EL JUEGO DEL RETRETE Y EL RATÓN

March 31, 2008

“The girl was bad, the girl was dangerous”.
Michael Jackson

Primero soy mayor, pero juego como un niño con pequeños coches de juguete en una inmensa explanada de cemento delimitada por verjas oxidadas. Cojo los coches-bala de miniatura y los choco, lanzándolos lejos, zapateándolos, haciendo carreras entre ellos que retransmito con voz grave de locutor deportivo y ruiditos infantiles que tratan de imitar los motores y frenazos: “Brrrrrmmm, booooom, señoras y señores, ha ganado el coche rojo y el coche azul acaaaaaaba de explotaaaaaaaaaar”.
speed demon
Acto seguido, sin ningún tipo de transición, soy pequeño y camino por el exterior de un colegio, lleno de ventanas con cristales rotos, canchas cubiertas de mala hierba y sarnosas zonas verdes; aquí imparten clases crueles profesores que torturan a los niños con retorcidos rituales. De pronto, siento ganas de mear y voy al váter, que está algo oscuro, con las paredes de azulejos blancos amarillentas; entro y hay un fuerte olor a amoniaco, a orines rancios y a caca de anciano enfermo. Es un hedor insoportable: el de un servicio público que lleva siglos sin ser limpiado. Aún así, me meo y debo hacerlo aquí, en el viejo urinario, porque si lo hiciera en el exterior, me verían los maestros y me tirarían de las patillas. Pero, nada más entrar, la veo: una delgadísima y enfermiza rubia platino, medio en pelotas, con pinta de putón de carretera: tacón de aguja, ojos pintarrajeados, pelo cardado y despelucado, vestido negro diminuto y medio roto: una versión anoréxica, yonki, degenerada y venérea de Isabella Rosellini/Perdita Durango. Su presencia me provoca un doloroso latigazo de terror, pero debo disimular y mear, porque no aguanto más. Así que me encaramo al váter, que es demasiado alto para mí, y meo como si me fuera la vida en ello. Cuando casi estoy terminando, oigo con horror la espectral y sifilítica voz de la rubia: “Pequeño, ¿quieres que te ayude?”, y luego una risa odiosa que me corta la meada y la respiración. Temblando de miedo y mirando de reojo, no contesto; ella da un bufido y se pira, caminando con lentitud, renqueante, altiva y tambaleante, como una adolescente recién sodomizada por una botella de whisky rota que, pese a todo, hubiera disfrutado con el sangriento polvo. Aunque no he podido terminar de mear, me subo la petrina y salgo por patas; la veo a lo lejos, caminando patizamba sobre sus larguísimas ancas, hablando a gritos por un móvil viscoso que chorrea en su mano. Doblo la esquina y salgo corriendo para escapar de ella. Pero cada vez que miro a la izquierda la veo, hablando por su móvil y clavándome su sucia mirada, con una mueca sonriente que me llena de horror. Así que corro y corro intentando no mirar atrás, mientras ella camina por los pasillos de un edificio de dos plantas sin techo y me aterroriza con el eco chirriante de su risa. Salgo corriendo y bajo una escalera hacia la salida. Antes de atravesar el arco de hierro oxidado, debo dar un gran salto sin mirar atrás. Así que salto pero, en el aire, su pegajosa voz chillona me golpea los tímpanos: “iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii” Surco el aire, a cámara lenta, y grito y miro hacia atrás y la veo con horror, puta y viciosa, mirándome fijamente, señalándome con su dedo de bruja. Y, entonces, el suelo se aleja, las escaleras se estiran y quedan como una planicie de cemento, y se acaba la cámara lenta y caigo… y me doy la gran hostia. Una hostia letal para un niño de siete años como yo. En el suelo, sangrando y babeando y muriendo, noto como se me escapa el pis que se me cortó en el retrete por puro miedo. Así, con la bragueta empapada, me hago mayor (casi treinta años en diez segundos) y, después, me muero, es decir, me despierto.
el horror de weininger

