“El escritor que triunfa en una época es un hombre que simpatiza con las clases dominantes de esa época, cuyos intereses defiende y cuyos ideales interpreta, identificándose con ellos”. Upton Sinclair.
“Los habitantes del mundo de la cultura se dividen hoy en tres grupos: el muy pequeño de los espíritus libres, en el sentido nietzscheano del concepto, el de los que están con Prisa y el de los que quisieran estar con Prisa”. Manuel García Viñó.
En mayo de 2006, la editorial Txalaparta (Nafarroa, EH) publicó el libro que motiva este superpost: El País, la cultura como negocio. Yo no lo encontré en España, porque estaba completamente agotado. En diciembre del mismo año, un amigo de Gasteiz me lo trajo y pude por fin disfrutar de su lectura. En él, el ensayista, novelista, poeta y crítico literario Manuel García Viñó (miembro de “La fiera literaria” y protagonista de un violento incidente que lo enfrentó a Vicente Molina Foix en el desaparecido programa de Dragó Negro sobre blanco) disecciona con afilados bisturís el brazo cultureta del grupo PRISA, en concreto la novela basura vendida desde editoriales como Alfaguara y protegida por el diario El País (periódico que, como bien recuerda Viñó, es sospechoso ya desde sus raíces: aunque va de progre, fue autorizado por Franco y sus bases ideológicas descansan en el neoliberalismo más extremo; aunque va de republicano e independiente, le da más coba al Rey que La Razón -o casi-).
Viñó no sólo realiza un trabajo de investigación excelente, sino que, en un ejercicio de terrorismo cultural insólito para el siglo XXI, descuartiza el estilo y el contenido de decenas de novelas, dejando en evidencia el “retraso mental” y la pobreza de espíritu de los escritores polanquianos. Lo mejor del libro es que, aunque se limita a los intelectuales afectos al régimen prisano (a tomar por el ano), no olvida que los demás periódicos pro-Sistema (ABC, El Mundo y demás) también apoyan este gran timo de las novelitas desde sus suplementos culturales y también tienen sus escritores-basura (como De Prada o Gala). No es una crítica hecha desde las ciénagas evangelistas de la COPE (lo cual carecería de valor: ellos son tan neoliberales como Polanco) sino desde la extrema izquierda y la rabia nietzscheana. Yo he disfrutado como un enano leyendo el libro de Viñó, porque sus palos son salvajes y amarillentos, sí, pero razonados y aderezados con pruebas y ejemplos mil, fragmentos de novelas y artículos que me han ahorrado muchas horas de tediosa lectura de escritorzuelos de mesa de novedades. Unos juntaletras que se supone que forman nuestra “élite” intelectual y que venden libros como churros pero que, en realidad, no son más que un puñado de zotes cuyos infumables tochos acaban saldados en librerías de viejo sudamericanas.
NOTA: Antes de pasar al Top 10, que es lo que estáis esperando, permitidme ponerle algunas pegas al libro de Viñó que, aunque delicioso y muy bien escrito, no es, ni mucho menos, perfecto.
Primero, la irritante repetición de algunas citas, frases y conceptos.
Segundo, la mala edición del libro, lleno de faltas y erratas. Publicar un ensayo de crítica literaria demoledora y cometer esos fallos está muy feo.
En tercer lugar, el prólogo, escrito por Antonio García-Trevijano, dice muchas verdades del barquero, sí, pero me he enterado por una carta dirigida por un tal Paolo Cavallazzi al periódico de actualidad crítica Diagonal que el tal Trevijano no es, precisamente, un santo varón ligado al pensamiento antisistema, sino el hombre que “redactó la constitución de la antigua colonia española de Guinea Ecuatorial cuando el franquismo decidió graciosamente concederles la independencia”. La faceta republicana de Trevijano, continúa Cavallazzi, “no pasa de ser una mera oposición subjetiva al actual monarca, que se olvidó de él cuando llegó al poder”. Así que, como en ocurre en el 90% de los libros, es mejor saltarse el prólogo. (¿Cómo se le colaría a una editorial aparentemente intachable como Txalaparta un texto introductorio de un individuo tan poco recomendable como Trevijano? Ni idea). Para más información, recomiendo la lectura de la crítica zurdesca de este mismo libro, titulada Sin Prisa, mejor para la cultura.
Dicho esto, el Bestiario dildodrómico se complace en presentar la dichosa lista de los peores escritores paisanos. Y los ganadores son:
1) JAVIER MARÍAS. Viñó lo define como “una especie de Forrest Gump de la literatura; alguien que, con un coeficiente intelectual de menos del 70%, triunfa en una sociedad dominada por el marketing y los valores económicos. (…) Autor de Negra espalda del tiempo, el libro más pretencioso y ridículo que se ha escrito nunca”, es Marías “la persona que peor ha escrito castellano (o cualquier otra lengua) en todos los tiempos y lugares”. ¿Por qué? Porque “no sabe puntuar, destroza continuamente la sintaxis, carece de elegancia y estilo, es torpe en la adjetivación, tiene lenguaje de funcionario, es intelectualmente zafio, no sabe expresar lo que pretende porque no tiene las ideas claras ni conoce el significado de infinidad de palabras y expresiones, es sumamente pedante…”. También apunta Viñó la “incoherencia total de [sus] nada interesantes narraciones, entreveradas de digresiones insustanciales, y transcripciones, a veces de capítulos enteros, de otros libros, ajenos o propios”. Viñó pone muchos ejemplos, atroces fragmentos de noveluchas de Marías, pero yo me quedo con una sola frase: “Tengo la polla en su boca, pensé al tenerla”.

