DE ESPADAS Y KATANAS

June 27, 2007

“La espada ceñida es el alma viviente del samurai”.
Tokugawa Ieyasu
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Estoy en una fiesta privada para prensa de lujo, en un gigantesco pabellón ubicado en las afueras de un pueblo, en un país desconocido. La fiesta consiste en beber sangre de cerdo en copas de cáliz y luchar con espadas. Yo llevo una que tiene filo de katana pero empuñadura de espada del Rey Fernando el Católico. Me encuentro con un viejo amigo, creo que fuimos juntos al colegio, y decidimos luchar a muerte. Su espada es más moderna pero aparentemente más floja. Peleamos durante un rato sin herirnos, hasta que yo gano porque parto su espada en dos con el filo de mi katana cristiana. Mas le perdono la vida porque no encuentro razones para matarlo. Entonces se apagan las luces y para la música: la fiesta ha terminado. Todos salimos del inmenso pabellón, una muchedumbre de perdidos periodistas de tendencias con sus espadas colgando del cinturón. Pero fuera está oscuro y no hay rastro de taxis. Así que nos ponemos todos a andar en fila india por una lúgubre carreterita de pueblo. No pasa ni un coche. Caminamos en silencio. A los lados, bosques y campos oscuros. Cementerios llenos de tumbas con crucifijos que brillan en las tinieblas. Nadie habla y se masca el miedo. Andamos bastante tiempo hasta que vemos las luces lejanas de un autocar que se aproxima. Hay varias luchas con espada por subir al bus, porque no cabemos todos. Yo tengo la suerte de entrar de los primeros y me acomodo en un asiento, junto a otro antiguo compañero de colegio. “¿Dónde vamos?”, le pregunto. “De excursión”, responde él. “¿Al futuro?”, intuyo. “Qué va, al revés, ¿no te has enterado? Volvemos al pasado que será el presente. Nos llevan a todos al matadero, porque quieren hacer una buena purga para instaurar una nueva Edad Media. Sólo sobrevivirán los que tengan un gran dominio de la espada”, me aclara él. Y entonces me despierto. Me duelen la espalda y el cuello como si realmente hubiera estado luchando con una gran espada.
cirlot y sus espadas
Este sueño es una excusa ideal para profundizar en los múltiples significados simbólicos de la espada. No hay que olvidar que Cirlot, autor del “Diccionario de los símbolos” más importante, pasó la mayor parte de su vida completamente obsesionado con las espadas: empezó a coleccionar ejemplares antiguos en 1951 y no paró hasta su muerte en 1973. La importancia tradicional atribuida a estas arcaicas armas blancas se refleja como en un espejo mágico en la entrada que le dedicó en su deslumbrante diccionario simbólico.
Pero no reproduciremos ésta (ya que apenas habla de katanas); para esta ocasión, creo que es más adecuado leer el estudio que el cirlotesco historiador del arte Luis Caeiro Izquierdo tituló “Aspectos simbólicos del sable japonés y de la espada occidental”:

