LAS BICICLETAS SON PARA LOS ANOS

August 31, 2008

“Millones de personas desean la inmortalidad cuando ni siquiera saben qué hacer una tarde lluviosa de domingo”.
Susan Ertz.

Estoy en un precioso y laberíntico parque, lleno de enredaderas que crecen a gran velocidad, árboles con formas que no sé describir, flores que parecen de otro mundo y coronas de espinas que brotan en los caminitos como baches pincharuedas. Voy en bicicleta y drogado porque es la única forma de andar por aquí: en la entrada, un guarda como los de antes reparte bicicletas rotas y pastillas rojas y, gracias a ellas, los visitantes dibujamos caprichosos surcos sobre el suelo de tierra mientras esquivamos los baches con nuestras bicicletas deformes, retorcidas e incontrolables. Y, sin embargo, nunca hay accidentes por aquí; como mucho, hacemos disparatadas piruetas, saltamos, casi volamos en el aire denso y húmedo del jardín y volvemos a caer de pie como gatos con ruedas. La droga que me han dado hace que lo vea todo aún más verde y brillante, pero también más borroso, como un cuadro de Monet retocado con tonos fosforitos por un pintorzuelo psicodélico. No sé si he dicho que está prohibido caminar por el jardín y por eso vamos todos en bicicletas de las que no nos podemos bajar. Todos… menos Chábeli Iglesias: la Chábeli adolescente es además la única que vive en el jardín y ni entra ni sale ni toma pastillas: sólo pasea por los caminitos y reparte flores y ósculos entre los ciclistas. Cada día, Chábeli bebe unos sorbos de la fuente de la eterna juventud, situada en el centro del jardín y, así, nunca envejece, gozando de una adolescencia perpetua, perdida para siempre en el camino que va de niña a mujer. Sonriente, Chábeli se acerca a mí, me da un beso en la mejilla, me hace perder el control de la bici y casi choco con un árbol, pero el manillar se endereza solo y vuelvo al sendero que me lleva hacia un puente dorado sobre un estanque de aguas púrpuras. El colocón aumenta y me entretengo mirando las mariposas grandes como abanicos que vuelan por todas partes, mientras mi bicicleta hace lo que le da la gana y yo confío en ella porque sé que nunca se atrevería a chocar: eso aquí sería un sacrilegio con pedales. Poco antes de llegar al lago de los cisnes, veo que me sigue un niño vestido de marinerito a bordo de un triciclo; al llegar a mi altura, me dice: “Hola, me sorprende encontrarte en este parque, no es fácil entrar”. Yo lo miro sonriendo y contesto: “Tampoco es fácil salir. Se está bien”. Él sonríe y me da un consejo de veterano: “Deberías pedirle otra pastilla al guarda antes de salir. Ahí fuera es todo muy feo”. Yo respondo: “O aquí dentro muy bonito. ¿Crees que algún día me dejarán bajar de la bici y beber de la fuente?” El pequeño se pone muy serio y contesta: “Eso depende de los puntos que hagas. Yo antes también dudaba, pero ahora sé que nunca seré mayor”. Sin más, seguimos pedaleando por los caprichosos senderos del jardín, mientras enormes ranas de todos los colores nos contemplan con ojos saltones desde sus nenúfares, como esperando que algún día alguno de nosotros choque o se caiga de su bicicleta, dando lugar a una excepción que confirme al fin la regla de que aquí nadie muere.
vigilando los radios metalicos

NEBULOSO SUEÑO

August 22, 2008

“¿Sabe usted una cosa? La otra noche soñé que me mataron, allí, detrás de aquellos pilones. Y mi padre vino en su camioneta de reparto para llevarse mi cuerpo a casa. Y en el camino él hablaba, hablaba sin parar, pero yo no podía oírle porque estaba muerta. (…) Largos son los días de vino y rosas, de un nebuloso sueño surge nuestro sendero y se pierde en otro sueño“.
Kirsten Arnesen Clay (Lee Remick) en Days of Wine and Roses (Blake Edwards, 1962).
La frase en cursiva es un fragmento del poema Vitae Summa Brevis de Ernest Dowson.
la vida por la borda

EL VIAJE DEL YO

August 12, 2008

“El Yo es atraído como por una fatalidad. Obligado como un rey que confiriese con su sola presencia poder, vida, legitimidad a un acto al que asiste involuntariamente o, peor aún, encadenado. Como un rey que por el hecho de asistir o un sacerdote que por el hecho de estar presente en una ceremonia, le confiriese a ésta carácter sacro y eficacia: capaz de transformar en sacramento un gesto que otro ejecuta sin su aquiescencia.
Está encadenado y ha sido conducido allí sin saberlo, se encuentra ya, ha despertado por encontrarse ya desde hace tiempo en aquel lugar. El lugar de los sueños. La raíz griega “YP” indica que es bajo, dormir es entrar de nuevo debajo. Mas hay un dentro quizá que no es bajo, un estar dentro que no es estar bajo. Los sueños revelan algo de este lugar. Bajo el sueño, el sueño mismo, pues, cubre y encierra al ser cuando duerme; una película, nada, en suma, la impermeabilidad al fuera donde creemos encontrar la realidad.
Entrar bajo el sueño es entrar dentro de sí mismo. Mas ocurre que en este dentro no hay propiamente sí mismo, en este dentro yo me reconozco. Si consideramos los sueños desde la vigilia como imágenes de la realidad de nuestro interior, es como asistir a las ruinas de una construcción, de esa construcción que el Yo edifica constantemente. La vida de la vigilia es esencialmente un hacer arquitectónico, un continuo y no deliberado edificar. Nos edificamos constantemente, edificamos nuestro mundo. (…)
La impresión, así, de los sueños contemplados desde la vigilia es de hundimiento, como es el instante en que entramos en él. Es un viaje hacia una sima, una caída. En la sima tras de la oscuridad total, pues el soñar, inmediatamente de entrar en el sueño, es cosa que sólo adviene en estadios en que la persona ha tomado, por así decir, la dirección del sueño. Y entonces el soñar no va acompañado de la impresión de encontrarse ya, sino de una especie de género de creación, especie de poesía real, de vida en otra dimensión”.
María Zambrano, Los sueños y el tiempo.
los egos de arcadia
Et in Arcadia Ego (Guercino, 1618)

NECESITO TRATAMIENTO

August 4, 2008

Canción compuesta e interpretada por Antonio Luque.
Ilustración: Marta Altieri.
Fotografía: Jesús Noguera.
dameamiiii
“Cuando el verano tenía 70 días
para arrastrar latas
de un nitrógeno barato
sobre la pimienta de las conchas…
(si es que entonces te cruzabas
con notables inventores
de unas anillas para gaviotas ahogadas,
amarradas en un coche
de provincianos
aún no casados).
Creo que te ha entrado arena
cómo no saberlo YO … (A).
Tienes cuanto YO quiero:
una lata
(y 30 pavos tengo YO).
Dame a mí la lata.
Dame a mí la lata.”
a miii la lata