He oído que Bergman ha muerto. El célebre cineasta sueco, cuyas mejores obras nacen de un desesperado alarido racional de miedo a la muerte, aseguró en una de sus últimas entrevistas haberse reconciliado con la dama de la guadaña: “Es como una vela que se apaga”, dijo sobre su propia vida, sin tiempo ni ganas de ser demasiado original. En Dildodrome no creemos en la muerte, sino en la transmutación del alma, en la evolución por encarnaciones múltiples hasta alcanzar el estado de perfección. Por eso sólo nos queda desearle a Ingmar un buen viaje. No sabemos lo que hará en su próxima vida, pero en esta que se acaba de extinguir vomitó algunos de los fotogramas más fascinantes de la historia del cine. Casi todos ellos están concentrados en estos seis minutos: el onírico, perfecto, hipnótico y subyugante comienzo de “Persona” . Aquí está todo. Esto es el cine: un sueño rebobinado y enlatado. Cuando Will More hablaba en “Arrebato“ de filmar al ritmo preciso, de encontrar el latido, los altos y los bajos, de la pausa, del éxtasis y de la primera comunión se refería, sin duda, a esto:
“Contemplé un enorme pez o una masa tremendamente irregular surgiendo del agua, de un color pardo oscuro parecido al de las algas marinas. Tendría una longitud de 1,80 metros y se elevaba sobre la superficie unos 60 centímetros. Pude ver bajo el agua, detrás de la masa informe, la sombra de un cuerpo de considerable tamaño. Delante, surgieron una cabeza y un cuello enormes. Este sería del grosor de un cuerpo humano; aquélla, por su forma y por sus ojos, se asemejaba a la de una tortuga”.
Meade Waldo. Estoy en San Sebastián con mi familia y con Nono. Vivimos en una casa pequeña. A instancias de mi madre, planeamos una excursión a los acantilados. El coche está aparcado junto a la playa, así que hacia allí vamos. Cuando llegamos, miro al mar y siento un deseo irresistible de darme un chapuzón. Así que me lanzo al mar “entre las manos de las nubes”. Me sumerjo, buceo y me doy cuenta de que me he tirado vestido, abrigo y toalla inclusive. En el agua, saco de mis bolsillos diversos, como un paquete de tabaco, unas llaves y varias piedras. Los dejo en la escalera metálica que sube hacia el paseo marítimo y nado hacia la orilla. Allí hay otras personas. Muchas de ellas se bañan vestidas con trajes regionales. Tan pronto como salgo del mar, vuelvo a sentir deseos de bañarme y, cuando lo intento, me doy cuenta de que el agua está mucho más sucia, turbia, llena de mierdas flotantes. Así que salgo de la playa y camino por el paseo marítimo, al otro lado, buscando un poco de agua limpia para bucear. Encuentro una zona de aguas cristalinas, de gran profundidad, así que me tiro de cabeza en picado. Disfruto mucho con la inmersión y buceo por el fondo, con los ojos abiertos, contemplando el mundo submarino de peces, algas y medusas. Subo un poco y, cuando vuelvo a mirar hacia abajo, veo una gigantesca serpiente que se desenrosca varios metros por debajo de mis pies. Cierro los ojos con horror y, al volver a abrirlos, la serpiente se ha transformado en una planta submarina verde de la misma apariencia, también enorme, que flota en espiral bajo mi cuerpo. Un poco asustado, nado hacia el lado contrario de la orilla, donde dejé todas mis pertenencias mojadas, y salgo del agua. Mi familia me espera y, como estoy empapado, volvemos al apartamento. Allí, ahora, hay otra gente que no es de la familia: un padre canoso y su hija rubia. Ella está tumbada en la cama y él sostiene en sus brazos una minicadena muda. Yo me meto en el baño porque tengo el cuerpo cubierto de algas. Mientras me ducho, el padre pone música. Bajo el chorro de agua helada, oigo la excéntrica voz de Poch: “Algas cianofíceas, algas verdeazulaaadas. Branquiando entre las algas. Danzando entre las algaaaas”. Salgo de la ducha, me vuelvo a vestir, cojo otro paquete de tabaco, otra toalla, otras llaves, otro abrigo y otras piedras para hacer fuego. Así, nos vamos todos a los acantilados. Allí, en ese mar más salvaje, tal vez me vuelva a bañar, tal vez vuelva a bucear, buscando la serpiente marina que antes no quise abrazar. Salimos del apartamento, dejando solos al padre y a su hija, que ya se empiezan a desnudar para cometer el incesto definitivo: matarse el uno al otro. Comentario: En este sueño todo es paja menos el símbolo de la serpiente marina. Ya dice Cirlot que “en Occidente, Bayley interpreta que la serpiente, por su esquema onduloso, similar a la forma de las ondas marinas, puede simbolizar la sabiduría abisal y los grandes arcanos”. También pueden ser protectoras de la inmortalidad. Todo lo contrario a las serpientes del desierto, que son tantas (y tan peligrosas) como las tentaciones, sólo vulnerables a las armas del Espíritu: “La leyenda de Buda dice que la serpiente circundó siete veces su cuerpo (como en las efigies de los cromos mitraicos), pero, no pudiendo vencerle, se transformó en un joven que se inclinó ante el Gautama“.