2) JUAN LUIS CEBRIÁN. El primer director de El País, ex jefe de los Servicios Informativos de la televisión de Franco y miembro de la Real Academia es definido por Viñó como un “infradotado literario” que “desconoce la lengua española y su gramática” y rellena las páginas de su novela (Francomoribundia) con “párrafos y párrafos de rupestres pinceladas costumbristas, digresiones inoportunas, chistes malos, patochadas y memeces”. La adjetivación de este académico, dice Viñó, “es de novela de quiosco” y añade que “este tío es un felpudo en un día de lluvia” que “hace bueno a Gala” y, por no merecer, no es que no merezca ser académico, “es que no tiene derecho a sostener un bolígrafo bicolor. Antes debe pasar por la escuela primaria”. Una de las frases más deleznables que Cebrián pone en boca de su personaje (el, según él, entrañable Franco): “Un talante magnánimo resulta el mayor argumento para la construcción de la concordia”. ¿A que parece sacado de un discurso navideño del Rey>?

3) ALMUDENA GRANDES. Como Lucía Etxevarría, Rosa Montero, Rosa Regás y otras juntaletras aneuronales, forma parte del grupo que Viñó llama “las tontitas del Sistema”, caracterizado por escribir con el coño, tener jeta, tener tetas, plagiar y pensar que “ser moderna y liberada consiste en follar -o en hablar de follar- mucho y con cualquiera -no son selectivas- en cada página”. Las novelas de “Pollas Grandes” (como la llama Viñó, en tributo a los forajidos del Oeste, donde había un Pistolas Bill o un Relojes Johnny) tratan, básicamente, “de follar y comer vísceras o carne de cerdo con mucha pringue”. Y Almudena es “tan contraria a las buenas y bellas letras como adicta a las mollejas, las pollas y los culos deglutibles y fagocitables”; una mujer que se harta a “decir chorradas por no pensar antes de hablar” y que “no escribe más que sandeces”. Y como botón de muestra, una frase (aunque Almudena merecería una antología del disparate para ella solita): “Jamás follaría con un señor al que no le gustan las mollejas”. Ahí queda eso, señoras.

