CARNE DE ZEN / HUESOS DE ZEN
Ayer por la noche releí algunas páginas de “Carne de zen. Huesos de zen”, una antología de historias antiguas de budismo zen que es, que yo recuerde, el primer libro de texto serio sobre espiritualidad oriental que cayó en mis manos. Como se deduce de una cita de Bodhidharma que se incluye en el prólogo, en libros como este se encuentran la carne, la piel y los huesos del zen, pero no su tuétano, que nunca está en las palabras. En la última página de este valioso minivolumen editado por la Editorial Edaf en su colección Arca de Sabiduría, me reencontré con el siguiente párrafo de alto poder revelador:
El Buda dijo: “Considero la condición de reyes y gobernantes como meras motas de polvo. Contemplo sus tesoros de oro y piedras preciosas como si fueran un montón de ladrillos y guijarros. Las más finas túnicas de seda me parecen mugrientos harapos. Veo las miradas de mundos de este universo como las semillas de un fruto, y el lago más grande de la India es una gota de aceite en mi pie. Concibo las diferentes enseñanzas sobre la tierra como vanas ilusiones de magos. La más alta concepción de la emancipación se me presenta en el áureo brocado de un sueño, y observo el sagrado sendero de los iluminados como flores que brotan de sus ojos. Veo la meditación como el pilar de una montaña, el nirvana como una pesadilla diurna. Me imagino el juicio sobre el bien y el mal como la danza sinuosa de un dragón, y los ortos y ocasos de las creencias como meros vestigios dejados por las cuatro estaciones”.

Pintura que representa a Bodhidharma meditando, creada en 1887 por el artista japonés de ukiyo-e Yoshitoshi . (Imagen de la colección de Charles C. Goodin).