“De la importancia del sable en la cultura japonesa da buena prueba Inazo Nitobe en Bushido. The Warrior’s Code (1), uno de cuyos capítulos recibe el contundente título de “El Sable, alma del Samurai”; como vemos, esta definición no puede expresar un más alto concepto. Sin embargo, la carga mítica y simbólica de la espada (a la que voy a considerar en este contexto como equivalente simbólico al sable) es universal y aun diría que perpetua llegando en determinados aspectos hasta hoy día (2).
katana
El sable japonés no ha perdido ni enmascarado nunca esa veneración que han tenido las armas blancas en todas las culturas y que hoy, desde hace bastante tiempo, la cultura occidental ha relegado a poco menos que un residuo arqueológico sin por ello eliminar sus restos en el subconsciente colectivo; los sables y las espadas occidentales están hoy prácticamente olvidados en los museos, considerados en gran medida como un arte menor al lado de la pintura o la escultura. Japón siempre ha considerado la fabricación de espadas/sables como una de las artes mayores, con bastantes connotaciones religiosas, como tendremos ocasión de ver; como ejemplo de la importancia que tuvo este arte, tenemos la figura del Emperador Go-Toba (1180-1239) que, además de su labor política, fue un gran protector de los forjadores, siendo él mismo un Kami viviente, uno de ellos. Para él trabajaron los más grandes artistas de su tiempo, favoreció la investigación para mejorar la hoja convirtiéndose así en una figura casi mítica, representada en pinturas y grabados. Hoy Japón, con el espíritu de su cultura siempre reacio a romper con la tradición, sigue dando a sus sables una muy alta consideración, estando algunos de ellos calificados como tesoros nacionales.
vaina y katana
En los tiempos dorados de la clase samurai el sable era una de las más preciadas posesiones de las familias y del individuo: “A los nobles japoneses les gusta sobre todo hacer ostentación de sus armas, y les enorgullece que sean lo más lujosas posibles. Sus sables, en particular, cuyo temple aventaja a los mejores, tienen generalmente enriquecido el puño y la vaina con ricos adornos de metal cincelados con la mayor finura; pero lo que constituye principalmente el valor de estas armas es su antigüedad y celebridad” (3). No puntualiza el autor de este texto que es la hoja lo más venerado; una vez forjada la hoja tiene lugar una ceremonia en un templo shintoista consistente en enrollar en el sable el cordón sagrado que une las columnas del Torii o Puerta de los Dioses (puertas situadas en los caminos de los templos), cordón llamado Shimenawa. El objetivo de esta ceremonia es que penetre en la hoja un alma con sus potencias. A partir de este momento la hoja se convierte para el Samurai en un ser vivo, inteligente y potencialmente activo.
ronin y espada
Desde ese momento el sable es considerado como la prolongación del guerrero e incluso el guerrero se considera ocasionalmente una prolongación del sable (4). Sin embargo, esta prolongación debe entenderse sólo como se entendería entre dos compañeros de armas perfectamente compenetrados y no como si fuesen apéndices el uno del otro. Esta concepción del sable como individuo ha creado una visión antropomórfica en la que la hoja se identifica con el alma, la empuñadura (Tsuka) con la cabeza, la vaina (Saya) con el cuerpo y los demás complementos con el vestuario; es, pues, un ser vivo y autónomo al que se convierte en depositario de lo más valioso para el Samurai: la lealtad y el honor (5).
lobo, cachorro y sable
Como tal depositario, el sable recibe todo tipo de veneración. Ocupa en su soporte (pequeños muebles de madera con elementos metálicos que pueden ser horizontales o verticales, siendo los más extendidos los horizontales para albergar el juego de dos sables llamado Daisho) el lugar de privilegio de la pieza más importante de la casa; este lugar llamado Tokonoma es un espacio variado (poyete, repisa, hornacina, etc.) donde se colocan determinados objetos, pinturas, Ikebana… de manera asimétrica y con un sentido esencialmente provisional expresando el estado de ánimo del momento, así las pinturas cambian según la estación, la climatología o la circunstancia familiar. Suelen ser pocos objetos dispuestos, basándose en una estética claramente Zen; ahí se coloca el Sable presidiendo en cierto sentido la vida familiar. “Más de un templo y más de una familia en el Japón conservan un sable como objeto de adoración. Todo insulto que se le haga equivale a una afrenta personal. Desgraciado de aquél que negligentemente pasa por encima de un arma caída en el suelo“. En el mismo párrafo Nitobe nos da otro dato que nos acerca a usos más conocidos: “Compañeros constantes (el Samurai) los ama y les da nombres amistosos“. La costumbre de individualizar cada pieza dándole un nombre es sumamente usada en la caballería occidental: Arturo y Excalibur, Lanzarote y Ballarin, Roldán y Durandall, Sigfrido y Balmunga son unos cuantos ejemplos. En Japón también existen los nombres engarzándose muchas veces en el mito shintoista; así aparece la espada de Izanagi llamada Totsuka no Tsurugi (Espada de los Diez Brazos Abiertos), la espada de Susanoo llamada Orochi no Aramasa, con ella decapitó al Dragón multicéfalo en cuyo cuerpo encontró otra espada llamada Ame Murakumo Kusa (Preciosa Espada de las Amplias Nubes), que posteriormente se llamó Kusaragi-no Tsurugi (Espada del Mullido Césped) y que fue la espada que regaló a su hermana Amaterasu y ésta, a su vez, a los descendientes en el mito fundacional.

