“Tal vez eres un tipo tímido, socialmente cobarde, temeroso de acercarte a chicas guapas. Quizás observarlas mientras duermen te resulta un poco más agradable”. Hardley.
Esto es lo que piensa el frenopático creador de Sleeping Cuties, un fascinante blog para fetichistas del sueño, consagrado a colgar fotos de muchachas en flor durmiendo profundamente, cual benditas… Un espacio virtual ideal para visitar mientras se escucha el “Cubist blues” de Alan Vega / Alex Chilton / Ben Vaughn, en especial el “Dream Baby Revisited” o, mejor, el original de Suicide.
Tras un doloroso proceso de selección, he escogido a mis durmientes favoritas (en su mayoría, cerditas) y aquí las estampo, en toda su frita hermosura, para que sueñen que ordeñan carneros virtuales que disparan corridas de leche con Cola Cao.
dream baby dream, forever and ever… keep those dreams burnin’ baby…
…keep my dreams burnin’… forever… dream baby dream, dream baby…
dream baby, dream baby… forever, come on… i will keep that flame burnin’…
…keep that flame burnin… forever… dream baby dream… forever and ever…
hey you know those dreams keep you free, baby, i’ll make those dreams come true
dream baby dream baby dream baby dream baby dram baby… forever and ever…
I see that smile on your face. yeah? yeah, makes you free, I see that smile, huh…
dream baby dream
dream baby dream
dream baby dream
forever…
“Una definición posible de la poesía: esa perla que producimos algunos humanos, cristalización de los humores intangibles que solemos derramar en momentos de supremo dolor.” (LEO LEBREL -heterónimo y, en ocasiones, poeta-)
SUEÑO DE UNA TARDE DE VERANO
A contraluz. La aurora (frente al balcón) deslumbrándome. Hilos de cerveza y caramelo se derraman por las velas blancas, infladas por la canícula, velas que ondean sobre el ceñido océano de tela vaquera.
Hundo mi cara en el envés de la aurora. Mi nariz (oteando aromas tibios a mar y a tabaco) busca sus adentros con el preciso ímpetu de la aguja lista para una punción lumbar. Mis manos, en tanto, la contemplan, la recorren por delante, desde la cúspide de cerveza y caramelo, descendiendo. A la altura del cuello es ella la que se hace cargo y me conduce por sus sendas. Descendiendo. Hasta que… Todas las manos detenidas en el paso del ecuador. Después, seguramente, vendrá la muerte (pequeña gran muerte). Y una vez más, mi corazón, de puro feliz, se negará a seguir creciendo.
COLLAR DE PERLAS
La memoria perdí (creo que… sí, fue al pie del árbol buscando todas tus sonrisas: ¿todas? -exagero: en realidad, sólo las más maduras-).
Soñaba amanecer otrosí, más yo que nunca (por ti sin pausas, sin prisas).
Y ofrecerte mis alas húmedas, de tierna nervadura, los colores nuevos, la posibilidad de volar (partir de cero) y no tener que arrastrarme más hacia tu ausencia.
Envidiaba las horas de aquellas que pudieron hallarte y lograron no darte por perdida.
Era mi envidia la envidia de Tántalo ante el escaparate deseando Algo tan concreto como inalcanzable. Ese Algo que, al cruzar uno la puerta, lo olvida porque lo importante es el Todo, el simple hecho de cruzar la puerta, de estar dentro, en la inmensa sala de leche y nácar escuchándote decir “Oh, pero mírate, si estás aterido… No te quedes ahí. Vamos, acércate a mi centro. Hunde tu frío en mis llamas de cerveza y caramelo”.
Pero, al abrir los ojos, más derrotado que nunca (piltrafa tiritona de Jim Thompson), me obligaste a aceptar la intemperie de tu perpetua incógnita.
RIPiando eventualmente con la nariz enhiesta, buscando esa juguetería que yo creé y creí que antes de mí ya existía (porque ¿acaso tú no estabas allí, desde siempre, sin yo saberlo?).
