HOUSE OF DREAMS por El Zurdo

April 26, 2008

Será por los dolores en la cadera que llevo sufriendo desde comienzos de año, y por las medicinas y la rehabilitación que he seguido a cuenta de ello, pero mi identificación con Gregory House (hasta ahora meramente intelectual) ha empezado a adquirir también dimensiones físicas.
Por otra parte, aunque incidiendo sobre el mismo asunto, me ha llamado la atención cómo gentes que inicialmente parecían entusiasmadas por las cojiandanzas del buen doctor (el anfitrión de este oniródromo -que lo descubrió en packs de dvd, muchos meses después de su debut en Cuatro, y que se tragaba los episodios como Vicodinas- o mi osita -ella fue quien, con su fascinación por el anómalo galeno, me hizo adicto a mí también- hoy lo den de lado por considerar que se repite como el ajo y que ya sólo es una caricatura de sí mismo). Ignoro si el zenmeister (otro fan -lo llegó a definir como “el Nietzsche televisivo” y parecía seguirlo con mucha atención así como a la directora Cuddy, su fémina favorita de la serie-) también le ha vuelto la espalda. Yo, por el contrario, sigo cada día más colgado (aunque reconozco no ver por enésima vez los episodios repes -salvo los dirigidos por JJ Campanella-: sí tengo, de todas formas, ganas de chutarme uno de estos meses la primera temporada en v.o. a través del pack dildesco, más que nada por escuchar las voces y disfrutar de la House Experience en toda su plenitud).
armado y peligroso
Todo esto viene a cuento del sueño que tuve a mediados de marzo. ¿Escenario?: El Viso (o zona ad hoc -concretamente, una clínica privada muy parecida a aquella en la que estuvo internada mi madre allá por el 66-). La sensación (un algo ambiguo e indolente que nos calaba hasta los huesos del alma) de formar parte de una novela de Drieu La Rochelle (sólo hacía una semana que había acabado mi relectura de GILLES). ¿La acción?: en un sótano, como visto en blanco y negro y como rodado por Fassbinder dentro de su cine de la crueldad, el ataque de Valerie Solanas a Gregory House (haciéndome pensar, en la ulterior rumia de duermevela, que el episodio del balaseo de House por el viudo de una paciente -el episodio más antipático a mi gusto, porque, en él, el establishment reprocha a nuestro hombre las aristas de su identidad y trata de afeitarlo de cuerna y llevarlo por las sendas del pensiero debole y la corrección política: el trip alucinatorio de House me recordó mucho a mi segundo trabajo de ayahuasca, con la diferencia de que yo salí de ello reforzado en mi condición anómala, victorioso de los retrovirus policíacos del pensamiento, sin la menor duda sobre el acierto de mi decisión- estaba en parte inspirado en el atentado a Warhol que supuso la castración moral de éste y su degeneración en mera máquina de hacer dinero abandonando todo perfil subversivo). La alusión ambiental a Fassbinder habrá de relacionarse con mi reciente inmersión en su filmografía y con su aura de sujeto inasequible a toda corrección y reinserción en el rebaño (como, a mis ojos, ha de ser House para que me siga interesando como personaje).
doctor cataplasma
En el sueño, yo era House, sentía dolores en la cadera y en el muslo y (en vez de tiroteado) era apuñalado en el costado y me quedaba por un momento posando ante la nada como un cruce entre un Cristo espetonado en la cruz y la famosa foto de AW enseñando sus escaras (aquí también ha podido influir el shock que me produjo ver la citada foto ilustrando la glosa que un blogger hacía de mi canción UNA CICATRIZ -la cual jamás me habría sido inspirada por una foto semejante, que más bien me ha dado siempre un indecible asco, grima y yuyu-). Después salía del sótano, paseaba en bata de paciente bajo una noche heladora por el jardincito de la clínica en tanto la persona que me había agredido hablaba en mi cabeza en plan Pepito Grillo justo como lo hacía el shaman brasileño de la coleta en mi prueba ayahuasquera. Finalmente, muerto de frío, golpeaba una puerta mientras gritaba “HOUSE NO ES WARHOL, HASTA AHI PODIAMOS LLEGAR, Y ME CAGO EN EL DALAI LAMA Y EN LA INDEPENDENCIA KOSOVAR” y me despertaba.
El exabrupto final en pareado se explica por sí mismo para cualquiera que me haya leído y conozca mis simpatías geopolíticas prochinas y proserbias y mi interés por las filosofías extremoorientales desde la defensa soberanista de identidades primigenias (la admiración de Kurtz hacia sus enemigos que estalla como revelación adamantina en medio de su frente), nunca como quinta columna prooccidental y apología del buen rollito.
jaus y familia

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