SUEÑO MARIPOSA por Vladimir Nabokov
23 de noviembre de 1964, 6.45 horas: final de un largo “sueño de mariposa” que empezó cuando volví a dormirme después de haberme despertado por primera vez, inútilmente, a las seis y cuarto.
Me encuentro (¿subí en funicular?) en la zona de almacenamiento de un aserradero (¿en Suiza?, ¿en España?), pero para llegar debo atravesar el hall de un gran hotel rozagante. Muy alerta, muy delgado, vestido de blanco, bajo las escaleras traseras del hotel y llego a la orilla pantanosa de un lago. Hay muchas flores de pantano, una tierra rica, colorida, soleada, pero ni una sola mariposa (sensación familiar en mis sueños). En lugar de una red llevo una enorme cuchara; no alcanzo a entender cómo pude olvidarme la red y llevar en cambio ese objeto; me pregunto cómo voy a hacer para atrapar algo con eso. Reconozco a mi izquierda una especie de buzón abierto, lleno de mariposas que alguien capturó y abandonó allí. Hay una que está viva, un maravilloso y atípico ejemplar de Argines nacarado, de alas exageradamente largas donde se funden un verde y un pardo extraordinariamente matizado. Me mira, agonizando con toda conciencia, mientras trato de matarla aplastando su grueso tórax. Tiene una vida muy resistente. Para terminar, la deslizo en un viejo estuche de cuero rojo con cierre relámpago. Luego tomo conciencia de que durante todo ese tiempo, un hombre que no sé cómo logró pasar inadvertido permaneció sentado a mi lado, a la izquierda, frente a la caja que contiene las mariposas; está preparando una lámina para el microscopio. Nos hablamos en inglés. Él es el propietario de las mariposas. Me siento muy incómodo. Le propongo devolverle el ejemplar nacarado. Rehúsa cortésmente, a regañadientes.
(Sueño anotado por Vladimir Nabokov en su diario onírico).