En la simbología general de la espada o el sable podemos encontrar una línea común o una serie de elementos similares entre las diversas culturas como vamos a esbozar a continuación.
izagami e izanami agitan el mar con la lanza celestial
El origen o relación primigenia de la espada con la divinidad es prácticamente universal en las diversas cosmogonías; en el Génesis ya aparece: “Y, desterrado Adán, colocó Dios delante del Paraíso de delicias un querubín con una espada de fuego, que andaba alrededor para guardar el camino que conducía al árbol de la vida” (7). En esta manifestación como espada de fuego, relativamente frecuente, es el símbolo de la justicia y la pureza (8). En el mito fundacional japonés aparecen dos armas fundamentales: en primer lugar, cronológicamente hablando, aparece la lanza llamada Nu-Boko de la que se valen Izanagi e Izanami para crear las islas japonesas, esta primigenia arma mitológica tenía la forma llamada Wabashira o “Columna de Macho“; este término designa la pilastra de una barandilla o parapeto sobre todo en los puentes, al mismo tiempo que tiene unas claras connotaciones fálicas, que son restos de antiguos cultos fálicos relacionados con la fertilidad (9). La lanza como tal es símbolo guerrero y sexual, con un sentido totalmente terrestre y material. La segunda arma que aparece en el mito fundacional shintoista es la espada Ame no Murakumo Kusa que forma parte del regalo fundacional del imperio japonés junto con el espejo de Amaterasu y la joya; es decir, que al primer orden, a la creación de un mundo sin civilizar corresponde la lanza y al segundo orden, un orden ya político, organizado y civilizado se corresponde con la espada que básicamente es un símbolo solar, celeste y espiritual.
excalibur, el alma del rey arturo
En este sentido civilizador de la espada hay que entender la función de Excalibur en el ciclo artúrico, en el que también la espada está relacionada con una figura femenina (Dama de Lago) como en Japón (Amaterasu), y también la tradición de que los míticos fundadores de ciudades lleven siempre espadas en los antiguos relatos chinos. Asociada al sol que lucha contra las tinieblas y las vence, supone también la lucha y la victoria contra la barbarie, la del conocimiento sobre la ignorancia y la superación espiritual en oposición a la rama y a la multiplicidad, signo siempre del mal. En tal sentido hay que interpretar tanto la frase evangélica “No he venido a traer la paz sino la espada” (10) o, como la coránica “La daga es la llave del Cielo y del Infierno” (11).

La propia relación con el sol, ente que en sí mismo supone un carácter juvenil, potente, fuerte y generador, se asocia inevitablemente con los principios masculinos y, siguiendo esta línea, se llega a la relación con el sexo (12). La cultura japonesa asocia directamente el sable al sexo: “Ha acabado el pueblo por ver en el espejo y el sable dos símbolos de la eternidad y de la vida incesantemente renovada. La forma de los dos objetos, uno oval y otro prolongado, ha hecho que se les considere como emblemas, masculino y femenino, de la procreación. Hasta hace poco tiempo, en las romerías al templo de Ise, los vendedores de objetos devotos ofrecían espejitos y sables que imitaban los órganos de la sexualidad” (13). Los cultos solares favorecieron en todas las culturas la aparición de organizaciones sociales y políticas bastante jerarquizadas (14); el interés en destacar las jerarquías nos lleva a una de las funciones sociales esenciales de las espadas y los sables. La espada ha sido desde siempre y en todas las culturas un distintivo de clase, relacionado siempre con los más elevados estratos, desde los bárbaros germánicos según recogen Tácito y Tito Livio hasta el caballero medieval, figura esencialmente aristocrática, e incluso hoy los mandos de los ejércitos españoles usan el sable como distintivo de jerarquía. No olvidemos que el primero y principal de los privilegios de la clase samurai era el derecho a llevar sable.
el emperador go toba forjando una hoja (kumiyoshi, 1940)
También de su origen solar proviene el carácter de acumulador y transmisor de energía. Esta energía que emana del sol o de Dios en el mundo cristiano medieval (15) se concentra en el arma o se transmite al guerrero. En el primer caso hay que situar algunos ejemplos de la humanización de estas piezas; en el mundo japonés he de destacar la historia del príncipe Keiko que encontrándose sitiado por un incendio fue salvado por su sable que, desenvainándose solo, cortó unos matorrales que le impedían el paso. Esta historia tiene sus paralelos con momentos de las novelas de caballería en las que la espada actúa independientemente de la voluntad de su propietario.
espada Colada del Cid
La personalidad de las armas blancas tiene una magnífica muestra en la literatura épica española, pues en el Cantar del Mio Cid se desarrolla un interesante proceso en relación con Colada y Tizona. Tras las bodas de las hijas del Cid con los infantes de Carrión y cuando ya vuelven a sus tierras dice el Cid:

