En la biblia del budismo zen "Los tres pilares del zen", del roshi Philip Kapleau, dentro del capítulo dedicado a dokusanes de Yasutani roshi con monjes zen occidentales me encontré con el siguiente diálogo:
Estudiante: En su plática de anoche dijo usted que cuando nos fuéramos a la cama no nos separáramos del koan, sino que siguiéramos preguntándonos aun durante el sueño. Me olvido del koan durante el sueño porque sueño mucho. El mundo de los sueños parece ser un mundo totalmente aparte de "¿quién soy yo?" Soñar es una pérdida de tiempo y de energía. ¿Cómo podría evitarlo?
Roshi: Por lo general, la gente activa que tiene poco tiempo para dormir sueña ocasionalmente, mientras que los que duermen mucho tienen cantidad de sueños. Asimismo, aquellos que tienen mucho tiempo libre suelen soñar mucho, como los que duermen tendidos sobre la espalda. Una forma de evitar que sueñes es dormir menos. Te darás cuenta por los dibujos que el Buda reclinado descansa sobre el lado derecho. Por varios motivos ésta es una buena postura para dormir.
(El roshi Philip Kaleau iluminando el corazón del bosque).
Dentro del budismo zen, existe otro libro clave que ahora desempolvo: "Preguntas a un maestro zen" del roshi Taisen Deshimaru. En él se recoge la reveladora entrevista discípulo/maestro que transcribo a continuación:
Pregunta: Cuando me despierto siempre me acuerdo de mis sueños. ¿Debo darles importancia o no?
Respuesta: Usted se acuerda de sus sueños porque su cerebro está fatigado. Todo el mundo sueña. El cuerpo duerme pero el espíritu permanece despierto y sueña. Si el cerebro tiene buena salud, uno olvida sus sueños al despertarse. También se sueña cuando se duerme a medias, y en este caso las impresiones permanecen al despertar. Algunos quieren continuar sus sueños y se levantan fatigados. Hay que olvidarlos, dejarlos pasar, no hay que perseguir el recuerdo de los sueños.
Pregunta: ¿Cambia algo el hecho de analizar los sueños?
Respuesta: No es necesario.
Pregunta: ¿No tienen ningún valor los sueños?
Respuesta: Los sueños os vuelven complicados. Los shocks y las impresiones de la vida cotidiana, el karma de vuestro cerebro, los shocks registrados por vuestras neuronas aparecen durante el sueño. El zazen también provoca la aparición de las ilusiones de vuestro subconsciente, pero en unas condiciones muy diferentes. Cuando se sueña no se sabe qué se sueña. Tomemos un ejemplo famoso en el Zen: un hombre sueña que se pasea por la calle una noche de invierno. De pronto ve en el suelo una bolsa llena de monedas. ¿Qué hacer? Quiere cogerla pero está firmemente pegada al hielo. Orina sobre el hielo para fundirlo y tira de la bolsa con todas sus fuerzas. Pero ¡ay! ¿De dónde viene ese dolor? El hombre se despierta. ¡En lugar del cielo estrellado ve el cielo de su habitación, sus manos se aferran a sus testículos doloridos y la cama está empapada!
Esto es lo único real del sueño… Cuando se sueña, no se sabe dónde está la realidad. Durante el zazen es fácil saberlo. Se pueden ver las propias ilusiones, el karma, objetivamente. En el sueño todo es confuso: los temores, los impactos, el pasado, las impresiones. Durante el zazen, el espíritu es como un espejo en el que podemos ver reflejado todo el subconsciente. Uno puede darse cuenta de que tal o cual deseo no es tan importante. No se tiene miedo, uno puede observarse a sí mismo. No es lo mismo que el sueño. No hay que apegarse a los sueños, ni siquiera a su recuerdo. Durante el zazen no hay que atarse a los pensamientos ni correr detrás de las ilusiones. Hay que dejar pasar, dejar pasar… Surge la semilla de un pensamiento, después otra… Hay que dejar pasar… Después del zazen podemos sentir que el cerebro está claro, tranquilo. Los sueños tienen la misma misión pero no es preciso acordarse de ellos. Es mejor olvidarlos.
(El roshi Taisen Deshimaru haciendo zazen).