TE LO JURO POR SAN CHINARRO*

December 4, 2006
"La gente tiene dificultades con el 3D. Sin ir más lejos, fíjese lo que ocurrió con el Cubo de Rubik. Es tres por tres, como un cubo de tatetí. Pero es sumamente difícil para una persona común".
Alexey Pajitnov.
 
ACABA DE SALIR A LA CALLE "EL MUNDO SEGÚN", nuevo CD del gran Sr. Chinarro. Yo lo tengo grabado y llevo escuchándolo un par de semanas (gajes del oficio periodístico), pero por respeto y devoción a Antonio Luque he esperado hasta hoy para postear esto. A pesar de poseer una copia pirata, compraré el disco religiosamente por dos motivos: para poseer el artwork rúbiko (y las letras) y para aportar mi granito de arena para que San Antonio (que ahora ya no curra en la fábrica de donuts y vive de la música) siga sacando discos por secula seculorum. Es puro egoísmo: el mundo del poprock sería tan aburrido sin él… Como diría el Dúo Sacapuntas: "Iiiihi. Aaaaaaarsaaa".
Empezamos este nuevo homenaje al único artista del mundo que se llama como el aguafiestas de los Payasos de la Tele con un sueño que tuve hace tiempo, pero que he guardado en la recámara hasta el día de hoy:
 
Sueño que Sr. Chinarro se convierte en un artista de masas: da macroconciertos, sale mucho por la tele, graba videoclips horteras con artistas invitados tipo Alejandro Sanz… ¡Le gusta hasta a mis primos! Tal vez por esto, me niego a ir a la cena de Navidad en casa de mis tíos: no quiero oír a Sr. Chinarro en su casa. Se lo comunico a ellos en una discusión familiar en la que mi madre me respalda y mi hermana calla. Acabo casi llegando a las manos con mis tíos discutiendo de música. Mi hermana se va llorando al baño y yo voy detrás a consolarla. Le pregunto el motivo de su llanto y me dice, entre lágrimas: "Estamos más solos que Chinarro en la lista de éxitos".
 