4) ANTONIO MUÑOZ MOLINA. Dice Viñó que el discurso de este rellenapáginas consiste en “una concatenación de comparaciones, metáforas, imágenes y otros tropos, tan rebuscados que la mayoría produce un efecto cómico”. Poco después, le suelta un mazazo a sus crédulos lectores: “Tomar por literariedad lo que no es más que pedantería, ignorancia, incontinencia verbal, enrevesamiento inútil y antinovelístico, y prueba de provincianismo mental, es algo que sólo se le podría perdonar a lectores muy trabajados por la publicidad”. Y dale que toma, toma que dale: “A veces, los rebuscamientos de Muñoz sobrepasan los límites del chiste involuntario”. Y, aunque nunca me he leído una novela de este tipo, las frases que reproduce Viñó no invitan mucho a hacerlo. Ahí van dos al azar: “Uno llega a los sitios cuando ya no le importan” (valiente soplapollez) o “después de los treinta años, cuando todo el mundo claudica hacia una decadencia más innoble que la vejez” (necia no, requetenecia generalización, sobre todo ahora, que uno acaba de terminarse el segundo tomo de “Pasados los setenta” de Jünger). También le echa en cara Viñó a Molina su insostenible, casi sabinesca, base ideológica, por ir de republicano en sus libros y artículos y, poco después, acudir a palacio cuando el Rey Don Juan Carlos “quiere entrevistarse con unos cuantos escritores malos, pues con otros no se entiende”.

5) MARUJA TORRES. Antes de pasar a los palos de Viñó, debo darle las gracias a esta gran dama de las letras, que atiende por Marujita, por hacerme ver que voy por buen camino. Cuando, en una de sus fétidas columnas, la Torres habló (sin rubor) en tono despectivo de los blogs, me dio fuerza para vivir y escribir este artículo: si a esta señora, que representa al Sistema, al Mal, al Capital, a la Cultura Establecida en toda su venérea opacidad, dice que los blogs son una mierda (menos los apadrinados por Polanco, supongo), es que el free blog es el último reducto de libertad que hay en el mundo (contra)cultural. Los blogs pueden ser, como los antiguos fanzines, a veces subjetivos, enloquecidos y pajeriles, pero los pocos que leo están bastante mejor escritos que “El País” (siempre lleno de faltas porque lo redactan becarios y enchufaos) o que las columnas y novelas-basura de Marujona.
Viñó dice de esta aristócrata del periodismo y la literatura que “castiga al lectorado paisano con catetas confidencias amorosas” y añade la siguiente y fundada acusación contra “El País”: “Que un periódico que presume de serio ceda una columna relevante de su contraportada para la propaganda de los delirios uterinos de una jubilada, sólo se explica porque estamos en el país que estamos, codicista y futbolero”. En cuanto a la jajaja narrativa de la Torres, Viñó dice que esta mujer “no sabe lo que es una novela”,que “está convencida que cualquiera puede escribirla” y que “para escribirla no hay más que ponerse a contar cosas”. Por eso “agobia al lector con noticias sobre realquilados, peleas en la escalera, fogones, fregados, contadores de gas, guisos, cacerolas y demás detalles domésticos, al estilo del más obsoleto costumbrismo. De vez en cuando, da también noticias de sí misma, y así cuenta que, a los seis años la llevaron a una academia y el director la sobó”. Tomen nota, mamis y papis: si alguien “molesta” a su hijita, puede que mayor tenga serios trastornos de la líbido y de la mente. Puede que de anciana se convierta en monstruo. Puede que el día de mañana sea… Maruja Torres.

