HONGOS AMARILLOS

March 6, 2007

Lawrence, Kansas, uno de los puntos de armamento nuclear de los USA durante la guerra fría. Ante la amenaza de un ataque soviético, disparan sus misiles a la vez que son bombardeados por el enemigo. El efecto es devastador y las consecuencias desastrosas. La radiación lo contamina todo y los supervivientes van muriendo y volviendo a un estado de barbarie“.
Sinopsis de El día después (Nicholas Meyer, 1983).

Tras cenar media tortilla española y un vaso de Dolorac, soñé que un amigo me convencía para apretar el botón rojo que desencadenaba una letal arma biológica. Lo aprieto una vez, salgo corriendo y “¡BOOM!”, explota la bomba, formando un hongo amarillo de polvos tóxicos. Yo me voy corriendo y me escondo en Ferrol, en la casa en la que nací. Desde allí, desde un ventanal de cristal viejo y amarillento, observo cómo las víctimas se orinan y defecan sin control, mientras las mujeres menstruan desmesuradamente. Yo me quedo atontado sobre el cristal, estornudando y tosiendo, hasta que me despierta el sonido de un teléfono. Es de nuevo mi amigo, que me dice: “Tienes que darle más caña al botón rojo, que aún queda mucha gente viva”. Yo pienso que, al fin y al cabo, bueno, si no aprieto yo el botón lo apretará otro. Así que me acerco al gran faro seco, en cuya base se encuentra el botón rojo definitivo. Lo aprieto fuerte y esta vez sí (KKKKA-BOOOOOOOOOOOM) la explosión es brutal, aunque me da tiempo a ponerme a cubierto… Y, a lo lejos, veo un descomunal hongo amarillo alzándose hacia el cielo… Y el polvo multicolor que se extiende por todas partes y me hace toser y sudar. Dicen los ecologistas que ese gas es una excusa de la mafia médico-farmacéutica para crear nuevos medicamentos, antídotos locos para un virus inexistente, pero yo no me lo creo, porque siento cómo me corroe los pulmones y las tripas. Estoy mareado, porque Madrid (sí, ahora es Madrid) está lleno de polvos amarillos que se siguen expandiendo sin tregua. Menos mal que me tengo que ir a Barcelona. Hago la maleta y subo rápido al avión, pero debo bajar y volver a casa porque he olvidado algo. Por el camino, me duelen las muelas y me ahogo y estornudo mucho. Mientras agonizo en el suelo, me pregunto qué me estará matando, el polvo amarillo, el humo de los coches o el chicle picante.
seta atómica