BOING BOARD

September 30, 2007

“Los surfers son una nueva raza”.
Paul Witzig.

Vivo al borde de unos acantilados, donde se celebra un festival de psicosurf. Yo concurso en una peligrosísima modalidad, llamada Boing Board, en la que la tabla está sujeta a un enorme muelle y se surfea dando botes sobre la arena. Compito con tabla prestada, contra una preadolescente rubia, fuerte y algo andrógina, que domina perfectamente el equilibrio sobre la tabla y ha desarrollado una especie de agallas que le permiten respirar dentro y fuera del agua. En esta modalidad, se procede al revés: salimos del mar y surfeamos sobre la arena. Durante un rato, boto bien, pero el muelle de mi tabla parece cobrar vida: crece, muta, se retuerce y yo siento vértigo y pierdo un poco el equilibrio. Estoy muy alto y veo mi casa y la belleza salvaje de los acantilados desde arriba, pero no consigo disfrutar de estas visiones porque no llevo gafas y está todo borroso y tengo miedo a caerme.
cogiendo olas en los acantilados de marmol
La preadolescente anfibia salta de la playa y se desliza por las rocas y escala a botes por los acantilados. Intento seguirla y me caigo, pero el muelle rebota en una roca y el impacto hace que salte hasta la cima de los acantilados, donde se encuentra la meta. He ganado la carrera y mi rival me regala su tabla: una preciosa Boing Board con un muelle de adamantium de gran estabilidad. Le doy las gracias y asumo mi nuevo destino como Boing Boarder: ahora estoy obligado a usar siempre la tabla, botando por los acantilados hasta la muerte. Estoy contento de haber ganado pero, en el fondo, envidio el espíritu y la genética de la preadolescente anfibia: ella vive en una de las cuevas: es una auténtica hija de los acantilados
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hijastra de neptuno