PAJARITOS, A BAILAR
“Music is a dream without the isolation of sleep”.
Klaus Schulze.

“Pío Pío”, el álbum de debut de Single, me gusta y me disgusta demasiado. En ese trozo de plástico se dan la mano tradición y progreso, espíritu y sentimiento, sonidos digitales y analógicos, experimento y clasicismo, heterodoxia y vulgaridad, naturaleza y sociedad, conservadurismo y progresía. Y yo lo odio… y yo lo amo. A partes iguales, más o menos. Tras la primera escucha, casi lo tiro a la basura para quedarme sólo con la última portada de Javier Aramburu (que, harto de mondrigonadas, ha aparcado los pinceles para dedicarse a surfear) pero el gran Roberto Herreros me animó a escucharlo otra vez. Lo hice y me empezó a gustar. Pero ojo, que es un disco indigesto: hay que buscar su encanto oculto corriendo el riesgo de atragantarse con espinitas sónicas, empalagarse con ciertas rimas o sufrir ardores con alguna horterada. Como las Vainicas, salvando las kilométricas distancias, Single caminan sobre esa finísima línea de sombra que separa la belleza de la cursilada. Pero, aún así, uno ha logrado digerir, al menos, cinco canciones como cinco caramelos de limón. Y esto es lo que he defecado, en forma de sueños locos. A continuación, los tripis oníricos en los que me encontré con Ibon Errazkin y Teresa Iturrioz. Yo no soy un musicólogo de esos, ni un tocólogo, ni mucho menos, así que pienso que estas visiones son la mejor forma de expresar mi ambigua apreciación de un extraño disco.
1) CON TERESA EN LA PLAYA. Sueño que voy por una playa grande y salvaje. No es de día ni de noche. El cielo negro está lleno de planetas en llamas. La arena está compuesta de grandes conchas que entorpecen mis pasos. El mar es azul oscuro y, plagado de olas gigantes, arroja piedras. No debería pasear cerca de la orilla. Pero lo hago. Camino despacio y veo que, tras las dunas de coral, hay altas montañas chamuscadas. Es Galicia, creo. Llego a la mitad de la playa y veo una pizarra con tizas. Dibujo una esvástica budista. Una chica se aproxima desnuda, andando despacio sobre la alfombra de conchas. Cuando está cerca, veo que es Teresa Iturrioz. En su cuerpo no hay sexo. En su rostro brilla una sonrisa demente, crispada, excesiva, casi de careta, de pastillera o de víctima del gas hilarante del Joker. Llega hasta a mí, me mira y tiende su mano. Yo pongo en ella la tiza. Ella transforma mi esvástica en un lauburu. Me devuelve la tiza y sigue su camino sin aflojar su mueca. Yo borro el lauburu de Teresa y vuelvo a pintar mi esvástica budista. Después tiro la tiza al mar, las olas la engullen y suenan truenos y relámpagos que iluminan la escena. Empieza a llover y las gotas ácidas corroen la superficie de la pizarra.
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2) IN BERLIN / IN BONN / IBON / IN. Estoy en un pequeño local berlinés que se llama Bonn Cafe y es como una cueva blanca. Pincha Ibon Errazkin, que va vestido con unas zapatillas Vans rojas a juego con los pantalones y una camisa azul marino. Todo es de terciopelo eléctrico y colores muy intensos. Yo observo desde detrás de un altavoz cómo Ibon maneja platos y máquinas con maestría: mezcla mil estilos musicales y nunca chirría. Se le cae un objeto oscuro al suelo, una especie de vibrador negro, y un neoskater alemán lo recoge y se lo devuelve con devoción: veo que allí se le admira. De pronto, tengo hambre, así que voy al W.C., que es donde sirven las comidas. Me siento en el suelo y, con una cuchara, devoro el contenido de una taza: un manjar exquisito que sabe a coliflor. Una vez saciado, salgo del local sin pagar y estoy en Lavapiés. Me pongo a andar y enseguida llego a Ventas, donde vuelvo a compartir piso, aunque está casi vacío. Pero yo ocupo la misma habitación cuadrada, pequeña y polvorienta. Caigo en la cuenta de que hay bichos en el catre: híbridos de chinches y cucarachitas. Además hay un nuevo compañero, una especie de joven que parece hindú o moro, pero aclara: “Soy de Cuenca”. Mato a todos los bichos menos a uno, que me meto en el bolsillo de mascota. Con él, me acerco a una tienda de discos segunda mano para hacer una “batida”. Tienen los singles perdidos de Nico: yo no sabía que tenía tantos y quiero “expropiar” algunos. Pero no puedo robarlos, porque están bajo una pila de pesados objetos y, además, el bicho, cual Pepito Grillo, me grita desde mi bolsillo, con voz chillona, la siguiente frase: “Vayámonos, que el tendero desconfía de ti”.

3) EN BUSCA DEL SUEÑO ETERNO. “Si yooo me quedara tranquila, y aaal acostarme en mi cama no hubiera na-a-da que me preocupa-a-ra, ¿cómo sería mi vida? Si vivir es morir cada día”, cantó Cecilia en “Con los ojos en paz”. Esto mismo se debe preguntar Teresa Iturrioz en sus momentos flojos, cuando el ego se debilita y la más pura esencia femenina embarga a la mujer moderna, independiente y guay que se supone que debe ser toda chica de hoy en día. Uno de esos instantes la pilló de marcha y se convirtió en una letra excepcional, una nana de raíces católicas y alas de algodón. Una plegaria para escapar de los horrores de la noche madrileña. No hay taxis y todo es un rollo. Ella ya no es una chica, sino una señora que no está para ciertos trotes: la ciudad y ella ya no son como un todo. La canción también puede pasar por oración suicida para solteronas terminales o, a ratos, por himno dildodrómico (esa paradójica búsqueda de una vida menos soporífera en el universo paralelo de los sueños). La sutileza del acompañamiento musical, que contrasta con otras piezas más sofisticadas de “Pío Pío”, nos transporta a los tiempos de los mejores Le Mans. Pero no apetece cocinar. Mejor dormir y soñar que Alaska, Nacho Canut e Irantzu Valencia se mueren de envidia y van al Infierno. Y soñar que, en el Cielo, Carlos Berlanga, Evangelina Sobredo y Carmen Santonja, orgullosos, derraman lágrimas de sangre azul. Y luego se duermen sobre la niebla espesa, para soñar que viven en Babia.
Llévame a dormir
Dime Dios mío, que vas a venir a buscarme
Decidí salir
Y ya he pasado demasiado tiempo en la calle
Llévame a dormir
Porque me aburro hace ya horas, no sé qué hago aquí
Y me quiero ir
No tengo coche, no sé conducir, ya no hay taxis
Dios ven a por mí
Llévate a esta mujer a dormir a casa
Llévame a dormir
Dime Dios mío, que vas a venir a buscarme
Me animé a salir
Y ya he pasado muchas horas fuera en la calle
Llévame a dormir
No estoy sociable, faltan ganas, no sé sonreír
Dios, ven a por mí
Llévate a esta mujer a dormir a casa
Llévame a dormir
Dame una cama, una almohada en funda de algodón
Algo de calor, el tacto suave de una nube en forma de edredón
Llévame a dormir
Dame el descanso
Y en el sueño una vida mejor
Dios, ven a por mí
Llévate a esta mujer que quiere dormir .