PARISIENNE PEOPLE by David Lynch

March 23, 2008

Y ahora, vamos a hacer una breve pausa para la publicidad. Pero no teman, que no hace falta despertar: se trata de un anuncio completamente onírico, filmado por David Lynch para la marca suiza de cigarrillos Parisienne. De todos los anuncios dirigidos por Lynch para distintos productos este es, sin duda, mi favorito: cuenta la leyenda que David, fumador emperdernido, estaba a punto de rodar otro spot de gente dándole al pitillo (en plan Corazón salvaje, filme que, en el fondo, no deja de ser un largo anuncio de Marlboro) cuando tuvo el siguiente sueño:

SOÑANDO CON MI ENEMIGA por El Zurdo

March 17, 2008

Título, conste, irónico. En años de mayor quijotismo y vehemencia, cuando mi delirio era más hard que soft y solía exagerarlo todo, me autoconvencí de que ella me odiaba. Pero (como diría Howard Roark) para odiar a alguien tienes, primero, que pensar lo bastante en esa persona. Creo que, de sentir algo por mí, más que odio la palabra correcta sería “prevención”: esto es, un germen de empatía ahogado por innúmeras capas de prejuicio impuestas por el entorno. Esa sensación de que, en otra dimensión, sin tantas trabas coyunturales (ese coñazo que supone, en el mundo de la creación y la opinión, el tribalismo frente a las tentaciones individuales de transversalidad –sentirte obligado a apreciar o a malquerer por la presión ambiental sin dejar rienda libre a los propios impulsos, sea solamente el de la curiosidad-), habríamos llegado a congeniar, incluso a ser buenos amigos (a mí ella siempre me produjo una cierta fascinación, desde aquella vez primera, a finales de los 70, que la vi por tv en un espacio musical glosando ese género que –en palabras del pegaminesco Don Julito- “nunca pasa de moda” –ahora se me acaba de ocurrir que quizás mi megaescucha trienal de Laura Nyro, justo a punto de concluir, haya podido ser uno de los detonantes del sueño-). El anfitrión de este oniródromo pareció intuir algo en tal sentido cuando hace pocos años trató de favorecer con sus manejos esa hipótesis de buen rollo. ¿El resultado?: una tarde muy grata para mí y (creo) desconcertante para ella, seguida de una breve coda de ciberempatía que acabaría agostada por presiones de su entorno (en ocasiones, cuando reviso la deliciosa comedia de malentendidos TIENES UN EMAIL, pienso en ese mes con un punto de tristeza). El sempiterno y puñetero PUDO SER Y NO FUE.
abducidos por neville
Pero centrémonos en el sueño. Fechado en la madrugada del 1 de marzo. Muy notable, en primer lugar, por ser la primera vez en mi vida que sueño con esta persona. Muy agradable, un balsámico contraste con las pesadillas que me han asaltado en enero y febrero a cuenta de algunos fallos de salud. Y muy real por su ausencia de explicitud y de épica, por su tremenda cotidianeidad, por su preñez de posibilidades, de silencios, de vacíos, de distensiones, de inacciones, como digno de ser evocado en el ELOGIO DE LA SOMBRA como sueño modelo. Ella (algo distinta de como la he visto en las raras oportunidades en que hemos coincidido: muy pálida –de una palidez tan acusada que parecía brillar en la creciente penumbra-, el pelo recogido en una trenza que dejaba ver el nacimiento del cuello -la nuca, para mí uno de los rincones más incitantes del paisaje femenino-, con la mirada desnuda –la latencia del desnudamiento de un rostro usualmente cubierto con prótesis sospecho sea la razón última de mi fetichismo por las gafas graduadas en rostro de mujer: esa promesa de desnudamiento facial me ha resultado siempre muchísimo más sugerente que cualquier full frontal-) me había convocado para comentar un proyecto de colaboración profesional que, al final, no llegamos a tocar, sumidos en el disfrute de la mutua compañía, tratando de prestar atención a las cosas que nos unían y de olvidar las discrepancias que habían movido los hilos de nuestro pasado.
Un sueño hecho de paseos. Paseos entre el crepúsculo y la noche cerrada por varios lugares de la capital: una tienda de discos junto al scalextric hacia Reina Victoria (ella me mostró unos vinilos de una chica norteamericana que a ambos nos encandilaba -¿trasunto de Laura Nyro?: al despertar no he logrado recordar quién podía ser, aunque sí el género de música-), ese tramo de Rosales donde sonríe el busto del fundador de los Rotarios (con el sol despidiéndose al fondo como en un paisaje barroco), una escena de madrugada por la zona del Madrid de los Austrias como sacada directamente de una película de Edgar Neville (de hecho, estuvimos comentando por unos instantes en una plazoleta desierta la impresión casi gemela de hallarnos, cual pareja protagonista de PLEASANTVILLE, abducidos dentro de LA TORRE DE LOS SIETE JOROBADOS), una ingesta de chocolate con porras en un antro de Lavapiés donde nos daba la impresión de haber sido parroquianos de toda la vida (cuando, de haber pisado yo un lugar así en el plano real, seguramente lo hice con Antonio, Paco y El Rojo en los tiempos de PARAISO)… Ella, finalmente, se decidió a abordar el proyecto que, en teoría, nos había reunido. Justo en ese momento, se oyó un estruendo en la calle. Ibamos a salir del bar a ver qué pasaba cuando el estruendo, en realidad el telefonillo del portero automático, me despertaba con una agridulce mezcla de satisfacción por lo soñado y de frustración por su brusco final.
la que pudo haber sido y no fue

