ONIRONAUTAS

February 9, 2007

El sueño era en color, ya sabes; él caminó hacia mi habitación, recto, a través de la pared, como si fuera humo o algo así, y me miró fijamente“.
Nancy, uno de los personajes de “Pesadilla en Elm Street”.

Hace unas semanas, tras una mesa redonda sobre blogs en Logroño, el dibujante y popólogo Mauro Entrialgo me habló de los sueños lúcidos: “Son aquellos en los que te das cuenta de que estás soñando”. No conocía este tipo de sueño, entre otras cosas porque nunca he tenido uno y creía que sólo pasaban en las pinículas de Freddy o de Amenábar, o en la cabecita del charlatanes como Jodorowsky. Pero he investigado un poco y parece que no sólo se producen, sino que, con práctica y voluntad, uno puede llegar a controlar el devenir de sus viajes oníricos. Lo más difícil es pasar el test de realidad, o sea, darte cuenta de que estás soñando: hay que hacer cosas como pellizcarse y notar que no duele o saltar y planear. Una vez que uno sabe que sueña, todo es posible: viajar en el tiempo, volar, follar con mujeres de tres coños, dos culos y diez tetas… Es interesante, pero no deja de constituir, como las drogas y otros escapismos, un “pan para hoy y hambre para mañana” espiritual. Estos sueños no te llevan hacia la Verdad ni hacia la iluminación. Son simples pasatiempos (muy divertidos, sí, pero nada más) y por eso ocupan un lugar secundario en el Dildódromo.

Aquellos que tienen la habilidad natural o adquirida de cobrar consciencia mientras sueñan dormidos se llaman onironautas.

Leo esto en la Wikipedia: “Los onironautas describen regularmente sus sueños como excitantes, fantásticos, llenos de color (se observan los colores mejor que en la misma realidad). Además, incluso han informado de sueños lúcidos que han tenido lugar en una especie de hiperrealidad, una realidad que se siente más real que el estado cotidiano de vigilia. En estos sueños todos los elementos del sueño están amplificados, por lo que a menudo comparan sus sueños con experiencias espirituales”. Esta comparación se me antoja odiosa y más falsa que un euro de madera: en una disciplina espiritual seria, esas sensaciones ilusorias siempre se tratan con sumo desprecio. En budismo zen, se llaman “makyo” a los fenómenos -visiones, alucinaciones, fantasías, revelaciones- que el practicante de Zen puede experimentar en cierta etapa de su práctica. “Ma” significa “diablo” y “kyo” sería el “mundo objetivo”. De modo que “makyo” son los fenómenos inquietantes o diabólicos que aparecen durante el zazen. Estos fenómenos no son en sí malos. Solamente se vuelven un problema serio en la práctica si se desconoce su verdadera naturaleza y se deja uno envolver por ellos. Hay que dejar pasar todo, incluso las alucinaciones más brillantes y placenteras, sin apegarse a ellas.

Sin embargo, hay un onironauta que me ha llamado especialmente la atención. Se trata de Francis Gutiérrez, un señor que dice poder inducir sueños lúcidos a través de un programa llamado Flashazo:

“El funcionamiento es bien simple: El programa cada cierto tiempo produce un destello fortísimo en la pantalla del ordenador, que se ve intensificado si la habitación donde está el ordenador se encuentra completamente a oscuras. El programa debe dejarse en funcionamiento CON EL MONITOR ENCENDIDO durante la noche, mientras el usuario duerme”.
A mí me suena a disparate poltergeistico y me recuerda a un cacharro llamado “megabrain” que un sueco loco me descubrió hace años o a la devastadora secta cienciológica y sus sacacuartos tecnológicos. A mi modesto entender, todo lo que sea llegar al espíritu a través de máquinas es una pérdida de tiempo y dinero. Pero si hay entre el público algún aspirante a cyberonironauta, puede practicar con el método Flashazo pinchando aquí y siguiendo las instrucciones correspondientes.
es un mundo extraño...

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