Obviamente, el sueño destapa un miedo tan tonto como real: que la progresiva comercialización de Chinarro, su apertura a nuevos públicos, influya en la calidad y la exquisitez de sus cosas. La realidad ha convertido mi temor onírico en algo ridículo. "El mundo según", primer CD de Antonio Luque en la discográfica Mushroom Pillow tras su fugaz paso por El Ejército Rojo, va un paso más allá en el proceso de depuración e iluminación de su música, que nació oscura y turbia y se vuelve cada vez más alta y clara. Este fenómeno afecta tanto a músicas como a letras mas no a la calidad del conjunto. Luque es sincero, no puede fingir: cuando le va mal compone lamentos y cuando le va bien (ahora) temitas pop de lo más felices. Pero, haga lo que haga, siempre lo hace bien (no en vano es un genio). Sus canciones son pequeños cubos de Rubik cada vez más fáciles de resolver… pero no por ello menos brillantes, personales y divertidos. "El mundo según" es un pleno al doce, otro discazo que Antonio nos entrega un poquito desordenado y nosotros, como buenos fans, vamos reconstruyendo en repetidas escuchas.
En la última (escucha) estas son, a bote pronto, mis impresiones sobre el disco (que mañana podrían mutar). Se abre con "Esplendor en la hierba", chinarrísima fantasía rural que encierra tanto misterio y maravilla en su letra y melodía como "El rito" o "El idilio": ¿Quién será ese barquero? ¿Y de qué van sus hijas? Toma misterios entre las flores. Continúa la cosa con "La decoración", excepcional primer single de fascinante letra y guitarras saltarinas que flotan "entre nubes de humo negro y de ruidos, como un cromo que estuviese repetido". ¿El tema? De graffittis y otros inventos urbanitas. Vamos a por la tercera: "Del montón", donde entran el folklore, el "asento" andalú que no oíamos desde "Nosequé nosecuántos" y un canto a las calabazas, o sea, a ese doloroso momento en el que una chica dice "no". Otro enigma se abre con "Ni lo sé ni lo quiero pensar", que convierte una invitación a comer en estampas de un mundo (según) increíble. Y "No dispares" plasma  uno de esos mágicos momentos de pareja que creíamos irreproducibles: Luque se asoma a la vega antes de irse a la cama con una hippie ("me da risa tu discurso comunista"). "La canción de G.G. Peningstone" es la gran sorpresa: una canción de cuna en alegre clave postduduá para Guillermito, el primogénito de Antonio Luque; sólo él y Carmen Santonja pueden escribir y cantar algo por el estilo sin caer en el ridículo más espantoso (recuerden la vainicosa "Nana de una madre muy madre"). "Gitana" es otra sevillanada (aunque Luque vive ahora en Málaga) que le reza a una de esas gitanas del romero a ritmo de post-flamenco-rock para que le eche la buenaventura y, de paso, destruya a sus enemigos: "préndeles fuego a mi alrededor", dice el condenao. En cuanto a "El lejano oeste", narra con parsimonia, nostalgia y ritmo de 2 CV un viaje juvenil a Portugal, transformándolo en un trip costumbrista que roza lo sagrado, tal vez por acción de ciertas setas que "no eran venenosas (menos mal)"; llama la atención el pegadizo, seudonaif e inquietante estribillo: "caaaampo, queeé booooniiitoooo el caaampo, vaaamos coon loos niiiños yyy coon las maaamás". "Angela", la nueve, vuelve a acelerar el ritmo para esbozar otro de esos personajes femeninos tan chinarrescos que, en esta ocasión, es más mala que la Channing y se cree muy punki con sus "plumas Falcon Crest". Desde "No, no… no" de Hombres G no oía hablar de mi culebrón favorito en una  canción. ¿La frase? "Fuera los botones, esto no es ningún hotel". En "Militar", se destripa y se supera la monotonía a través de los clarividentes ojos chinarros: un oficinista al estilo del "Juan" de Solera, lo deja todo para sentarse en un parque. Al contrario que García, Luque sí propone una salida al mundo alienante: tirar todo por la borda y echarse a la calle porque "yo no soy militar. Y en cualquier desfile, mi paso cambiado siempre irá". Un optimismo suicida flota en el ambiente. Cierra el disco "La última cena" o cómo poner punto final a un disco perfecto y a una relación torpe, reconociendo: "Nunca se yo cómo empezar, nunca se yo cómo acabar". Sí, he contado once, y me llevo una para el final: el track 10, "El mar de la tranquilidad", que, ahora mismo, es mi canción favorita del disco (aunque ayer me gustaba más "El lejano oeste" y anteayer prefería "Esplendor en la hierba"). Sobre un ritmo de poprockabilly chinarresco (toque de acordeón incluído) endeudado hasta las cejas con los mejores Smiths, Antonio Luque canta como un ángel su propia letra sobre el tema recurrente chico-se-liga-a-chica-y-se-la-lleva-a-casa-por-primera-vez. Hay un puñao de canciones sobre esta cuestión, unas son buenas y otras son malas, pero NUNCA, repito, NUNCA se había destilado tan bien (en letra, en música y en entonación) la maravillosa mezcla de euforia, inseguridad, emoción, irrealidad y triunfo que se pueden llegar a sentir en un momento como ese. Encima, incluye "sueño", palabra-fetiche de esta dormilona web. He aquí, pues, la letra de "El mar de la tranquilidad"; si quieren escuchar la música y la voz, no sean zoquetes y cómprense el disco.
 
"Ven conmigo a mi casa, la noche da miedo. Es la boca de un lobo, hay luna nueva, ¿no lo ves? Donde vuela el cuervo, en esa calle vivo, donde hay luces hay sombras, que no salga el sol. En tus manos frías, yerbas del balcón y un barco en la botella, así me siento yo. Y ya te tengo en medio de la habitación, parece un sueño, te doy el pellizco yo. Van hacia el techo burbujas de vinos que no son de la tierra. Tu y yo en el mar de la tranquilidad y otra vez a brindar, que me gusta a mi estar en el mar de la tranquilidad, junto a tí. Llega la luz del día tan rápidamente. Es un cuadro espantoso de palomas de la paz, que sin nosotros vuelan, no las quiero ver, con la persiana hasta abajo así estaremos bien. En tus manos frías, yerbas del balcón y algunas cartas marcadas de navegación. Y ya te tengo en medio de la habitación, parce un sueño te doy el pellizco yo. Estás para quitar el hipo, es  tan tonto mi truco de los sustos. Es nuestro el mar de la tranquilidad y otra vez a brindar, vamos a alucinar en el mar de la tranquilidad". 
otra masterpiece (y van 10)
*"San Chinarro es un nuevo barrio de Madrid, ahora mismo esta todo en obras. Para encontrar el parque tienes que ir a la estación de cercanías de Hortaleza. Una vez cruzas las vías sólo tienes que seguir recto y lo ves en un lateral de la carretera… Es sitio es extraño: el suelo es una puta mierda, el fun box psicodélico y la rampa no esta mal, un poco corta para mi gusto… En fin, algo extraño de cojones…"
Un vecino.