6) JUAN JOSÉ MILLÁS. Detesto malgastar el tiempo. Por eso me vanaglorio aquí, públicamente, de no haber leído jamás una puta palabreja de este señor (ni de los otros integrantes de esta lista). Pero aquí está Viñó para describirme su “bananera” prosa. Dice, entre otras cosas, que Millás es un “infradotado literario” y que sus obras son tan malas como “los programas de televisión-basura y las revistas del corazón”. Peores, diría yo, porque, al fin y al cabo, éstos se venden como lo que son (cultura basura), y lo de Millás sería infracultura literaria disfrazada de “literatura de calidad” por la publicidad mentirosa y los críticos del Sistema. Por lo visto, Millás ha sido el encargado de abrir una nueva colección de novela “reality” de Alfaguara. Esto saca de quicio a Viñó, que afirma que, en su última obra, Millás se supera “como escritor, como sabueso, como psicólogo y como capullo”. La sensibilidad anal y el preescolar lirismo de Millás puede percibirse en un par de frases que cita el autor, la primera sonrojante y la segunda cabreante: 1ª) “Enseguida me di cuenta de que era un microcosmos de peces negros en el que había ido a caer inocentemente un pez de colores”. 2ª) “¿Por qué cuando dices que Ismael te tocaba el culo no te defendías?”. Viñó llama la atención sobre la pésima construcción de esta inteligentísima pregunta: “Nótese que, según redacta el gran escritor, cuando Nevenka se tenía que haber defendido era cuando lo decía, no cuando de facto, era palpada en el nalgar”. O en los glúteos, si lo prefieren las feministas.

7) ELVIRA LINDO. Tampoco me he rebajado a leer nada de esta tía, y mucho menos sabiendo que menosprecia lo que ella llama “las filosofías orientales” y dice que Wagner (uno de los mayores genios de la historia de la música) era “un pesado” y “era polaco” (además de pollina, vaga: si carece de cultura de base, con consultar la Wikipedia habría visto que Wagner nació en Alemania) me ha venido a la boca un apropiadísimo piropo para esta genial escritora: GASEABLE.
Pero no perdamos los papeles y sigamos con el libro de Viñó. Dice el crítico que Elvira, en su variante de nueva rica (presume de ir al gimnasio con Marisa de Borbón e Isabel Sartorius), “es la persona más hortera que habita en este arrugado trozo de roca y metal que llamamos tierra”; “sedicente demócrata y valiente, pero cobarde y de hábitos fascistas”. No sólo por amenazar desde su tribuna escrita a quien le da palos, sino por hacer “chanzas de nueva rica sobre el dolor humano: ella, (dice) no va a ver películas como Solas porque `están llenas de pobres [y ella] no tiene tiempo de sufrir´. ¡Hija de…!” Además de su nuevarriquez y de su estilo vulgar, “lleno de expresiones de satisfacción entre infantiloide y cateta”, Viñó destaca de la creadora de Manolito Gafotas su alta talla filosófica y conceptual, ejemplificada en frases tan sesudas y brillantes como “No me gustan los hombres que la tienen pequeña”, “¡Viva la sidra El Gaitero!” o “A mi gimnasio va lo mejorcito del Barrio de Salamanca”. Alguien de semejante altura intelectual sólo podría emparejarse con un hombre de su mismo nivel: Antonio Muñoz Molina. ¿Se imaginan sus diálogos post-coitum, si es que hay tal cosa?

8) JAVIER CERCAS. Su pseudonovela Soldados de Salamina lo convirtió en escritor mediático; poco después, fue abducido por Prisa. La mencionada obrita no es una novela, sino, como dice Viñó, un flojísimo y falso “reportaje periodístico” encumbrado por los lectores-ultracuerpos porque “la literatura basura se lee con rapidez, no exige el menor esfuerzo intelectual y permite a los acomplejados consumidores culturales de clase media presumir de lecturas literarias”. El autor no bucea en la historia de España, “sólo finge” para “justificar el olvido” y llegar a la (¿salomónica o sencillamente cobarde?) conclusión de que “en la Guerra Civil no hubo ni buenos ni malos, vencedores ni vencidos. Que tantos los unos como los otros fueron víctimas de la irracionalidad, como si la irracionalidad fuera la gripe. La legitimidad o ilegitimidad, moralidad o inmoralidad de los gérmenes de la actitud de uno u otros no importan. Escritores como estos son los que necesita el Sistema”. Por eso los hay a puñados. Y ahí están los Trueba para llevarlos al cine: ta-chán: Soldados de Salamina: tonto el que no lo lea y tonto el que no vea la película. Y fuera de clase el que, como Viñó, apunte un pequeño detalle: “En Salamina no hubo soldados, porque fue una batalla naval”.

