Agosto 21, 2007

INTERMEDIO

“Pero, ¿qué es inter-medio? Una pausa entre dos instantes, o también entre dos formas existenciales”.
Ernst Jünger.

el alquimista

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Agosto 7, 2007

VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA

“Hay algo más triste que envejecer, y es permanecer niño”.
Cesare Pavese.

Vamos de excursión. Pero en el autobús yo soy el único niño y los demás son ancianos. El busero es de mediana edad y tiene peluca y bigote postizo y uniforme azul marino. Viajamos por una ciudad que se parece a Milán pero con una arquitectura aún más gris, llena de edificios fascistas. Entramos en un túnel muy oscuro. Vamos despacio por pasadizos negros por los que el autobús apenas cabe. No conocemos nuestro destino y desconfiamos del conductor, pero la idea de bajarnos aquí, en este laberinto de túneles estrechos y oscuros es, de momento, muy poco seductora.
peter pan a traves del cristal
Después de un rato, es el chofer el que, de pronto, para. Está borracho y nos dice que tiene que ir a hacer sus necesidades, así que se baja del bus y desaparece en la oscuridad. Pasa el tiempo y no vuelve. Digo en voz alta: “¿Qué vamos a hacer ahora?” Mi compañero de asiento, un centenario alto y delgado, con sahariana, sandalias, calcetines grises y pantalón de campana, asiente y sonríe sin respuestas. Veo que dos señoras bajan del bus, poniendo verde al conductor, y se alejan por uno de los pasadizos. Como muertos vivientes, tambaleantes y en busca de comida, los viejos van bajando poco a poco del autobús, desapareciendo después en el laberinto de túneles. Al final, quedo yo solo. Pasan las horas y nadie regresa. Asi que decido ponerme yo mismo al volante del autobús abandonado, así que lo enciendo y repto con él por los túneles buscando una salida. El bus ahora es dúctil, y se dobla y se adapta a los cada vez más estrechos pasadizos como si fuera de plastilina. Así doy vueltas y más vueltas serpenteando por los túneles y bajando y subiendo por las rampas oscuras, sin encontrar una salida. A veces, veo algún viejo que me hace señas para que lo deje subir. Pero me da miedo parar porque pienso que ahora estarán muy hambrientos. Así que sigo dando vueltas y más vueltas, buscando una salida. Me asusta pensar en lo que haré cuando se acabe la gasolina. Tal vez entonces deba aceptar al fin mi destino: transformarme en uno de ellos y vagabundear cual zombie por los túneles oscuros para toda la eternidad. En busca del centro de la tierra donde, sin duda, podré volver a comer carne fresca.
perdidos en el subterraneo

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