os daré mis dos espadas,
Colada y Tizona son,
las que más quiero, y sabed,
que las gané por varón

Tras la afrenta en el robledal de Corpes y ante el Rey el Cid lo primero que reclama aún antes que el dinero son sus espadas:

Y en señal de mi cariño
les dí colada y Tizón,
(éstas las gané luchando
al estilo de varón)
para que ganaran honra
y que os sirvieran a vos;
cuando dejaron mis hijas
abandonadas las dos
nada quisieron conmigo
y así perdieron mi amor,
denme, pues, mis dos espadas
ya que mis yernos no son
.”

Lo más jugoso de esta historia para el tema que nos ocupa viene ahora. Los infantes han entregado al Cid las espadas y después se plantea el desafío a lo que se prestan los infantes pero:

Estuvieron discutiendo
y al Rey pidieron que no
se emplease la Colada
ni Tizón, aquellas dos
espadas, que no las usen
los del Cid Campeador,
arrepentidos estaban
de darlas los de Carrión
” (17).

En otras palabras: los infantes tienen más miedo a las espadas en sí que a la fuerza o destreza de los hombres que las manejan.

El arma blanca no sólo concentra la energía, sino que es un elemento conductor de la misma. Como tal funciona en las ceremonias de la Orden de Caballería en las que la fuerza, fundamentalmente espiritual, penetra en el nuevo caballero a través suyo con los célebres espaldarazos; este ritual crea entre el caballero nombrante y el nuevo caballero una relación muy semejante al parentesco, pues en realidad se trata de un parentesco espiritual, que al mismo tiempo es una base muy fuerte para la estructura del poder feudal basada en los vínculos personales (18).

Volviendo al texto del Cantar del Mío Cid recogido, hay una idea que se repite constantemente: la asociación de la espada con la condición masculina. Esta asociación se da en una doble vertiente: sexual y viril o, lo que es lo mismo, como individuo diferenciado de la mujer (portadora de la vida y simbolizada en algunas culturas por el huso) y como hombre adulto (capaz de reproducirse, cazar y combatir, portador en cierto sentido de la muerte). Ejemplo claro de esta doble vertiente es la relación del samurai con su sable; desde muy pequeño se le da al niño samurai un sable adecuado a su tamaño, pero no el auténtico; éste sólo se le dará a los catorce o quince años, es decir, no cuando el muchacho alcanza la capacidad física y la destreza para manejar el sable, sino cuando, al alcanzar su pleno desarrollo sexual, es considerado un hombre adulto. La imagen del Samurai completamente armado resalta precisamente esta relación con la más pura sexualidad viril destacando, mediante la empuñadura del sable, los órganos sexuales masculinos.
daigoro (ilustracion de frank miller)
La relación del varón con la espada/sable es universal; existe un ejemplo definitorio de ella en la mitología griega, en la que la espada no es especialmente valorada (destacando mucho más el escudo, la lanza o las herramientas). Aquiles se esconde por voluntad de su madre para no ir a la guerra de Troya disfrazándose de doncella entre otras doncellas; llegan los guerreros buscándole y el siempre astuto Ulises le tiende una trampa: presenta a las doncellas un cofre lleno de regalos característicamente “femeninos”, telas, joyas, peines, etc., y entre ellos una espada que, inevitablemente, Aquiles empuña, delatando así su condición masculina (19).
diagrama con las distintas partes de una katana
Toda esta complicada simbología, que apenas he podido esbozar, ha hecho que el sable japonés se haya convertido en un objeto de gran importancia a la que no es ajena la belleza intrínseca de la hoja: “La fría hoja cubriéndose de vaho en el momento de salir de la vaina, su materia inmaculada reflejando una luz de tinte azulado, su incomparable filo del que depende la historia de los pueblos y sus posibilidades, la curva de su lomo, ungiendo la gracia exquisita a la fuerza más rígida, todo ello nos sugiere una mezcla de sentimiento de poder y de belleza, de respeto y de terror” (20); emocionada descripción de un arma, tan hermosa e inquietante que ha sido capaz como ninguna otra de simbolizar a un pueblo.