NO VA MAS
Si un buen día decides saltarte las lindes de esa realidad tan acabada (tan inexorable) que te construiste, si (aberrando contra tu propio código esclavo de la forma –que no del género, no quieras engañarte-) te permites el lujo de un reencuentro, yo estaré aquí, esperando entre las líneas aún no escritas de una común ficción (la ficción de una realidad común vivida sin tapujos, compartiendo gozosamente al otro en todos sus absolutos, sin disociaciones, exclusiones, disyuntivas, aprendiendo a amar lo que tú amas simplemente porque es uno-en-ti, procurando ese vértigo calmo, esa locura cabal, ese masoquismo egoísta que, al cabo, supone amar más allá del simulacro, con la obsesiva persistencia que da la bulimia más voraz de todas, la que sale del corazón). Nota: Este poema onírico y la ilustración que lo acompaña, me fueron enviados la semana pasada por Fernando Márquez “El Zurdo”, en un mensaje telepático que recibí a altas horas de la madrugada. Ahora, que ya estoy más despejado, lo vuelco aquí tal cual. Ni más ni menos, ni menos ni más.
“Este lado del espejo está tan florido como un cenagal”.
Chucho.
Estoy en una piscina interior llena de agua sucia y estancada. Con un puñado de desconocidos, me meto en el estanque vestido. Las paredes, el fondo de la piscina y todo lo demás es negro como un moflete guineano. Nuestras ropas también. Chapoteamos en el agua maloliente esperando una señal, mientras al fondo suena el “Closer” (pero no el de Joy Division, sino el de Plastikman, en una versión aún más oscura e infernal, que retumba sordamente contra las paredes de hormigón). Seguimos nadando, hasta que el juego va tomando forma. Algunos hombres salen de la piscina y otros que estaban fuera pasan a entrar, mientras yo floto como un muerto. Un señor alto, de pelo pincho y blanco nada cerca de mí. En ese momento, fuera del tiempo, entran en escena dos siniestros seres, también vestidos de negro, pero como de época. Se meten en la piscina. Uno se sube a los hombros del otro, cuya cabeza permanece sumergida y anda a grandes zancadas, mientras el de arriba nos señala y hace horrísonos sonidos con la boca al acercarse (entre balbuceos y chirridos dentales). En el agua sólo quedamos el señor de pelo blanco, el tandem equino y yo: los demás han salido de la piscina y ejercen de espectadores en la sombra, observando con saltones ojos de insecto nuestra acuática y aterradora versión del corre-que-te-pillo. Yo salgo de la piscina deprisa y me precipito hacia la puerta y el señor pelopincho detrás de mi y nuestros perseguidores detrás de él, uno sobre el otro, culo sobre hombros. Nos pisan los talones y cierro la puerta al pasar, pero vienen cerca y llego al vestíbulo pero sólo me da tiempo a abrir la puerta de la calle y cuando miro hacia atrás ahí está el pelopincho. La criatura de dos cuerpos nos alcanza, pero pasa de él y viene hacia mi. La miro con horror, creyendo que es el fin, que me ha pillado, pero pasa también de mi y se dirige hacia la puerta entreabierta, se cuela por ella y se va. A la luz del sol, ambos seres se funden, transformándose en un monstruo parecido a un híbrido entre mantis religiosa, humanoide y canguro, que sale corriendo y saltando. El pelopincho cierra la puerta y me chilla: “¡Tú la llevas!”. Y se sube sobre mis hombros. Ahora vestimos trajes negros de época y, uno sobre otro, culo sobre hombros, volvemos a la piscina negra. A jugar, diría Joaquín Prats.
Sueño dedicado a la memoria de H.P. Lovecraft
(20 agosto 1890 - 15 marzo 1937).