9) ARTURO PÉREZ REVERTE. Otro ilustre vencedor de “esa Operación Triunfo en que se ha convertido la Real Academia”. Otro autor superventas que escribe para la masa, en esta ocasión, contando “historias que ya contaba (y de la misma forma en que las contaba) Alejandro Dumas. Otro autor que “no tiene estilo, que devuelve a la novela a sus primeros balbuceos, que no tiene imaginación creadora ni originalidad”. Otro autor que “tira palante de la manera más simple y cuenta unas cuantas peripecias, más o menos hilvanadas, sin poseer una cosmovisión”. Otro autor que, como Ussía, debe pensar que la literatura buena es un coñazo. Pérez Reverte, de la mano de Polanco y su Alfaguara, de El País y de la industria cultural española en general, es la coartada ideal para reclamar la desaparición de la literatura seria y la imposición de la de entretenimiento, que no plantee problemas éticos ni estéticos y que, como el mundo entero a través del NODO, está al alcance de todos los españoles, tan poco lectores ellos. (…) Literatura que no cuestione el mundo ni la sociedad”. Lo peor de Pérez Reverte es, en cualquier caso, su prepotencia extrema: parece como si creyera que por vender más libros y ser más conocido es mejor escritor que otros. Y más bien es todo lo contrario. “La mayoría nunca tiene la razón”, dijo Ibsen.

10) FERNANDO SAVATER. “¡Qué lejanos aquellos tiempos en los que los filósofos no tenían que cuidarse de los terroristas porque ellos eran los terroristas!” exclama un ex alumno de Savater en la revista universitaria Generación XXI. A mí no me gusta hacer leña del árbol caído y Savater está no sólo caído, sino cortado en leña, astillado en mondadientes y ardiendo en la chimenea más negra de Prisa. Pero, lo siento mucho, es que este sujeto me resulta tan sumamente antipático y agusanado en su sumisión al Sistema que, venga, vamos a hacer llover sobre mojado y que Viñó nos repita lo que siempre hemos pensado sobre él. En primer lugar, recuerda que Savater no es un filósofo, sino un profe de Filosofía y un articulista mediocre, autor de pobres ensayos y malísimas novelas. “No ha tenido el menor escrúpulo en subirse al carro del lamentable espectáculo del terrorismo/antiterrorismo”, afirma Viñó, y suma y sigue: “Que los bufones estén pasando por héroes es otra prueba de la inversión de valores e esta sociedad”. Savater es como un madelman: “tiene la misma cara en un cóctel que en un funeral”. Y es que, “como por méritos intelectuales le resultaba imposible, Prisa ha querido hacer de Savater una clonación de Sartre por el número de manifestaciones a las que asiste, ya que ni siquiera por feo se le puede comparar”. Estuve buscando por en el libro de Viñó alguna cita que demuestre el bajo nivel de este pensador de pacotilla, pero todas eran demasiado aburridas (y no, por el amor de Dios, no tengo libros del barbas invertido en casa) así que me quedo con sus frivolones latiguillos, que escupe una y otra vez por su repugnante bocaza cuando se deja caer por la caja burra (más a menudo de lo que el televidente sensible quisiera): “Me pareció graciosísimo”, “Qué divertido”, “A mí no me gusta nada, lo odio”, “Yo me reí muchísimo”. Estas cuatro frases-comodín lo mismo le valen a Savater para soltar en un entierro de una víctima de ETA, que en una manifestación de Basta Ya, que en una tertulia de la tele. Prueba definitiva de que para triunfar en el mundo de las letras castellanas, lo importante no es ser guapo, sino listo.