NOTAS

(1) Nitobe, Inazo: Bushido. The Warriors Code. California, 1979. También Bushido, el corazón de Japón. Barcelona, 1988, edición en castellano de la misma obra.

(2) Aspectos que, sin darnos cuenta, nos rodean y que abarcan desde una firma comercial de cuchillas de afeitar al arco triunfal irakí conmemorativo de la victoria sobre Irán, formado por dos gigantescas cimitarras, o al Oscar de la Academia de Artes de Hollywood, emblema y símbolo parlante del éxito en la actual cultura de la imagen (y el mundo de la imagen es en gran medida el mundo que creó Hollywood). Como vemos, la espada, en sus manifestaciones simbólicas actuales, siempre aparece con sus connotaciones positivas (Calidad, Victoria, Éxito).

(3) Humbert, Aimé: Viaje al Japón. Madrid, 1983, pp. 286-287.

(4) Ríos, C. H.: Samurai. La vía del sable. Barcelona, 1982, p. 30.

(5) Nitobe, Inazo: Op. cit., p. 106. En esta cita y las siguientes Nitobe nos da una visión muy expresiva de la posición del sable en la familia japonesa.

(6) Robinson, B. W.: The arts of the Japanese Sword. Londres /Boston, 1970.

(7) Génesis: cap. III, vers. 24.

(8) Cirlot, J. E.: Diccionario de símbolos. Barcelona, 1978, pp. 192-193.

(9) Blair, Claude: Enciclopedia Raggionata delle Armi. Milán, 1979.

(10) Mateo 10, 34.

(11) Recojo la cita de Nitobe, Inazo: Op. cit., p. 105.

(12) Cirlot, J. E.: Op. cit., pp. 192-194.

(13) Blasco Ibáñez, Vicente: La vuelta al mundo de un novelista. Madrid, 1958, p. 435.

(14) Cirlot, J. E.: Op. cit., pp. 192-194.

(15) Keen, Maurice: La caballería. Barcelona, 1986, p. 102.

(17) Anónimo: Poema del Mio Cid. Barcelona, 1969.

(18) En 1948, durante las conmemoraciones del séptimo centenario de la conquista de Sevilla por Fernando III el Santo los Caballeros Alumnos de la Escuela Naval Militar recibieron el espaldarazo con la espada de dicho monarca, acto que apoya lo expuesto brevemente sobre la perdurabilidad de la simbología del sable.

(19) Falcón Martínez, C. / Fernández Galiano / López Melero, R.: Diccionario de la Mitología clásica. Madrid, 1980, pp. 70-71, por ejemplo.

(20) Nitobe, Inazo: Op. cit., p. 108.
ronin usando su katana (viñetas de frank miller)

CEMENTERIO TV

June 13, 2007

“Tumba: Cuerpo material, lugar de las transformaciones y símbolo del inconsciente. También puede ser símbolo maternal y femenino en términos generales”.
Juan Eduardo Cirlot
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el gran silencio catodico
Después de pasar una larga temporada sin televisión (sólo veía DVDs) los de Telefónica me han regalado un mes gratis de caja tonta por ponerme ADSL, así que durante 30 días 30 dispongo de un aparato que me permite ver muchos canales muchos, no recuerdo cuantos, pero casi 100. Tras un puñado de zappings, en diferentes días y a diferentes horas, sólo vi basura: reposiciones seborréicas, series para ejecutivos, dibujos animados más vistos que el tebeo, deportes soporíferos… Nada de mí, nada de tí, nada de nada. Hasta que el monje Rafa C. me habló de Cementerio TV: “Es un programa sobre camposantos que echan cada madrugada en Calle 13“, dijo. Como buen noctámbulo, aguanté despierto, lo sintonicé y me enganché. Lo que vi coincidía con la descripción del programa leída horas antes en la web de Calle 13:

Cementerio TV es un programa diario de más de una hora de duración. Cada madrugada asistiremos a la “vida” nocturna de nuestros cementerios.

