Abril 25, 2007

DREAM IN JUNE (soñando con Douglas Pearce) por Fernando Márquez

escena 1

Me encuentro en una habitación soleada que me resulta conocida aunque no puedo precisar de qué. Es un lugar de ensayo (hay instrumentos –guitarras, teclados, extraños utensilios de viento-, amplificadores, micros…). A mi lado está Douglas Pearce junto a un micro, con una guitarra acústica, cantando una canción de Benito Moreno (concretamente, las sevillanas “LA LLAME MUJER”). Viste sólo un pantalón de cuero muy bajo de cintura, a lo Britney Spears, y tiene un torso muy peludo, asomando también una mata de vello púbico por el pantalón. Unos piercings con forma de calavera con tibias (el símbolo de DEATH IN JUNE) atraviesan sus pezones y están unidos por una cadena de reloj plateada que choca rítmicamente contra su esternón al moverse. Al contemplarlo, lo asocio con David Byrne (un David Byrne más corpulento y bestial) por la misma regla de tres que asociaría a un rottweiler con un dobermann.
pat
Yo debo de tener entre doce y trece años, aunque soy muy alto para mi edad. Visto un pijama de verano de mangas y perneras cortas, estampado con la imagen repetida de Stewie Griffin sentado en el regazo del gato de Cheshire (es como una parodia del cartel de propaganda de la película AMARCORD–el adolescente sentado en el regazo de la estanquera-: Stewie, con melena platino a lo Patty Pravo, y vestido de cowgirl como una de las playmates que actuaban ante los soldados en APOCALYPSE NOW, se arrellana sobre una descomunal gata de Cheshire con gafas, que es como un singular cruce entre el gato creado por Disney y su hermana Meg –o mejor, como una Meg Griffin transformada por algún doctor Moreau en el gato de Cheshire versión Disney-). Yo estoy en cuclillas pintándole las uñas de los pies al amigo Doug: se las pinto con los colores alquímicos del antiguo Reich (una roja, otra blanca, otra negra…).

Cuando acaba las sevillanas me tiende un micro inalámbrico negro, con la forma exacta de un dildo (con nervaduras y todo, y un fuerte olor almizclado), y yo, ya de pie, me dispongo a acompañarle a los coros. Se arranca con una canción de Alberto Bourbon, “ANTES DE TI NO HUBO ANTES”, y cuando yo canto lo hago con una agradable voz sin desarrollar que recuerda bastante a la de Francoise Hardy (una FH medio somnolienta y resacosa). Al estar muy cerca del rostro de Doug, siento el perfume de su loción de afeitar (pienso para mí: “huele igual que el “HELIOPOLIS” de Jünger si dicho libro fuese loción de afeitar”).

Una voz, tras la puerta, nos grita “chicos, la comida”. Salimos al pasillo y entonces descubro que estoy en mi antigua casa de Viriato y que el cuarto de ensayo es el saloncito donde nos reuníamos a ver la televisión.

escena 2

Estoy en una especie como de cruce entre una sala de profesores y una sala de interrogatorios de una comisaría. Los policías deben de ser británicos porque visten igual que en aquella serie en la que intervenía Rowan Atkinson. Por lo visto, Douglas Pearce ha desaparecido y hay sospechas de que haya podido ser asesinado. Un policía va interrogando a una serie de gente que no logro recordar al despertar y, finalmente, se sienta a mi lado con expresión suspicaz y me tiende un álbum de fotos. Todas son imágenes familiares donde aparecemos Douglas, su compañera, yo, animales domésticos… Me fijo en una foto donde se detecta la silueta de Pearce enfocándonos a su compañera y a mí. Estamos en cuclillas sobre el césped, junto a un rottweiler con la lengua fuera. La compañera (la voz que nos llamó para comer) es idéntica a Kirstie Alley en su época dorada (cuando hizo de conejita de Playboy o en aquella otra con Tom Selleck) y yo (sin más atuendo que un sucinto tanga estampado con la gata de Cheshire durmiendo sobre mi pubis) tengo un físico bastante particular: soy delgado pero muy ancho de hombros, como el Tadzio de MUERTE EN VENECIA o un Anthony Perkins preadolescente), y mi rostro es una mezcla entre la citada Kirstie Alley y el batería de EJECUTIVOS, Juan Luis Vizcaya (de hecho, mi rostro es una versión rubia del de Juan Luis, con la mirada más felina; y el pelo -con reflejos dorados a lo Pocholo- lo llevo por delante cortado igual, con raya en medio y crenchas que caen sobre mi cara, aunque bastante más largo por detrás –tendría algo también de la melena que lleva el andrógino nerdie de la serie “MENTES CRIMINALES”-). Al ver la foto siento un deja-vu emocional que asocio con determinado fragmento de mi cuento “FRENTE DE HIERRO” (publicado enEL CORAZON DEL BOSQUE) y recuerdo por qué vivo con Pearce y su compañera (a los ocho años me compraron a mis tíos para usarme como juguete erótico e iniciarme al helénico modo en subversiones rúnicas y luciferinas).
dfd
En la foto se nos ve a Kirstie y a mí muy cómplices y acaramelados. Ella lleva un bikini muy sucinto, desbordándose sus amplios y blancos pechos por las diminutas copas color caramelo, y un tanga casi microscópico en forma de mariposa verde con las alas desplegadas que apenas si deja lugar a la imaginación. Hay algo en la expresión de nuestros rostros como si nos estuviésemos pitorreando de quien hace la foto.