MI PROPIA LUZ

March 14, 2008

jung a traves del cristal onirico
“Tuve un sueño inolvidable que al mismo tiempo me aterrorizó y estimuló. Era de noche en un lu­gar desconocido y sólo penosamente avanzaba yo contra un poderoso huracán. Además se extendía densa niebla. Yo sostenía y protegía con ambas manos una pequeña luz, que amenazaba con apagarse a cada instante. Pero todo dependía de que yo mantuviese viva esta lucecita. De pronto tuve la sensación de que algo me seguía. Miré ha­cia atrás y vi una enorme figura negra que avanzaba tras de mí. Pero en el mismo momento me di cuenta -pese a mi espanto- de que debía salvar mi pequeña luz, ajeno a todo peligro, a través de la noche y de la tormenta. Cuando me desperté, en seguida lo vi claro: era el «espectro», mi propia sombra sobre la niebla, arremolinándose cansa­do por la pequeña luz que llevaba ante mí. Sabía también que la lucecita era mi conciencia; es la única luz que ten­go. Mi propio conocimiento es el único y el máximo teso­ro que poseo. Cierto que es infinitamente pequeño y frá­gil frente al poder de las tinieblas, pero una luz al fin y al cabo, mi propia luz”.
Carl Gustav Jung (Kesswil, Suiza, 1875 - Kaswacht, id., 1961).


Fragmento de entrevista a Jung filmada en 1957.

DEMONIO DE LA GUARDA

March 11, 2008



Invocation of my demon brother (fragmento). Filmado por Kenneth Anger en 1969.

AGUAS DE ACERO (cut up dream #2)

March 2, 2008

“Él le contempló la cicatriz transversal sobre el ombligo. ¿Qué acto que pudieran llevar a cabo juntos proporcionaría un punto de confluencia?”.
J.G. Ballard

Así nos encontraremos mejor. Una canción de Mamá con Nono por dos acantilados. Sabemos que Finisterre es para visitar unas certezas que ahí caen despeñándose por el suelo hasta los tobillos y al fin perdemos las actinias. Seguimos andando; digo que vamos a parecer pozos abisales. Saltos llenos de hierba, delimitada una corriente de agua por las rocas. Cuelgo y tiro la llama y ella me contesta que en algún lugar de mi acantilado. Vayamos andando. Allí nos reuniremos llenos de agujeros de final, en un neumático de Finisterre: antes subimos sin miedo a tirar nuestros móviles, que entre ellos silban notas altas y salvajes. Peregrinación de Madrid al riachuelo con brisas al mar; lo que me llega del sendero nos lo encontraremos mejor. Yo vuelvo a algún lugar del camino, porque quiere verme la bomba de avión con grandes explanadas verdes: un paisaje relleno de actinias.
en los acantilados de acero