Ofrecemos un “tiempo muerto” original y sorprendente en el que tú ejercerás el papel de guía.

A través de los vídeos grabados por nuestros espectadores nos convertiremos en testigos silenciosos de una realidad desconocida que nos proporcionará una experiencia única. No pretendemos turbar la paz de los difuntos. Tan sólo registrar la atmósfera en la que descansan. Pasear entre las lápidas, encontrar los más curiosos epitafios, escuchar las historias que nos cuenten las personas que trabajan en los cementerios, descubrir a sus “huéspedes” más ilustres…

Un paseo nocturno que desvelará algunos de los secretos de los cementerios más exquisitos, macabros, inquietantes o monumentales del mundo, con cámara de visión infrarroja. ”
para entrar a morir
Sí, Cementerio TV es un viaje de ida y vuelta a los reinos de la muerte. Una antítesis radical de la mayoría de programas, que están ahí para generar deseos y fortalecer el ego del televidente. Cementerio TV, muy al contrario, nos recuerda que no somos nadie, que estamos en este mundo de paso y que, en el fondo, nada importa nada porque es un soplo la vida y la oscura eternidad nos aguarda impaciente. Una forma más de familiarizarnos con nuestro futuro hogar, donde si Dios quiere todos (ricos y pobres, guapos y feos, tontos y listos) pasaremos una laaaaarga temporada… hasta que un cataclismo los destruya, convirtiendo al planeta Tierra en un cementerio de cementerios.
cementerio budista en shibuya (tokio)
Viendo Cementerio TV, además de sentir una extraña paz, llegas a la conclusión de que estos lugares se hacen para los vivos, para aliviar las pérdidas y para generar la ilusión de un descanso tras la vida, aunque uno intuye que, mientras nuestras carcasas sirven de pasto a los gusanos, seguimos activos, fundidos con el mar del cosmos, pero ya sin rastro del ego que tanto nos dominó y nos torturó en vida.
Lo único que no me acaba de convencer del programa es la selección musical (el aislationism, dark hop y demás están bien para las meganecrópolis urbanas, pero, según la naturaleza del cementerio, lo ideal sería alternarlo con sonidos after punk, góticos, marchas fúnebres, sad pop, música clásica trágica, cantos fúnebres populares e incluso cantautores oscuros).
me vuelvo al pueblo
Viendo Cementerio TV no sólo se medita, también se aprende; sobreimpreso en la pantalla leí, por ejemplo, un dato curioso: muchas veces se apaga el fuego de los hornos crematorios debido a la gran cantidad de agua que sueltan los cadáveres. Es bueno saberlo: otra razón más para preferir el enterramiento a la incineración: no dar la brasa (nunca mejor dicho).
También me enteré de que ya existen cementerios occidentales, como el de Viena, que tienen una zona budista. Espero que cunda el ejemplo porque, al fin y al cabo, las religiones “serias” no son más que distintos caminos hacia un mismo lugar.
Las entrevistas con sepultureros, cremadores o personal de pompas fúnebres rompen un poco la sucesión de tumbas y nichos y mausoleos que forman el esqueleto del programa. Pero lo mejor es la “acción” en cámara subjetiva grabada por videoaficionados, que nos hace sentir como si realmente vagabundeáramos por una necrópolis. Esto suscita todo tipo de pensamientos (sombríos y/o iluminados) de parecida naturaleza a los que invadían a Jünger en sus habituales visitas a cementerios:
Me vino a la mente la extensa red de experiencia que se hunde con la muerte: todos esos hechos, datos, encuentros, lo aprendido, lo visto, las conversaciones, las lecturas, los paisajes geográficos e históricos, las modas con sus insensateces, las acciones buenas y las malas, los matices, cuyo colorido palidece ya en vida. Todas esas cosas tienen que irse al fondo; los nudos y mallas de la red desaparecen en las olas. Pero queda libre aquello que, a menudo sin sospecharlo, capturamos con esa red. Donde la ola adquiere conocimiento de sí misma es en el mar“.
los ricos tambien mueren
Mas no creo que lleguemos a esas profundidades abisales viendo este programa. Como siempre, lo real supera a lo virtual y ninguna cámara nos podrá transmitir la sensación de recorrer muy despacio el mullido césped de un cementerio a las tantas, iluminando con la linterna las lápidas más llamativas, rumiando la vida y barruntando la muerte.
detalle de tumba budista en el cementerio de shibuya (tokio)
Mientras decidimos si nos atrevemos o no a colarnos en un cementerio de noche para grabar nuestro propia aventura, terminemos con una canción de la etapa más oscura de The Cure . Se titula “Cold“, está en mi disco favorito del grupo (”Pornography“) y sería perfecta como sintonía de cierre del programa, para amenizar los títulos de crédito en los que se agradece a los distintos camposantos su colaboración con Cementerio TV, al abrir sus pesadas puertas de hierro para dejar paso a las cámaras, perturbando durante unos minutos el profundo sueño de los muertos.
scarred
your back was turned
curled like an embryo
take another face
you will be kissed again
i was cold as i mouthed the words
and crawled across the mirror

