EL SUEÑO INSOMNE del Zurdo
(a la novia secreta de Mary Ann)
“Una definición posible de la poesía: esa perla que producimos algunos humanos, cristalización de los humores intangibles que solemos derramar en momentos de supremo dolor.” (LEO LEBREL -heterónimo y, en ocasiones, poeta-)
SUEÑO DE UNA TARDE DE VERANO
A contraluz. La aurora (frente al balcón) deslumbrándome. Hilos de cerveza y caramelo se derraman por las velas blancas, infladas por la canícula, velas que ondean sobre el ceñido océano de tela vaquera.
Hundo mi cara en el envés de la aurora. Mi nariz (oteando aromas tibios a mar y a tabaco) busca sus adentros con el preciso ímpetu de la aguja lista para una punción lumbar. Mis manos, en tanto, la contemplan, la recorren por delante, desde la cúspide de cerveza y caramelo, descendiendo. A la altura del cuello es ella la que se hace cargo y me conduce por sus sendas. Descendiendo. Hasta que… Todas las manos detenidas en el paso del ecuador. Después, seguramente, vendrá la muerte (pequeña gran muerte). Y una vez más, mi corazón, de puro feliz, se negará a seguir creciendo.
COLLAR DE PERLAS
La memoria perdí (creo que… sí, fue al pie del árbol buscando todas tus sonrisas: ¿todas? -exagero: en realidad, sólo las más maduras-).
Soñaba amanecer otrosí, más yo que nunca (por ti sin pausas, sin prisas).
Y ofrecerte mis alas húmedas, de tierna nervadura, los colores nuevos, la posibilidad de volar (partir de cero) y no tener que arrastrarme más hacia tu ausencia.
Envidiaba las horas de aquellas que pudieron hallarte y lograron no darte por perdida.
Era mi envidia la envidia de Tántalo ante el escaparate deseando Algo tan concreto como inalcanzable. Ese Algo que, al cruzar uno la puerta, lo olvida porque lo importante es el Todo, el simple hecho de cruzar la puerta, de estar dentro, en la inmensa sala de leche y nácar escuchándote decir “Oh, pero mírate, si estás aterido… No te quedes ahí. Vamos, acércate a mi centro. Hunde tu frío en mis llamas de cerveza y caramelo”.
Pero, al abrir los ojos, más derrotado que nunca (piltrafa tiritona de Jim Thompson), me obligaste a aceptar la intemperie de tu perpetua incógnita.
RIPiando eventualmente con la nariz enhiesta, buscando esa juguetería que yo creé y creí que antes de mí ya existía (porque ¿acaso tú no estabas allí, desde siempre, sin yo saberlo?).
NO VA MAS
Si un buen día decides saltarte las lindes de esa realidad tan acabada (tan inexorable) que te construiste, si (aberrando contra tu propio código esclavo de la forma –que no del género, no quieras engañarte-) te permites el lujo de un reencuentro, yo estaré aquí, esperando entre las líneas aún no escritas de una común ficción (la ficción de una realidad común vivida sin tapujos, compartiendo gozosamente al otro en todos sus absolutos, sin disociaciones, exclusiones, disyuntivas, aprendiendo a amar lo que tú amas simplemente porque es uno-en-ti, procurando ese vértigo calmo, esa locura cabal, ese masoquismo egoísta que, al cabo, supone amar más allá del simulacro, con la obsesiva persistencia que da la bulimia más voraz de todas, la que sale del corazón).

Nota: Este poema onírico y la ilustración que lo acompaña, me fueron enviados la semana pasada por Fernando Márquez “El Zurdo”, en un mensaje telepático que recibí a altas horas de la madrugada. Ahora, que ya estoy más despejado, lo vuelco aquí tal cual. Ni más ni menos, ni menos ni más.