“Mikel Laboa ha grabado decenas de canciones sobre estos temas: el paisaje vasco, la añoranza del paisaje vasco y -lo más llamativo para mí- la figura de la madre. De la importancia que tengan para cada uno estos asuntos dependerá el grado de identificación que se llegue a alcanzar con esas canciones. Y a mí, personalmente, todo ese mundo me resulta de lo más cercano.
Luego está la música: las canciones de Mikel Laboa giran en torno a unos cuantos acordes básicos de guitarra, tocados de una manera a veces un poco rudimentaria pero siempre muy expresiva (pienso en la introducción de “Baztan” o en esas cuerdas mal pisadas de “Gure oroitzapenak”, para mí preferibles a todos los virtuosismos del mundo). De su voz y su forma de cantar se podría decir algo parecido.
La música de Mikel Laboa me hace pensar a veces en los discos que grabó Caetano Velosodurante su exilio en Londres. El grupo “Ez dok amairu” ya ha sido comparado alguna vez con los tropicalistas -yo no estoy lo bastante informado como para entrar en ese tema-. Pero sí creo que discos como “Transa” y “14″ transmiten una misma sensación de nostalgia aguda, casi desquiciante, y en según qué momentos su escucha puede ser una experiencia dolorosa.
También me han contado que Mikel Laboa, al igual que Caetano Veloso, es un poco médium (¿o un poco ventrílocuo?) en las actuaciones. Si algún día llego a verlo en directo lo comprobaré yo mismo; mientras tanto, me conformaré con seguir escuchando sus discos.”
NOTA: Hace poco encontré, en las profundidades de mi zulo, una hoja de papel manuscrita con letra fina, pequeña, tímida y elegante. Era un texto sobre el cantautor vasco Mikel Laboa que le encargué hace siglos a Ibon Errazkin, para publicar en un fanzine que proyecté junto a Victor Lenore y que jamás llegó a hacerse realidad.
2) TXORIA TXORI
Una gran canción de Mikel Laboa, “Txoria txori”, que puede oirse en este improvisado videoclip realizado por un fan en tributo a su amada:
La letra, traducida al castellano, viene a decir lo siguiente:
“Si le hubiera
cortado las alas
habría sido mío,
no habria escapado.
Pero así habría dejado
de ser pájaro.
Y yo…
yo lo que amaba
era un pájaro”.
Una letra que podría, también, aplicarse a las relaciones maternofiliales.
3) LOS CORDONES UMBILICALES DEL CUERPO Y EL ALMA.
Hay otra canción de Laboa, llamada “Gogo eta gorputzaren zilbor-hesteak”, de la que no he encontrado vídeos en Internet, así que reproduzco su texto en euskara y en castellano:
“Bi kate,
biak ebaki beharrezkoak:
bat gorputzaren bizitzeko,
bestea gogoaren askatzeko.
Adizu, ama
badakizu
sortze berean
zuri gorputzez lotzen ninduen
zilbor-hestea
sendagileak nola eten zuen.
Lehenengo eten beharra izan zen:
bizitzaren
bizitzeko lehen legea.
Haurtzaroan
titia eman zenidan,
mutil-zaroan
eskoletara bidali
bizitzarako armak hartzearren.
Dena eskertzen dizut
duen balore guztian,
nik ahal dutan neurrian
nainan, gaztaroan
amatxo maite!
Ohar zaitezte
benetan maite nauzun ama
izan nahi baduzu
eta nik zu maitatzea,
ni naizena
nik izatea nahi dutana izatera
utzi behar nauzula,
hau baita bide bakarra
biok alkar sanoki maitatzeko,
biok alkar osoki eta betikoz
maitatzeko,
zuk zure nortasunaz,
nik nereaz,
zuk zure nortasunaz,
nik nereaz.
Ama!
Eten dezagun
lehen gorputzarena bezela
orain,
gogoaren zilbor-hestea.
Ama!
Gogoaren zilbor-hestea”.
En román paladino:
“Los cordones umbilicales de la mente y el cuerpo. Dos cadenas. Dos cadenas, ambas han de ser cortadas. Una, la del cuerpo, para poder vivir, la otra, la de la mente, para poder ser libre. Escuchame madre, tú ya lo sabes, tan pronto como nací el médico cortó el cordon umbilical que por el cuerpo me unia a tí. Esa fue nuestra primera ruptura: la primera ley de vida para poder vivir. En la niñez me amamantaste, de muchacho me enviaste a la escuela, para que adquiriera las armas de la vida. Todo ello te lo agradezco, en la medida de mis posibilidades, por todo el valor que tiene en sí, pero, en la juventud, querida madre, debes de percatarte, que si quieres ser la madre que de verdad me quiere, y que yo te quiera, entonces, debes dejarme ser, que ese que soy yo, sea lo que yo quiera ser, ya que este es el único camino para que de manera sincera nos queramos mutuamente, para que ambos nos queramos plena y enteramente por siempre, tú con tu personalidad, yo con la mia. Madre, cortemos pues, como antes hicimos con el del cuerpo, cortemos ahora el cordon umbilical de la mente, madre, el cordon umbilical del alma.
