FOQUITAS A GOGÓ

November 29, 2006
"Cada loco con sus señoras y Dios en las de todos".
Trío de refranes recién fundidos en la máquina de La Mosca
 
1) LAS VENUS DEL ABUELO RUBENS. Hubo un tiempo en que mi gusto en señoras era todoterreno: igual me daba 8 que 80. Pero hoy por hoy, mi ideal de belleza o, más bien, de chica que me (la) sabe levantar está más cerca del Barroco que del siglo XXI. Mujeres carnosas, gorditas, orondas, celulíticas o como ustedes quieran llamarlas. Para entendernos: mujeres que tengan dónde agarrar. Por un beso de la flaca yo no daría ni un duro de los de antes. Pero las rellenitas son platos de buen gusto en Dildolandia. Ese físico, tan mal visto hoy gracias a los diseñadores mondrigas y a las mamás teleadictas, fue en su día ensalzado en los cuadros de Rubens. ¿Un ejemplo? Esa deliciosa Venus, que en un cuadro aparece de ligoteo con Adonis, ante los pelusones ojos de Cupido, que ha dejado su arco y le arrima la cebolleta al apuesto dios griego. Si nos fijamos en esta estampita, el ideal de belleza masculina apenas ha cambiado: hoy, como ayer, gustan los hombres atléticos, guapetones y viriles con un poco de melenita. Como Tom Cruise, pero más machirulo y menos mondrigonazo. Pero el ideal femenino no sólo ha dado un giro de 180 grados, yo diría que ha degenerado. Ahora gustan los palillos con tetas y labios, los pellejos con moreno de solarium o, peor aún, las recauchutadas vigilantes del playufo. En el Barroco gustaban hembras como las de Rubens: dulces y maternales, ultrafemeninas, sanotas, con cuerpos blancos y llenas de carnes y redondeces. La antítesis de esto serían espantapájaros posmodernos como ese repelente esqueleto que atiende por Victoria Beckham, esa campeona de natación a la que llaman Kate Moss (nada por delante y nada por detrás) o la descarnada mártir de la anorexia Ana Carolina Reston, muerta de hambre en plena edad de merecer. Son (era), en mi humilde opinión, tres sacos de huesos infollables: están (estaba) llenas de vicios, caprichos y mal rollo y no hay por donde cogerlas con las manos. Frente a ellas, la limpieza carnal y espiritual de la Venus de Rubens, su carita bondadosa, el carácter afable que dan la salud, la coyunda y los buenos alimentos. Todo lo que le gustaba a aquel "habilísimo pintor de figuras" de conducta "abyecta y libertina y humor brutal", a aquel viejo verde que siempre se tiraba a las adolescentes rollizas que usaba como modelos. Moraleja: las delgaduchas niñatas de hoy en día deberían hacerle caso a sus abuelitas y comer más perros con longanizas.
la venus entrándole a saco a un adonis (que pasa del niño y del perruco)
2) LAS SEÑORAS DEL TITO SAUDEK. Uno de los más fascinantes herederos contemporáneos de Rubens y demás barrocones es, sin duda, el fotógrafo checo Jan Saudek. Su propuesta es mucho más arriesgada que la de Rubens: en una época dominada por bellezas tristes, aburridas y photoshópicas como las que salen en las revistas de tendencias, Saudek apuesta en sus (pictóricas) fotos por todo tipo de beldades, despelotando gordas, flacas, enanas, gigantas, niñas, viejas, altas, bajas… y poniéndolas en posturas de alto (y extraño) voltaje eróticofestivo para buscar su lado sexy. Parafraseando a Raphael (el cantante mondrigas, que no el pintor renacentista) a Saudek "todas las chicas le gustan" o, como dice él, "every woman is the most beautiful in the world". Pero, como los pintores del Barroco, este señor tiene una morbosa predilección por las rellenitas, las gordas e incluso las "big mamas", esas señoronas de más de 100 kilos que también son hijas del Creador, tienen sus correspondientes aparatos reproductores y, por consiguiente, son follables, más allá de las ridículas (y antinaturales) imposiciones estéticas de una cultura terminal como la que nos ha tocado tragar. En cuanto a estilo y escenarios, se diría que Saudek lleva más de 40 años saliendo del tiempo para retratar a sus modelos: sus fotografías parecen transcurrir en un universo paralelo, oscuro y atemporal, lleno de locura y de amenazas latentes y molientes. Por eso, y porque no es tonto, el bueno de Jan no se deja influir por las desviaciones corporales del siglo XXI.
La editorial Taschen acaba de recopilar buena parte de la obra de Saudek en un tomo de 448 páginas, ideal para amenizar las noches de insomnio de aquellos onanistas que quieran combatir el ataque de los clones anoréxicos.
saudek rezándole a una de sus rollizas venus
3) LOS PUTONES DE PAPI RODNEY. Para terminar, vayamos un pasito palante, María. Este pasito nos lleva hasta el trono del llamado King of Cream (o, en román paladino, El Rey del Grumo) el brillante productor, director y actor porno yanqui Rodney Moore. Este tipo de grandes testículos y enorme verga, que acaba de entrar en el Hall of Fame de AVN (aproximadamente, un Paseo de las Estrellas del porno), trabaja principalmente tres tipos de tías: negras, peludas y gordas. Yo sólo he visto sus pelis de gordas (donde también sale alguna embarazada, puesto que toda preñada -menos la endemoniada Mia Farrow en "La semilla del Diablo"- suele tener unos kilitos de más) y puedo decir que son pequeñas obras maestras del vídeo XXX. ¿Por qué? Porque Rodney sabe follar, sabe crear situaciones sofocantes, sabe grabarlas y, lo más importante, sabe rastrear y cazar tías buenorras y ponerlas cachondas (o, por lo menos, eso parece). Como el abuelo Rubens. Aunque en los últimos tiempos su enorme éxito lo ha llevado a trabajar con mujeres más "convencionales", Rodney siempre ha tenido predilección por las "chubby girls", haciendo castings para hacerse con las chicas más hermosas, pesadas y calientes del mundo. Cualquier hombre (o mujer, o niño) interesado en las mujeres con sobrepeso, se masturbará como un condenado videando un DVD de la serie "Scale Bustin Babes", una colección de coitos con gorditas incrustados a machamartillo en situaciones de lo más trempante. Lejos del porno estandar, mister Moore abofetea a sus actrices, las araña, las escupe, las sodomiza bajo un falso váter negro y las folla a saco hasta por las orejas. Se corre en la cara, of course, pero no va más allá: es porno sano. Rodney no sólo sabe apreciar la auténtica belleza, esa hembra eterna ajena a las modas, sino que hace de ella un pandero. Lo dicho: un pajón castellano garantizado… si le gustan las señoras como los buenos dioses mandan.
bocato di cardinale 
 
 

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