El pasado weekend disfruté de un puñado de obras de tres artistas en cuyas bacinillas me siento como en casa (una casa loca, sucia, caótica, maloliente e incómoda, pero casa al fin y al cabo). Aquí plasmo mis aún frescas impresiones, en otro de mis ya populares trípticos:
1) TODO ES LOUNGE, MI VIDA ES LYNCH. Eso decía una canción de Stardu. A mí me ocurre lo mismo, porque me veo obligado a trabajar en ambientes lujosos o sofisticados, pero mi interior se asemeja más a un descampado tercermundista o a un poblado de chabolas dominado por las más aterradoras pesadillas (sin ellas, auténticos zurullos de mi inconsciente, ya me habría vuelto locuelo). Y, tal vez por eso, por mi callo en los cenagales del mundo onírico, vi “Inland Empire” como quien ve una comedia de Tati: más allá de su laberíntico argumento (que es lo de menos), la última pinícula de Lynch es un auténtico viaje onírico a las paranoias de una persona tronada. Disfruté como un enano, a lo largo de tres horas que me parecieron tres minutos y me devolvieron el respeto que le había perdido a David hace tiempo (mientras, en la fila de alante, Single encanecían). El otro David, el Cronenberg, debería de tomar buena nota, dejarse de mondrigonadas comerciales y hacer lo que le salga de los testículos. Total, para tres telediarios que vivimos… Si Zulueta (hermano espiritual de Lynch) levanta cabeza algún día, hará algo parecido, una pesadilla metadónica, poliédrica y paramusical, de espaldas al patio de butacas y ajena a la velocidad del segundero. Una de esas escasas ocasiones de disfrutar del cine como una de las feas artes.
Así queda, por ahora, mi top 5 lynchiano: 1) “Cabeza Borradora”. 2) “Inland Empire”. 3) “Six Men Getting Sick”. 4) “Twin Peaks”. 5) “Terciopelo Azul”.
¿No habéis visto “Six Men Getting Sick”? Pues aquí os lo dejo, en todo su enfermizo esplendor.
2) ESPACIO EN BLANCO. El último proyecto del artista undergroundAntonio de la Rosa se llama (o, mejor dicho, se llamó) “Hatsitu”. Duró poco, entre las 21 y 23 horas del sábado pasado, y yo aguanté allí sólo unos ¿minutos? No sé, porque el tiempo se estiró como un chicle caliente.
La obra consistía en una pequeña habitación blanca, en plena calle San Vicente Ferrer, en la que no había nada más que un mareante olor a chinazo, pero no a persona china grande, sino a chino de heroína. El ambiente en ese espacio era increíblemente malsano, como si varias familias gitanas hubieran pasado ahí una semana fumando droga pero sin manchar nada, para que el hedor contrastara con la blancura inmaculada de paredes, techo y suelo. La única explicación que de esto encontraron los asistentes más despistados fue una hojilla malfotocopiada en la que se daban algunas pistas de aquella cosa: “Melodías y horas y más horas. Siete mil maneras de saber cómo no; y un olor o una pausa o un traspiés, cualquier cosa jugando al arrebato de ahora y ya“. El gran Farrandemora, improvisó una inolvidable performance al empujar a un popular crítico cinematográfico que pasaba por allí al interior de la sala del jaco; el comentarista, desconcertado, salió por patas en cuando inhaló el primer milímetro cúbico de aire viciado.
Sin embargo, Haro Ibars se hubiera quedado una eternidad en esos infernales/celestiales doce metros cuadrados de blanco caballuno.
3) Y PAIK CREÓ EL VIDEOARTE. Al menos, la compañía Telefónica vale para algo más que extender facturas hinchadas: en su Fundación (Gran Vía, 28. Madrid) se celebra, hasta el nosecuántos de mayo, la expo dedicada al papá del videoarte, el artista coreano Nam June Paik (Seúl, 1932 - Miami, 2006), que no tiene desperdicio. Sobre todo si, como yo, te interesan los eslabones perdidos entre la cultura occidental y la espiritualidad oriental. Paik junta despojos de la tecnología (punta y vintage) occidental y construye con ellas sus dantescas visiones orientales. Restos pseudoarqueológicos de una mitología imposible, intangible, que sólo existe en la torturada, partida y, aún así, orgullosa alma coreana.
