LOS COCHES QUE CHOCAN

November 27, 2006
"El viajar es un placer / que nos suele suceder. / En el auto de papá / nos iremos a pasear. Vamos de paseo, pi pi pi / en un auto feo, pi pi pi / pero no me importa, pi pi pi / porque llevo torta, pi pi pi".
Los Payasos de la Tele.
 
Estoy en Ferrol.  Entro en un coche con mi padre (que en mis sueños suele aparecer vivo). Él conduce y yo voy en el asiento de atrás, en plan taxi. El coche está escondico entre la vegetación, en una zona de campos mustios llenos de cosas oxidadas. Yo estoy como ahora, pero mi padre no ha envejecido y se conserva tal como estaba en el año de su muerte. El coche es un destartalado Ford Orion blanco al que le falta una puerta y anda a trancas y barrancas. A veces se cala y hay que tirar del aire.
prefiero el coche de san fernando... 
Vamos a unos veinte kilómetros por hora, pero pronto llegamos al centro y subimos por la empinada cuesta de la Calle de los Muertos. Al llegar a la Plaza de Canido, aparece otro coche frente a nosotros, conducido por Palito, un chaval que venía conmigo a clase en octavo de EGB. No me caía ni bien ni mal: era un pijillo ajeno a mi mundo (como yo al suyo) y nos ignorábamos mutuamente. No entiendo muy bien su presencia en el sueño, pero ahí está, conduciendo un reluciente Seat 850 rojo que viene hacia nuestro coche y nos embiste de frente. El choque es brutal y aplasta todo el morro del Ford Orion, pero a mi padre y a mi no nos pasa nada. Bajamos del coche y, aunque mi padre no dice nada (sólo observa con rostro inexpresivo), yo discuto con Palito, que sonríe y me mira con gesto burlón. Yo me voy calentando y le digo: "Eres un hijoputa, querías matarnos". Y él, sin dejar de sonreir, contesta: "No, no seas cabrón, que ha sido un accidente, joder. Sólo jugaba a los autos locos". Llega otro coche, que se para al vernos para cotillear, y también un coche-patrulla. Pero nadie hace nada, sólo bajan del coche y observan cómo discutimos sin ninguna expresión en el rostro: parecen figuras de cera. Palito y yo seguimos enzarzados, insultándonos, sólo separados por un oxidado tendedero plegable, que se encuentra abierto entre nosotros. En un momento dado, caemos en el palo personal: yo le llamo enano a Palito y él, sin dejar de sonreir, me dice a mí algo que me saca de quicio: "Mira, sangras por la boca y se te caen los dientes". El comentario es casi cierto porque noto cómo se me mueven los dientes, aunque no se caen. Pero su comentario me ha crispado y pierdo el control de mis actos: agarro el tendedero oxidado y golpeo la cabeza de Palito con la esquina. En vano: ni sangra ni se inmuta ni se aparta. Sólo dice "¡ay!". Y yo sigo dándole tendederazos en su cabezón hasta que, de pronto, explota como si fuera el de un scanner. La explosión de la cabeza me deja la cara y la ropa llenas de sangre y trozos de cerebro que parecen fiambre. Luego vuelvo a subir al coche con mi padre y seguimos nuestro camino. Mientras conduce, sin apartar la vista de la carretera, me dice: "Has derramado sangre enemiga. Ya eres un hombre. Podemos llegar a nuestro destino". Delante, una señal de tráfico nos indica que faltan pocos kilómetros para llegar al cementerio de Catabois.  
kaa-choffff
 
Comentarios relacionados con el sueño: 
La imagen del padre está, según el diccionario cirlotiano, asociada íntimamente "a la del principio masculino, corresponde a lo consciente, por contraposición al sentido maternal del inconsciente. Es representado simbólicamente por los elementos aire y fuego. También por el fuego, la luz, los rayos y las armas. Así como el heroísmo es la actitud espiritual propia del hijo, el dominio es la potestad del padre. Por ello, éste representa el mundo de los mandamientos y prohibiciones morales, que pone obstáculos a la instintividad y a la subversión, por expresar también el origen".
 
El siguiente comentario es un fragmento leído en el texto zen "Cartas de Yaeko Iwasaki a Harada-roshi y sus comentarios": "La repentina muerte de su padre mostró a Yaeko con fuerza dramática lo efímero de la vida y la oscura realidad de la muerte, haciéndola reflexionar profundamente sobre el significado de la existencia humana. Hasta que el padre alcanzó la iluminación, Yaeko había escuchado la plática mensual de Harada-roshi en su casa, pero aún no deseaba recibir instrucción privada o practicar zazen. Este hecho, sin embargo, llevó a su madre, a sus dos hermanas y a la misma Yaeko a dedicarse regularmente al zazen".
caligrafía zen
(Shodo Harada-roshi: ideogramas iluminados). 
 

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