Mayo 22, 2008

SUEÑO MARIPOSA por Vladimir Nabokov

23 de noviembre de 1964, 6.45 horas: final de un largo “sueño de mariposa” que empezó cuando volví a dormirme después de haberme despertado por primera vez, inútilmente, a las seis y cuarto.
Me encuentro (¿subí en funicular?) en la zona de almacenamiento de un aserradero (¿en Suiza?, ¿en España?), pero para llegar debo atravesar el hall de un gran hotel rozagante. Muy alerta, muy delgado, vestido de blanco, bajo las escaleras traseras del hotel y llego a la orilla pantanosa de un lago. Hay muchas flores de pantano, una tierra rica, colorida, soleada, pero ni una sola mariposa (sensación familiar en mis sueños). En lugar de una red llevo una enorme cuchara; no alcanzo a entender cómo pude olvidarme la red y llevar en cambio ese objeto; me pregunto cómo voy a hacer para atrapar algo con eso. Reconozco a mi izquierda una especie de buzón abierto, lleno de mariposas que alguien capturó y abandonó allí. Hay una que está viva, un maravilloso y atípico ejemplar de Argines nacarado, de alas exageradamente largas donde se funden un verde y un pardo extraordinariamente matizado. Me mira, agonizando con toda conciencia, mientras trato de matarla aplastando su grueso tórax. Tiene una vida muy resistente. Para terminar, la deslizo en un viejo estuche de cuero rojo con cierre relámpago. Luego tomo conciencia de que durante todo ese tiempo, un hombre que no sé cómo logró pasar inadvertido permaneció sentado a mi lado, a la izquierda, frente a la caja que contiene las mariposas; está preparando una lámina para el microscopio. Nos hablamos en inglés. Él es el propietario de las mariposas. Me siento muy incómodo. Le propongo devolverle el ejemplar nacarado. Rehúsa cortésmente, a regañadientes.
(Sueño anotado por Vladimir Nabokov en su diario onírico).
el coleccionista de ninfulas

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Mayo 14, 2008

JUST OTHER PEOPLE’S DREAMS

“A Man Alone”
Canción compuesta por Rod McKuen (Oakland, 29 de abril de 1933) e interpretada por Frank Sinatra (Hoboken, 12 de diciembre de 1915 - Los Angeles, 14 de mayo de 1998).
Grabada en Hollywood, el 20 de marzo de 1969.
un hombre solo
“In me, you see a man alone
Held by the habit of being on his own
A man who listens to the trembling of the trees
With sentimental ease

In me, you see a man alone
Behind the wall he’s learned to call his home
A man who still goes walkin’ in the rain
Expecting love again

A man not lonely except when the dark comes on
A man learning to live with mem’ries of midnights that fell apart at dawn

In me, you see a man alone
Drinking up Sundays and spending them alone
A man who knows love is seldom what it seems
Only other people’s dreams

[instrumental-strings]
drinking up Sundays
A man learning to live with memories of midnights that fell apart at dawn

In me, you see a man alone
Drinking up Sundays and spending them alone
A man who knows love is seldom what it seems
Just other people’s dreams”.

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Mayo 12, 2008

“LEO ES PARDO” (Iván Zulueta, 1976)

“La nueva Leo se deja caer en la cama. Su mirada no está posada sobre nada concreto. Si acaso, y fugazmente, sobre la luna que pretende salir en este anochecer de verano. Buenas noches, Leo”.

Así termina el guión cinematográfico del cortometraje “Leo es Pardo” (Iván Zulueta, 1976). Ahora que ya sabemos cómo acaba, podemos ver tranquilamente el film: un chute onírico en 16 mm. cuyos efectos duran casi diez minutos, que pueden parecer diez días, diez horas o diez segundos: ya se sabe que aquí, en la dimensión de los sueños, no existe el tiempo:

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Mayo 5, 2008

DELIRIO ATLÁNTICO

Unos amigos me invitan a una fiesta en su apartamento. Llego al mediodía y me abre la puerta una pareja desconocida: en el apartamento no hay nadie más ni signos de fiesta alguna. El chico desaparece y la chica me dice que la acompañe a la cocina, que desde allí se dominan unas espectaculares vistas de la ciudad. Al mirar por la ventana, siento un gran vértigo, ya que estamos en el piso cuarentaytantos de un enorme bloque de hormigón. De pronto, noto que se levanta una violenta ventolera y veo que olas gigantes invaden la ciudad: en unos segundos, está todo cubierto de agua, que llega casi al borde de la ventana a la que estoy asomado.
la ciudad sumergida
La chica me invita a nadar, dice: “Date un baño con los demás invitados”. Sí, miro y veo a varios amigos y conocidos flotando en el agua, entre grandes olas. Así que me cuelo por la ventana y me uno a ellos. Entonces la chica me grita: “Eh, ¿qué haces ahí? ¡Que no hay agua! ¡Salta hacia dentro!” Cuando pronuncia esta última palabra, el agua desaparece, pero consigo agarrarme al alfeizar. Intento entrar de nuevo a la cocina, pero la ventana ha menguado y me resulta difícil pasar. Empujo y empujo, pero el ventanuco es cada vez más pequeño o yo cada vez más grande, no sé… Oigo el sonido de un cencerro y veo una gran vaca que entra en la cocina, acompañada por su rústico novio: un hombre con boina que me recuerda a Paco Martínez Soria. La chica, sonriendo, dice: “Mira, llegan más invitados”, y me presenta a la vaca, que empieza a lamer mi cara mientras su novio recita a voces el final de un poema cirlotiano:

“¡Qué triste es estar loco en un inmenso
valle donde suenan las campanas!
Ayer mi nombre y mi silencio oscuro
tenían todavía la dulzura
de un beso inacabable y solitario.

Pero la casa… ¡La casa negra, está ahí!
donde balan los lívidos corderos
y donde aquella niña muerta
-sobre un camino de sangre-
soñando, me llama como el viento”.

la casa negra

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