Yo entonces río para mis adentros y miro desafiante al policía (pienso “nunca podrán saber si Douglas está muerto o sólo ha desaparecido… Menudo es él”).

Con esa frase me despierto.

estímulos recientes

La megaescucha de DEATH IN JUNE concluida un día antes del sueño, así como una conversación con Dildo en la tertulia de los viernes donde le comenté la relación que encontraba entre los temas más cacofónicos de DIJ y la etapa más oscura de su artista andaluz favorito (justo el material lanzado en 2001).

El que Pearce cantase en vez de sus propias canciones cosas de Benito Moreno y Alberto Bourbón tal vez indique mi decepción ante la escucha (tenía una imagen muy mitificada de su repertorio y al oírlo todo de un tirón se me ha caído bastante –salvo, precisamente, algunos temas neofolk con guitarra acústica y coros femeninos-): la virilidad impostada del sujeto en mi sueño (impostación un poco estereotipada que puede guardar relación también con la lectura recentísima de cierto libro de Burroughs, “WILD BOYS”) queda parcialmente sustituida por la virilidad mucho más recia y real de los cantautores mencionados.

También creo que influye un aparte con Elderly ese mismo viernes en el que saqué a colación la escena de EL NADADOR cuando Burt Lancaster conversa con el chavalín en la piscina vacía.

En cuanto a Stewie Griffin, su hermana Meg y la gata de Cheshire, cualquiera que haya seguido mi web habrá visto que son imágenes recurrentes.

También lo de mi compra/secuestro para usos innombrables, puede vincularse a situaciones vistas en series que suelo seguir, como la ya mentada “MENTES CRIMINALES” o SIN RASTRO”.

Lo único que se me escapa es qué pinta Kirstie Alley y Juan Luis Vizcaya.

Como final, diré que tanto al recordar el sueño nada más despertar como al escribirlo después me sentí muy bien, como si se desatase un nudo que me ha estado atormentando durante las últimas semanas (ver al respecto en este mismo blog la crónica sobre el visionado de INLAND EMPIRE).
pc

Archivado en la categoría: Durmientes invitados

Abril 10, 2007

ELURRETAN: SUEÑO RAYADO

Ritxar Gomez y Mikel Aizpurua son Elurretan, (o sea, “Nevando”) el último grupo de pop euskaldún que ma ha hecho tilín. ¿Por qué? Porque suenan a gloria, agridulces y delicados como pocos, sí, pero también porque son incorrectos, oníricos y van completamente a su bola. Poseen una culturilla (musical y de la otra) bastante dildodrómica, son aficionados al rugby y (como Chinarro) reconocen al genial humorista Eugenio como uno de sus ídolos. En fin, que estoy encantado con este dúo, que ahora en mayo saca nuevo disco, y por eso he escogido una de sus canciones para estamparla en este, su blog. Aunque me encantan todas (y estuve a punto de meter Pesadilla), al final me he decantado por “Bihar Ere” (en román paladino, “Mañana También”) por su brillante texto, obra del letrista y jugador de rugby Hugo Iparragirre.

En euskera:
Atzo ere ikusi zintudan

begiratu gabe somatu zenidan

berarekin nihoan

baina zu nere buruan sartuta

zerbait esan nahian zeunden

ez dakit, zergaitik jarraitzen dudan

bide zuzen eta errezena

ardiak artaldean bezala

guk dakigun larunbat gauean

garagardo, lagunak eta hautsa

bion hitzak, desioa

eta usaia nahasturik bart ohean

biok izan genuen amets bera

ez zaigu ahazten sekula

orain konturatzen gara

larrosak arantzaz jantziak zeudela

ez nuen eskubiderik zu mintzeko

baina hauts zuriaren ondorioz

izan zela esanez lasaituko det burua

eta bihar ere tabernetara noa

gaizki sentitzeko aukeren bila

guk dakigun larunbat gauean

garagardo, lagunak eta hautsa

bion hitzak, desioa

eta usaia nahasturik bart gauean

biok izan genuen amets bera

ez zaigu ahazten sekula

orain konturatzen gera

larrosak arantzaz jantziak zeudela.

En castellano:
Ayer también te vi

te diste cuenta sin mirarme

iba con ella

pero tu estabas en mi cabeza

queriendo decirme algo

no sé porque sigo

el camino más fácil y más recto

como las ovejas en el rebaño

esa noche que tú y yo sabemos

cervezas, amigos y rayas

palabras de los dos, deseo

y olores mezclado en la cama

los dos tuvimos el mismo sueño

no se nos olvida jamás

ahora nos damos cuenta

de que las rosas

estaban llenas de espinas

no tenía derecho a hacerte daño

pero tranquilizaré mi mente

diciéndome que fue por el polvo blanco

y mañana también volveré a los bares

buscando más oportunidades

de sentirme mal

esa noche que tú y yo sabemos

cervezas, amigos y rayas

palabras de los dos, deseo

y olores mezclado en la cama

los dos tuvimos el mismo sueño

no se nos olvida jamás

ahora nos damos cuenta

de que las rosas estaban

llenas de espinas.

