LOS VIEJOS ROCKEROS NUNCA MUEREN

June 11, 2008

“Cuando nos transformamos radicalmente, nuestros amigos, los que no se han transformado, se convierten en los fantasmas de nuestro propio pasado; su voz resuena en nuestros oídos como si viniera de la región de las sombras, como si nos oyésemos a nosotros mismos, más jóvenes, pero más duros y menos maduros”.
Friedrich Nietzsche

¡Onetwothreefour! A través de un cristal, veo una pequeña habitación blanca en la que vive un anciano de unos 70 años, muy alto y delgado, vestido con vaqueros ajustados, zapatillas Converse All Star, camiseta negra de los Sex Pistols, chupa de cuero y muñequera de pinchos; está atado con correas a una especie de silla de dentista con ordenador incorporado sobre una mesa-brazo plegable. ¡Onetwothreefour! El viejo está obligado a escribir una y otra vez el mismo artículo, de estilo irreverente, tono desenfadado y lenguaje explícito y enrollado, sobre el auge y caida de un grupo de punk adolescente, incluyendo todo tipo de detalles sobre sus excesos con las drogas y el sexo. Cada vez que lo termina, por unos altavoces que hay a su espalda, suena la asqueada voz de Dee Dee Ramone, que chilla: “¡Onetwothreefour!” y él vuelve a empezar a escribir el mismo artículo, mientras el que acaba de terminar se publica automáticamente en una revista que siempre llega al quiosco con los mismos contenidos. ¡Onetwothreefour! Amarrado a esa juventud postiza, impostada y eterna, el viejo crítico de rock reza por escapar algún día de su potro de tortura intelectual, cambiar su atuendo rockero por un traje elegante y dedicarse a escribir sobre lo que de verdad le gusta ahora: la zarzuela. ¡Onetwothreefour!
el eterno retorno