4) CHICO ANCLA* un cuento de Tim Burton.
“Había una vez una chica
que venía de la mar.
Y había tan solo un sitio
donde ella quisiera estar.
Con un tal Paquito Serra
que tocaba en un conjunto.
Por él se iría a la tierra
y dejaría el océano.
Porque él sólo y sólo el
le había quitado la calma.
Y por eso ella quería
robarle a Paquito el alma.
Para el parto utilizaron
grúa, cincel y barrena:
el cordón umbilical
era una gruesa cadena.
Era feo y tenebroso,
duro como un cigüeñal.
No tenía la piel rosada
sino vil y gris metal.
El bebé, que suponían
los iba a juntar muy juntos,
en realidad los volvió
adustos y cejijuntos.
Aprovechando una gira,
se largó Paquito Serra.
Y a partir de ese momento
se quedó a vivir en tierra.
Con su niño (un ancla gris)
ella sola se quedó.
Él se volvió tan pesado
que con el tiempo la hundió.
Mientras se hundía hasta el fondo
sin sus sueños realizar,
eran ella sola y su hijo…
y los peces de la mar”.
*Cuento incluido en el libro “La melancólica muerte de Chico Ostra” (Anagrama), el “homenaje” no reconocido de Tim Burton al gran Edward Gorey.
5) AMOR DE MADRE.
Fragmento del ensayo “Sexo y carácter” de Otto Weininger:
“El amor materno es inmoral porque no representa una relación con un Yo extraño, sino que desde el principio constituye a modo de una excrecencia; como todo lo que es una inmoralidad para los otros, constituye una extralimitación. Únicamente entre individualidad e individualidad puede existir una relación ética. El amor materno excluye la individualidad, y procede sin elección y de modo impertinente. (…) Existe una corriente ininterrumpida entre la madre y todo lo que ha estado unido a ella por un cordón umbilical: ésta es la esencia de la maternidad, y por ello no me puedo unir a la admiración general que el amor materno despierta, sino que, precisamente, debo rechazar lo que con más frecuencia es objeto de loa, su falta de elección, su falta de crítica”.
6) DEL MERCURIO AL AZUFRE.
Entrada del diccionario cirlotiano de símbolos tradicionales:
“MADRE.
Los símbolos de la madre presentan una ambivalencia notable; la madre aparece como imagen de la naturaleza e inversamente; la “madre terrible”, como sentido y figura de la muerte. Por esta causa, según la enseñanza hermética, “regresar a la madre” significaba “morir”. Para los egipcios, el buitre era el símbolo de la madre, probablemente a causa de que devoraba cadáveres, simbolizando también el medio por el cual se escinden las partes de Hammamit (alma universal) para formar las almas individuales. También por la citada causa se ha considerado íntimamente ligado al significado de lo materno el sentimiento de nostalgia del espíritu por la materia o la sumisión del mismo a una ley informulada pero implacable (el destino). Jungmenciona el hecho de que en el Traité de la Cabale, de Jean Thenaud, (siglo XVI), se representa precisamente la figura materna bajo una divinidad del destino. El mismo autor indica que la “madre terrible” es la réplica complementaria de la Pietá, es decir, no sólo la muerte, sino el aspecto cruel de la naturaleza, su indiferencia con el dolor humano. También indica Jung que la madre es símbolo del inconsciente colectivo, del lado izquierdo y nocturno de la existencia, la fuente del agua de la vida. La madre es la primera portadora de la imagen del ánima, que el hombre ha de proyectar sobre un ser del sexo contrario, pasando luego a la hermana y de ésta a la mujer amada. El régimen social del predominio de la madre, o matriarcado, se distingue, según Bachofen, por la importancia de los lazos de la sangre, las relaciones telúricas y la aceptación pasiva de los fenómenos naturales. El patriarcado, por el contrario, por el respeto a la ley del hombre, la instauración de lo artificial y la obediencia jerárquica. Aún cuando, sociológicamente, el matriarcado ya no exista en Occidente, psicológicamente el hombre atraviesa una fase en la cual se siente esencialmente dominado por el principio femenino. El vencimiento de esta etapa y la entronización del principio masculino como rector de la vida, con las notas citadas por Bachofen, se simbolizó por el paso de la “obra lunar” a la solar, por el paso del mercurio al azufre”.
“Símbolos de la tierra madre: agua, madre de las aguas, piedra, caverna, casa de la madre, noche, casa de la profundidad, casa de la fuerza o de la sabiduría”, según Evola.