EL ABISMO VERDE

May 7, 2007

Qué peligro. Aquí siempre es domingo. Y empezamos a pensar otra vez en lo mismo.
Es claro. Es de catecismo. Mi primita se dispone a hacer turismo.
De excursión por el abismo”.
Josele Santiago
.

Acompañado por un grupo de amigos, paseo cuesta arriba por una carretera incrustada en un bosque que serpentea hacia la cumbre de una gran montaña. Vamos contentos, hablando y riendo, mientras los rayos de sol atraviesan nuestras cabezas. Por fin, llegamos a la cima de la montaña; allí, a nuestros pies, hay un vertiginoso abismo verde, del que cuelgan piedras musgosas, cientos de árboles inmensos y extraños fósiles de piedra que parecen prehistóricos. La vista es disparatada, sí, un gigantesco precipicio verde cayendo en picado kilómetros y no se ve el fondo, pero es espectacular y disfrutamos de su belleza (rara y demencial, pero belleza al fin y al cabo). Mas, de pronto, todo se estropea. Del abismo emerge una chica etérea, rubia y esquelética como un viejo cadáver, y se acerca a mí con los brazos abiertos. Parece que pretende abrazarme, pero me da miedo y doy un paso atrás. Ella se detiene y habla:No temas. No voy a tocarte. Sólo quiero decirte que este abismo verde es un antiguo lugar sagrado indígena. Aquí venían a suicidarse los outsiders de la tribu. Mira, míralos, porque la muerte los hizo más fuertes y se quedaron de piedra“. Contemplo alucinado los arcaicos totems de piedra, curtidos por las inclemencias del abismo, y entonces comprendo. Por eso, dejo atrás a mis amigos y a la rubia esquelética y doy un gran salto y caigo planeando hacia las profundidades del abismo verde, al hondo cementerio de outsiders suicidas, en busca del sueño eterno, del sagrado más allá, de la piedra filosofal que me convierta en estatua inmortal, de… Pero el horrísono grito de la rubia esquelética me deja congelado en el aire como un correcaminos: “¡Jajaja, sí, salta, salta, pero tú no te harás de piedra, porque no eres un outsider indio! ¡Tú te estrellarás contra las rocas y te convertirás en un muerto viviente, como yo, condenado a vagar por el abismo para siempre jajajajaaaaaaamás!” Mientras el eco de su risa bruja retumba contra las rocas del abismo, yo me descongelo y sigo cayendo hacia el infierno. Pienso que “más dura será la subida” pero, gracias a Dios, me despierto.
absm
Manuel L. Acosta. “El abismo”. Oleo/Lienzo (80 X 70).

Comments

The URI to TrackBack this entry is: http://dildodrome.blogsome.com/2007/05/07/el-abismo-verde/trackback/

No comments yet.

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Sorry, the comment form is closed at this time.