Archivado en la categoría: Cancionero onírico

Abril 3, 2007

EL PÁJARO-CUCARACHA

“Blackbird singing in the dead of night…”
Paul McCartney
.

Estoy en mi casa de Madrid y debo afeitarme porque tengo melenas en la cara. Cojo un bote de espuma y cuchillas y a tientas me voy al salón, que está oscuro y sucio. Le doy al interruptor que enciende el tubo fluorescente, pero no funciona. “Debo conectar la lamparilla o no podré afeitarme“, pienso. Y lo hago. Y miro en el espejo mugriento, descascarillado, mi cara greñuda y loca que casi me da miedo. Agarro el bote de espuma y apunto a mi jeta, pero la espuma sale no disparada, sino a borbotones verdeazulados y debo dejármela caer encima, hasta que una esponjosa nube cubre toda mi cabeza. Y, así, empiezo a afeitarme, con los ojos cerrados, mientras las luces (de la lamparilla y del tubo fluorescente) parpadean y chispean a mi alrededor. Cuando tengo media cara afeitada, aderezada con no pocos cortes, empieza a pasar gente que conozco: todos ellos viven en mi habitación, que es un chiscón abarrotado de pequeños catres. Allí está Nono junto a varias amigas, amén de Cisco y otros crápulas. Todos y todas se acuestan y duermen, menos Cisco, que viene al saloncito oscuro donde me afeito y me dice: “Tío, hay un bicho ahí abajo que me da mucho miedo“. Le pregunto dónde está y me señala el espacio que hay entre el sofá y una torre de libros y libretas. “Mmm, no lo veo“, digo, pero Cisco se sube a una tambaleante tarima y dice: “m-me dan mi-miedo los bi-bichos“… y luego se baja y se va a esconderse. Pero sigo sin verlo, porque las luces se funden, chispean y, algunas de ellas, se apagan y debo mover el cable para que vuelva la luz. Por fin, consigo mantener encendida la bombilla de un flexo plateado y veo lo que asustó a Cisco: una cucaracha nogroazulada, enorme y alargada que escapa por el espacio que hay entre el sofá y una torre de libros. Lo miro con una mezcla de asco y sorpresa, y el bicho abre las alas y empieza a mutar, transformándose en un hermoso y grimoso pajarico mediano de cuerpo negro y plumas multicolores. Voy a avisar a Cisco, a Nono y a los demás: los saco de la cama porque quiero que vean a esa extraña ave del subsuelo. Al principio no me creen, pero insisto: deben venir a ver al pájaro-bicho para creerlo. Para verlo, tenemos que hacer otra vez todo el juego de las luces, encendiendo unas y apagando otras. Algunas de ellas, como la lamparita gris de la mesilla de afeitado, hay que moverlas mucho para que hagan contacto. Y el tubo fluorescente no deja de temblar. Al fin vemos al pájaro-cucaracha, que emite un singular canto (”la-la-la“), y lo perseguimos para matarlo o ahuyentarlo. Abro la ventana que da al patio de luces, pero no sale. Cisco rompe el cristal y tira las rejas de la ventana y el pájaro sale al fin al patio, espantado por nuestros aspavientos. Todos vamos detrás y lo seguimos hasta el patio de luces. Algún vecino se asoma a su ventana, mirando sin sorprenderse demasiado. Seguimos al pájaro, que se ha metido en el piso de enfrente y sólo asoma su cola multicolor de enano pavo real, sin dejar de piar. La-la-la. Al verlo y oirlo, nos invade una felicidad demencial y, como en un musical, empezamos a cantar y bailar al ritmo circense de una música coral y fellininana: “La-la-la / la-la-la / la-la-la / la-la-la“. De las ventanas vecinas, saltan grandes peluches de tamaño natural que bailan con nosotros. Nono baila con un elefante rosa y yo con un oso azul… Todos ellos, todos nosotros, somos hijos del pájaro-cucaracha y eso nos hace felices. Por eso cantamos y por eso bailamos, aunque nos vean los vecinos y se escandalicen y se rían un poco de nosotros. Pero todo da igual, porque allí, al fondo, asoma el pájaro de colores y yo voy hacia él sonriendo para tocarlo… hasta que el oso azul me grita. “¡Noooo! ¡Apartaaaa! ¡Mira pero no toques, desgraciado! ¡Es el pájaro de la sabiduría y si lo tocas te volverás loco!“. Así que me alejo del pájaro, doy la vuelta y sigo bailando y cantando en el patio de mi casa, que no es particular.
dcp

Archivado en la categoría: Los sueños de Dildo de Congost