TELEFILME

May 28, 2007

Dr. House: Tiene usted un parásito.
Paciente: ¿Como la solitaria o algo así? ¿Puede sacármelo?
Dr. House: Sólo hasta de aquí a un mes. Luego será ilegal sacarlo, excepto en un par de estados…
Paciente: ¿Ilegal?
Dr. House: No se preocupe. Tiene uno de esos parásitos que salen a los nueve meses. Normalmente las mujeres se encariñan con ellos, les compran ropitas, les llevan de paseo y les limpian el culo
“.

Sueño que estoy con un grupo de personas en los pasillos de una emisora de televisión local muy cutre, esperando a que empiece el programa que hacemos. Es una serie de televisión, un telefilme tipo “Estrenos TV”, sobre la lucha personal y la superación de los obstáculos. El escenario representa un hogar familiar y yo interpreto el papel de amigo del hijo mayor de una familia numerosa. Ambos superamos varios problemas: él me cuenta que ha dejado a una chica embarazada y están dudando si abortar o no. Pasan más capítulos a gran velocidad y nos enfrentamos a nuevos problemas: sexo, droga y rock’n'roll. Hoy es el último episodio y avanzamos por una escalera llena de obstáculos, que tenemos que subir mientras una cinta transportadora intenta echarnos hacia atrás, hacernos perder el equilibrio. Pero conseguimos avanzar y pasar pantalla, tras matar a un buen puñado de “space invaders“. Al final, aparecen todos los miembros vivos de la familia numerosa y nos abrazan, en un bobalicón y almibarado “fin de fiesta”, donde todos (menos yo) hablan, entre lágrimas de emoción, de lo bonito que es ser amigos y familiares y superar las adversidades de la vida corriente. Pero, de pronto, alguien grita “¡corten!” y se encienden todos los focos y todo el mundo aplaude, pero nosotros, tan amigos antes, ahora pasamos todos de todos. Me siento mal y me quiero ir de esta casa-plató, de este gélido hogar de atrezzo. Pero antes necesito urgentemente visitar el W.C.; lo intento y están todos ocupados… menos el del piso de arriba. Y para llegar a él tengo que superar nuevos obstáculos: trepo por psicóticos muebles escherianos hasta alcanzar un ventanuco por el que me cuelo con gran esfuerzo, porque es diminuto y casi no quepo. Pero vuelvo a salir al plató y sigo trepando por las paredes sin caerme como una araña humana hasta alcanzar otra ventana, mientras la abuela de la familia me mira y me lanza una sonrisa sardónica. Salgo por fin al baño. Y llueve a cántaros del techo-cielo y la madre de la familia sale de la ducha desnuda junto a su hijo incestuoso. Yo también quiero ducharme pero, al saltar por la ventana, caigo al otro extremo y una pared me impide acceder a la zona de la bañera. Aquí sólo hay un metro cuadrado con una taza de váter rodeada por azulejos mugrientos y pintadas obscenas. Miro al fondo de la taza y veo un feto aún vivo. Reprimiendo mi asco y mi horror, bajo la tapa y me siento encima y enciendo un porro que tenía en el bolsillo; al fumar, me invade un sentimiento adolescente que creía olvidado: “¿Me estoy poniendo demasiado ciego? ¿Controlaré para hablar normal con la familia?” No sé, pero continúo fumando hasta darme cuenta de que sigo en el telefilme, siempre he estado en él, desde que nací de una taza de váter. Y estoy harto. Por eso tiro de la cadena. Y, bajando por una tubería llena de mierda, vuelvo a nacer a la ¿realidad?… y me despierto.
yo soy ese