i wait
await the next breath
your name
like ice into my heart

a shallow grave
a monument to the ruined age
ice in my eyes
and eyes like ice don’t move
screaming at the moon
another past time

your name
like ice into my heart

everything as cold as life
can no-one save you?
everything
as cold as silence
and you will never say a word

your name
like ice into my heart

hielo para mi retina

CARNE DE ZEN / HUESOS DE ZEN

June 7, 2007

Ayer por la noche releí algunas páginas de “Carne de zen. Huesos de zen”, una antología de historias antiguas de budismo zen que es, que yo recuerde, el primer libro de texto serio sobre espiritualidad oriental que cayó en mis manos. Como se deduce de una cita de Bodhidharma que se incluye en el prólogo, en libros como este se encuentran la carne, la piel y los huesos del zen, pero no su tuétano, que nunca está en las palabras. En la última página de este valioso minivolumen editado por la Editorial Edaf en su colección Arca de Sabiduría, me reencontré con el siguiente párrafo de alto poder revelador:

El Buda dijo: “Considero la condición de reyes y gobernantes como meras motas de polvo. Contemplo sus tesoros de oro y piedras preciosas como si fueran un montón de ladrillos y guijarros. Las más finas túnicas de seda me parecen mugrientos harapos. Veo las miradas de mundos de este universo como las semillas de un fruto, y el lago más grande de la India es una gota de aceite en mi pie. Concibo las diferentes enseñanzas sobre la tierra como vanas ilusiones de magos. La más alta concepción de la emancipación se me presenta en el áureo brocado de un sueño, y observo el sagrado sendero de los iluminados como flores que brotan de sus ojos. Veo la meditación como el pilar de una montaña, el nirvana como una pesadilla diurna. Me imagino el juicio sobre el bien y el mal como la danza sinuosa de un dragón, y los ortos y ocasos de las creencias como meros vestigios dejados por las cuatro estaciones”.
la luna ilumina, bodhidharma medita
Pintura que representa a Bodhidharma meditando, creada en 1887 por el artista japonés de ukiyo-e Yoshitoshi . (Imagen de la colección de Charles C. Goodin).

BALNEARIO DE SOMBRAS

June 4, 2007

Como cada trimestre, El Zurdo ha vuelto a actualizar su Shadowline. En esta ocasión, aunque casi todos los miembros estemos perdidos en mil y una noches del alma y otras tantas bitácoras, hay un jugoso puñado de sombras, entre las que destacan tres novedades increíbles: un extenso artículo de Charlie Mysterio sobre la fascinante figura de Wilhem Reich, el texto definitivo de Maese La Mueca acerca del Uomo Lésbico y un paseo por el país de las pornomaravillas de Stu Mead a cargo de un tal Dildo. Si les aburre el mundo moderno, tal vez les apetezca sumergirse en este gélido y arcaico manantial de sombras chinescas, digo zurdescas. Al agua, patos.
aguas menores