón y luego SE VUELA LA CABEZA. Unos días antes había escrito: "Mi vida, la más atrozmente llena de toda clase de tormentos que haya vivido un hombre, va a quedar compensada por la más dulce de las muertes".   
necesito una amiga (para suicidarme)
7) JACQUES RIGAUT (París, 1899-1929). Si bien fue un destacado poeta dadaísta, los mayores logros de Rigaut, a mi bizarro juicio, fueron los siguientes: a) Fundar la Agencia General del Suicidio en Montparnasse, para convencer de que acabaran con su vida a los indecisos y ofrecer suicidios "a la carta" (desde 5 hasta 500 francos). b) Conseguir la inmortalidad literaria inspirando al personaje protagonista de "El fuego fatuo", la obra maestra de su amigo Pierre Drieu LaRochelle. c) PEGARSE UN TIRO a los 30 años, tras una vida llena de problemas tóxicos y un extraño matrimonio con una millonaria. Él mismo nos lo advirtió en su genial poema "Todos los espejos llevan mi nombre":
"Intenten, si pueden, detener a un hombre que viaja con su suicidio en el ojal".
podemos suicidarnos por usted
8) JUSTO ALEJO (Formariz, 1936-Madrid, 1979). No fue el típico suicida avinagrado, sino un gran lector, editor, caminante, padre y hombre de sonrisa perpetua. Escribía poemas de forma compulsiva, sin pompas ni aspavientos, publicándolos en libros anónimos o firmados con seudónimos que deformaban su verdadero nombre. Un mediodía de 1979, se vistió de gala y SE TIRÓ DESDE LA CUARTA PLANTA DEL MINISTERIO DEL AIRE, donde era suboficial del departamento de psicología. Tal vez este oscuro y lapidario poema arroje algo de luz sobre su airoso final:
"Hoy
(ese día fatal     negror beodo
ya TODO
para NADA)
se le ha caído para siempre el alma a los pies
el santo al suelo".
 
9) ATTILA JÓZSEF (Budapest, 1905-Balatonszársó, 1937). Huérfano, neurótico clínico y pobre como una rata, este poeta pasó de la efímera dolce vita que le regaló su benefactor, el barón Hatvang, a realizar los curritos más miserables. József fue, además, militante trotskista durante un lustro y un brillante jugador de ajedrez. Su vida era pura bohemia: pasaba la noche discutiendo en tertulias desquiciadas y, al volver a casa, se exprimía el alma y vomitaba poemas definidos por los que saben de estas cosas como "a medio camino entre la vanguardia y la tradición popular". Pero lo que a nosotros nos interesa es que, un atardecer de diciembre, József SE TUMBA EN LA VÍA DEL TREN junto al lago Balatan y… el tren se detiene unos metros antes al matar a otro suicida. Años después, el poeta vuelve a intentarlo, en el mismo sitio y de la misma forma y, a la segunda va la vencida: el monstruo de hierro convierte su cuerpo en pulpa.
"¡Socorredme!
chiquillos, que cuando ella pase,
revienten vuestros ojos puros". 
¿por dónde pasa el tren? por la vía...
10) FABRICE GRAVERAUX (París, 1956-Viareggio, 1982). Poeta locuelo, visceral, que a punto estuvo de editar un libro a pachas con Joan Miró. Da igual. Nunca hubiera superado a la disparatada obra maestra de su muerte. Fabrice rompe con una amiga suya y ella se niega a devolverle unos poemas, así que él se persona una noche su el domicilio, justo cuando ella celebra una fiesta. Fabrice le pide los poemas a gritos pero ella se niega en redondo a devolvérselos. Delante de todos, Fabrice SE CORTA LAS VENAS y sale corriendo como un juramentado. Nadie lo alcanza y desaparece en las tinieblas. Al día siguiente, la policía encuentra su cadáver en una avenida de tilos, en las afueras de Viareggio. Lo mejor de todo: pocos días antes, Graveraux envió a todos sus amigos una postal donde aparecía una imagen de la avenida donde moriría desangrado. Su poesía sólo podía ser así, tan instintiva como demencial:
"INCONTINENTI agostado en traje de esfínter
cuya voltereta
gélida en el ser del pinchazo
para un oral jeroglífico del octópodo".
11) VLADIMIR MAIAKOVSKI (Bagdadi, 1893-Moscú, 1930). Escritor todoterreno, excepcional, excéntrico y, en principio, bolchevique. La mujer de su vida fue Lili, escultora y bailarina casada con un amigo suyo. Convertido en artista-insignia de la revolución, su alma rara y su culo inquieto hicieron que fuera acusado de albergar tendencias anarquistas y de hacer poemas incomprensibles para los obreros. Desilusionado con el curso de la revolución, estrenó "El baño", un mazazo a la burocracia estalinista. La crítica, la juventud y sus amigos le dieron la espalda. Verónica, la actriz de la que se había enamorado en esos tiempos, también pasó de él. Así las cosas, SE VUELA LA TAPA DE LOS SESOS una mañana de primavera, a los 37 años. Un lustro después, Stalin declaró a Maiakovski el mejor poeta de la era soviética. Sus últimos versos reflejan el quid de su postura vital (o, mejor dicho, mortal):
"En esta vida
        morir no es difícil.
Mucho más difícil
        es hacer la vida".   
muere y deja morir
12) MARIO DE SÁ CARNEIRO (Lisboa, 1890-París, 1916). Amigo del muermo de Pessoa, intentó junto a él agitar el modernismo luso, basculando siempre entre el simbolismo y la vanguardia. Escribió toda su obra en sólo dos años: 1915 y 1916. A los 25, le envió a Pessoa un único capítulo de su novela perdida "Indicios de Ouro" (bonito y berlanguiano título). Luego se puso un smoking y SE ATIBORRÓ DE ESTRICNINA hasta reventar. A mi, personalmente, me gusta muchísimo más Carneiro que el insulso y gris Pessoa. Suyos son algunos de los mayores mazazos propinados en lengua portuguesa. Botón de muestra:
"En lugar de paje, bufón presuntuoso…
Su alma de nieve, asco de vómito…
Su ánimo cantado como indómito,
un lacayo invertido y bullicioso".
o repartidor dos bastos 
13) GABRIEL FERRATER (Reus, 1922-San Cugat, 1972). Según los expertos, este hombre es autor de los poemas de amor más desesperados y, al mismo tiempo, más divertidos de la lengua catalufa. Gil de Biedma lo calificó de "inteligentísimo" y también de "radicalmente inepto para la vida práctica". Aún así, sobrevive Ferrater trabajando como lector, ensayista, crítico de arte, traductor y profesor-lingüista. Gabriel siempre había querido suicidarse, fijando los 50 años el límite de su vida. Y, aunque estaba felizmente casado, decidió ser fiel a su promesa y, poco antes de cumplir el medio siglo, SE TOMÓ UNA SOBERDOSIS DE BARBITÚRICOS Y SE ATÓ UNA BOLSA DE PLÁSTICO A LA CABEZA hasta estirar la pata. Su atracción por el ataud era tan morbosa como algunos de sus poemas:
"Cuando los gusanos
hagan una cena fría con mi cuerpo
encontrarán un dejo de tí".
50: it's the final countdown 

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