Pero la obra que os presento hoy aquí no estaba en la expo del otro día (tal vez porque pocos la hubiéramos soportado) y demuestra que Paik es al videoarte lo que John Cage a la música, poco más o menos. La pieza se llama “Zen For Film” y fue creada entre 1962 y 1964. Ocho minutos de pantalla en blanco que formularon por primera vez una ingenua pero brillante imagen catódica de la metidación budista. 625 líneas blancas para una disciplina espiritual sin mando a distancia. Porque cielo, infierno, tierra y tele son eso: una gran nada, una dulce nada. Tal vez algún monje extraterrestre alcance algún día el satori viendo este video.
Película dildodrómica donde las haya (por la cosa onírica -más en concreto, onírico/pesadillesca-) y que, al menos en mí, ejerció el efecto de una droga fuerte. Un bad trip. Very bad. Supongo que hay momentos anímicos en que uno no debe ingerir determinadas sustancias.
Contribuyó a ello también el mal rollo del cine (el LUCHANA, con un portero mondrigón no menos pesadillesco, sin papeles informativos sobre el film, con un horario erróneo -llegué con media hora larga de antelación porque, según parece, la peli no empezaba a y cinco sino a y veinte-, la refrigeración de la sala a tope y el día ventoso tirando a polar a la salida). Volví a casa tiritando y tambaleándome, con todas mis paranoias a flor de piel, a punto de ser atropellado en un par de ocasiones y de caerme rodando por las escaleras de mi casa en mi ascensión al calor del home.
Es una película importante (nada que fuese irrelevante me habría resultado tan demoledor) pero espero no volverla a ver jamás. Como dicen en un momento de la trama, hay algo maldito en todo esto…
Ya estamos en paz. Lynch me estimuló con TWIN PEAKS al punto de animarme a concluir mi novela LA CANCION DEL AMOR (medio aparcada desde hacía años), me fascinó con BLUE VELVET y me indignó con el rollo oenegero de EL HOMBRE ELEFANTE (también me dio gustito en mis partes más freakies con CABEZA BORRADORA y me durmió con CARRETERA PERDIDA-). Con INLAND EMPIRE me lleva al colmo de la rotura.
Uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos y lugares es Young Marble Giants (sobre todo, sus maquetas). De sus cenizas surgieron Weekend que, aunque algo más complejos, eran casi tan buenos como los otros. En realidad, cambió casi todo, pero ahí seguía la hipnótica, onírica y fascinante vocecilla de Alison Statton, y ahí sigue esa efímera sensación de libertad que transmiten sus canciones.
Ahora, el sellito inglés Cherry Red acaba de reeditar (al fin) su único disco (“la Varieté”) con jugosos extras. No voy a vomitar aquí toda la historia de Weekend (si queréis conocerla, pinchad aquí), sólo quiero incluir en mi Cancionero onírico una de sus composiciones; en mi humilde y soñolienta opinión, la mejor (con permiso de “Nostalgia”). A mí me gustan, ya lo ven, sus canciones más oscuras y, entre ellas, la más dildodrómica es “Sleepy Theory”, compuesta por la propia Alison.
Disturbin dream, the enviroment changes,
Pipen music haunts their sleeping places.
Their songs begin to merge, what must this be doing to me,
I awake pondering on my sleepy theory.
Childhood dreams have reoccurred,
I lie awake fearing the stranger outside my door,
Perhaps he will bother me no more,
I wish he’d go away.
Look at the clock, it’s one o’clock,
I can’t do everything, once more run out of time,
Too much to do, say, think, write, can it be done,
It’s so hard to question tired minds on the run.
Wasting time talking to reflection
Don’t know where to go or what to say
Times of change rearrange your world
And challenge minds with bleak destruction
Wasting so much time.
