SEÑAL SUBMARINA
Con fecha del domingo 12 de octubre, he recibido el siguiente correo electrónico de un tal David Daktaric, acompañado por la ilustración de las hormigas. Aunque no suelo hacer públicos los e-mails de los lectores dildodrómicos, en esta ocasión me ha parecido que podría servir de retorcido epílogo a los últimos y penúltimos posteos, ya que, de un tiempo a esta parte, servidor se niega en redondo a caer en cualquier tipo de reflexión intelectual:
“Hola,
Te escribo obedeciendo a una pulsión que debe parecerse en algo a la de las hormigas cuando detienen unos segundos su desquiciada carrera hacia el futuro para comunicar a otra, mediante un repiqueteo orgánico y paroxístico, una señal de identificación, quizás unos parámetros, un lugar.
He estado descifrando algunos de los motivos expuestos en tu blog y me ha parecido reconocerlos. La última entrada, retracción manifiesta del enfoque, es posible que sea representativa, más o menos, de algo así como el esqueleto que sostiene la mayoría de tus impresiones y expresiones. Y es ese rumbo el que tomo aquí como referencia. Como orientación a la hora de establecer semejanzas y constatar la identificación.
Puede ser que lo más aproximado a un sentido que encontremos algunos individuos (noción ésta, la de individuo, tranquilizadora, fantástica, pero incierta, claro) sea la producción recurrente e inevitable de ideas que se aproximen en apariencia a eso, sea lo que sea, que determina, succionando de forma salvaje nuestras posibilidades, esculpiendo nuestras formas. En algunas estructuras el impulso o la inercia destructiva y reconstructiva de puntos de contacto con el exterior y el interior (ambas ideas, estas últimas, discutibles) de forma decidida y violenta, resulta inevitable. Las direcciones creo que fluctúan entre extremos, aceleraciones, parálisis aparentes y límites. El límite último es tan evidente que sobra apuntarlo. Mantenerse cerca, sin sobrepasarlo, crear ahí el habitat natural, va derivando en cierta forma de paraíso o infierno más o menos tolerable, puede que estimulante.
Vale, no nos pongamos demasiado serios. Mejor no extenderse y evitar así la proliferación de ambigüedades e inexactitudes.
Por supuesto, evito la grosería de los halagos.
Un saludo,
David”.
