“El nihilismo de la juventud se ha disuelto en el hedonismo de la burguesía permisiva”.
Aquilino Duque

Esto es increíble, tío. Una gran explanada de cemento gris llena de gente joven y enrrollada como tú y, al fondo, un inmenso escenario con luces multicolores y mucho humo. En él, tu grupo favorito, inmóvil y mirándose las zapatillas, escupe espirales de melodías eléctricas y los efectos de la pastilla, que es la hostia, te dan la sensación de que flotas y te fundes con la música, que entra por tus orejas para expandirse por todo tu cuerpo hasta hacer latir muy fuerte tu corazón. Bumbumbumbum. Increíble el colocón, increíble la música, increíble el concierto. Miras a tu novia, tan ciega y guapa y adolescente como tú, y hacéis el amor en el cielo, entre las nubes de algodón y los rayos de sol atraviesan vuestros cuerpos calientes. Unos fuegos artificiales acompañan vuestros multiorgasmos y…
…de pronto las imágenes se van pixelando, se retuercen en una espiral y dan vueltas como el agua que se escurre por el desagüe de un lavabo al que le acabas de quitar el tapón. Y, al final, la oscuridad.
-¡Que alguien me quite esta mierda!, grito.
Al cabo de un rato, dos enfermeras de unos 20 años me retiran el casco de realidad virtual. Una de ellas dice:
-¿Otra vez? Desde luego, no acertamos con usted. ¿Por qué no se relaja y disfruta de la fantasía como los demás?
A nuestro alrededor, decenas de ancianos sonrientes y babeantes yacen en sillones tan cómodos como el mío, embutidos también en trajes de neopreno conectados a cables y con las cabezas medio cubiertas por cascos de realidad virtual. Todos lucen babeantes sonrisas.
-Vamos a ver, ¿por qué no le gusta la fantasía si está directamente inspirada en sus deseos? Le estamos dando la oportunidad de volver a ser joven, a los, a los (mira la ficha) a los 97 años.
-Porque es una puta mierda, porque todo es demasiado ñoño y perfecto, parece un videoclip de karaoke indie. Y porque, no sé ahora, pero en mis tiempos las drogas estaban tan cortadas con anfeta que te rayaban y entrabas en un loop de paranoia y creías que la música era ruido asqueroso, que todo el mundo te odiaba y que tu novia te iba a poner los cuernos o a comerte vivo o algo peor. Pero, por encima de todo, no quiero ser joven. Soy un puto viejo y quiero ser viejo y enfermar y sufrir y morir solo, en medio del bosque, no en esta mierda de asilo. ¡Déjenme marchar!
-Vamos, hombre, qué ocurrencia, ¿cómo se va a ir al bosque, con el frío que hace ahí? Sus hijos trabajan como negros para pagarle su estancia aquí, en la mejor residencia para la tercera edad de España, y nuestro trabajo es cuidarle y hacerle feliz, pero tiene que relajarse y disfrutar, como los demás. Le voy a administrar un calmante y ya verá qué bien está…
-Nooo, calmante noooo, no me pinche hostiaaas, no me… no… m…. zzzzzzzzzzz
-Buf, ya está dormido. Joder, qué guerra da el viejo este, ni chutándole éxtasis líquido se tranquiliza. Ayúdame a colocarle el casco y vámonos a la máquina de café que estoy muer…
Esto es increíble, tío. Una gran explanada de cemento gris llena de gente joven y enrrollada como tú y, al fondo, un inmenso escenario con luces multicolores y mucho humo. En él, tu grupo favorito, inmóvil y mirándose las zapatillas, escupe espirales de melodías eléctricas y los efectos de la pastilla, que es la hostia, te dan la sensación de que flotas y te fundes con la música, que entra por tus orejas para expandirse por todo tu cuerpo hasta hacer latir muy fuerte tu corazón. Bumbumbumbum. Increíble el colocón, increíble la música, increíble el concierto. Miras a tu novia, tan ciega y guapa y adolescente como tú, y hacéis el amor en el cielo, entre las nubes de algodón y los rayos de sol atraviesan vuestros cuerpos calientes. Unos fuegos artificiales acompañan vuestros multiorgasmos y…
…apretando los dientes, te obligas a envejecer, a diez años por segundo, hasta que cumples los 97. Desciendes hasta la hierba junto a tu novia, que, pese a tu aspecto de anciano, te sigue mirando con una bobalicona sonrisa de enamorada. En tus manos, obedeciendo a tus deseos, se materializa un lanzallamas Flammenwerfer 35. Lo enciendes y disparas, llevándote por delante a tu novia y a otros cuatro idiotas. Luego, avanzas entre la multitud, disparando y quemando todo lo que se mueve… y lo que no se mueve. Los jóvenes, lejos de oponer resistencia, te miran sonriendo de oreja a oreja, esperando el fuego de tu arma y luego arden como teas sin perder su alegría artificial. Mientras mueren, algunos pronuncian una odiosa palabra que estuvo de moda hace décadas por culpa de un viejo programa de televisión cuyo nombre no recuerdas: “Viejuno”. Al oirlo, aprietas con más fuerza el gatillo del lanzallamas.
A los diez minutos, el festival indie es un infierno lleno de antorchas humanas y jóvenes carbonizados. El escenario es pasto de las llamas y el cesped ha quedado reducido a ceniza. Pero aún quedan muchos enemigos, y luego hay que escapar en el helicóptero para retirarse a la cabaña del monte y allí fabricar las bombas para acabar con las fantasías de todo el asilo y…
Al cabo de una hora, las enfermeras vuelven a revisar el salón de Realidad Virtual.
-Mira, el viejo cascarrabias ya está tranquilo y sonriente, como los demás.
-Sí, por fin, desde que llegó no ha parado quieto. No sé cómo no se da cuenta de que todo esto es por su bien, tía, ¿no? Hay otros que no tienen pasta y están ahí muertos de asco solos en su casa y…
-Pero, ¿¿¿¿qué es eso???? Joder… ¡rápido, vete a por el extintor mientras apago la máquina!
-¿Y eso? ¿Qué pasa?
-¿Es que no lo ves? ¡Mira el ordenador de control!
-¡Dios mío, está ardiendo!