“Lawrence, Kansas, uno de los puntos de armamento nuclear de los USA durante la guerra fría. Ante la amenaza de un ataque soviético, disparan sus misiles a la vez que son bombardeados por el enemigo. El efecto es devastador y las consecuencias desastrosas. La radiación lo contamina todo y los supervivientes van muriendo y volviendo a un estado de barbarie“.
Sinopsis de El día después (Nicholas Meyer, 1983).
Tras cenar media tortilla española y un vaso de Dolorac, soñé que un amigo me convencía para apretar el botón rojo que desencadenaba una letal arma biológica. Lo aprieto una vez, salgo corriendo y “¡BOOM!”, explota la bomba, formando un hongo amarillo de polvos tóxicos. Yo me voy corriendo y me escondo en Ferrol, en la casa en la que nací. Desde allí, desde un ventanal de cristal viejo y amarillento, observo cómo las víctimas se orinan y defecan sin control, mientras las mujeres menstruan desmesuradamente. Yo me quedo atontado sobre el cristal, estornudando y tosiendo, hasta que me despierta el sonido de un teléfono. Es de nuevo mi amigo, que me dice: “Tienes que darle más caña al botón rojo, que aún queda mucha gente viva”. Yo pienso que, al fin y al cabo, bueno, si no aprieto yo el botón lo apretará otro. Así que me acerco al gran faro seco, en cuya base se encuentra el botón rojo definitivo. Lo aprieto fuerte y esta vez sí (KKKKA-BOOOOOOOOOOOM) la explosión es brutal, aunque me da tiempo a ponerme a cubierto… Y, a lo lejos, veo un descomunal hongo amarillo alzándose hacia el cielo… Y el polvo multicolor que se extiende por todas partes y me hace toser y sudar. Dicen los ecologistas que ese gas es una excusa de la mafia médico-farmacéutica para crear nuevos medicamentos, antídotos locos para un virus inexistente, pero yo no me lo creo, porque siento cómo me corroe los pulmones y las tripas. Estoy mareado, porque Madrid (sí, ahora es Madrid) está lleno de polvos amarillos que se siguen expandiendo sin tregua. Menos mal que me tengo que ir a Barcelona. Hago la maleta y subo rápido al avión, pero debo bajar y volver a casa porque he olvidado algo. Por el camino, me duelen las muelas y me ahogo y estornudo mucho. Mientras agonizo en el suelo, me pregunto qué me estará matando, el polvo amarillo, el humo de los coches o el chicle picante.
“Al cortar líneas de palabras, se filtra el futuro”.
William Burroughs.
Con este post inauguro la sección Laboratorio ZZZ, donde haré experimentos de científico loco con mis sueños.
En esta primera entrega, perpetraré mi primer ejercicio de Cut-Up que, como todos sabréis, es una técnica de escritura que rompe la linealidad y que (aunque fue descubierta por Brion Gysin, padre también de la dreammachine) alcanzó su cima en los collages narrativos deWilliam Burroughs. ¿Conseguiré así escapar de la cárcel del lenguaje o me perderé en un laberinto semántico? Ya veremos. De momento, aclaro que no he usado el sistema de Cut-Up tradicional (o sea, una máquina de escribir, con frases recortadas y blablablá) sino el electrónico, que podéis encontrar en la web Language is a Virus para hacer vuestros propios collages de palabras algún día que estéis aburridos.
Ahora, voy a proceder a introducir en la máquina de Cut-Up un sueño que tuve hace poco en Berlín: tras una noche cenando y bailando en el White Trash Club (una especie de Nasti a la alemana donde presencié la actuación del espeluznante y solondziano dúo yanqui de electrohiphop Leslie and the LY’s, que hablaban de matar zombies en una de sus canciones) me acosté y soñé lo siguiente:
humana y muertos están quieren nichos de luz cacho de Ferrol nacer para carne está en ruinas zombies esperar cenar y sus nichos pistola calles disparar nacer muertos pistola hay invasión no sin carne cuando sus por calles local están los muertos casa hambre pistola han vengan invasión a en con hay salido muertos en asesina calles con vengan vieron en tinieblas sólo